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Publicado el 19 Marzo, 2015 por Aleida Cabrera en Salud
 
 

SALUD PÚBLICA

Vocación al servicio del pueblo

Por ALEIDA CABRERA LÓPEZ
Fotos:Gilberto Rabassa y cortesía de la entrevistada

La doctora Mercedes, en su consultorio, que es de Referencia.

Enclavado en el área de atención del policlínico 19 de Abril, en el municipio de Plaza de la Revolución, su consultorio es de referencial. (Foto: Gilberto Rabassa)

Realizó su servicio social en la zona montañosa de La Caoba, específicamente en el pueblo de La Caridad, enclavado en el municipio de San Luis, provincia de Santiago de Cuba.

“Estaba acabada de graduar y esta experiencia me sirvió para ser mejor ser humano y mejor médico, pues mi población era toda campesina. Ellos por primera vez tenían un médico en la montaña”, dice la doctora Mercedes Peña Brito, a quien esta práctica le sirvió para posteriores empeños, pues con ellos aprendió a sentir amor por la profesión y a valorar la sencillez y la necesidad de apoyo especializado de aquellos campesinos. “Me sentí como una campesina más”, añade.

En el lomerío aprendió a montar a caballo, a sensibilizarse con los problemas de sus pacientes, y cuenta: “Al llegar, había una embarazada que tenía, si mal no recuerdo, como cuatro hijos, y decía ojala, doctora, que cuando me toque el parto sea con usted, y yo temblaba, porque no es lo mismo en la ciudad, con los profesores, que una sola; y nada, parió el día de mi guardia, y salió bien. Yo solo llevaba un mes en la montaña”.

Programa del Médico de la Familia

Al hacer una valoración del trabajo del médico de la familia desde que fue concebido, en 1987, plantea: “En aquellos años el trabajo era más cómodo, solo contábamos con cien o 120 familias, por lo que era más personalizado. Por lo general, cada edificio o determinada cuadra tenía un medico asignado, lo que permitía un contacto más directo con los pacientes y con la familia en general. En la actualidad, con la reorganización de los servicios de salud y del plan del médico y la enfermera de familia, tenemos un mayor número de pacientes; en estos momentos atiendo un total de 393 familias con una población envejecida, lo cual demanda mayor atención y tiempo”.

Más adelante reflexiona sobre la atención primaria de salud, y opina que, a pesar de los esfuerzos realizados por la Revolución por lograr los servicios de calidad que el pueblo merece, se constata cierta falta de sentido de pertenencia en algunos profesionales, lo que dificulta dar un mejor servicio, que los consultados salgan satisfechos con la atención recibida. Para esto se hace necesario cumplir con la jornada laboral, con el seguimiento a los pacientes que lo requieran y estar con ellos cuando nos necesitan, sin importar horario. La constante actualización profesional y la superación son requisitos indispensables para ser un buen médico, asevera rotundamente.

Además de dar consultas a su población y a quienes acuden a ella, imparte docencia, realiza visitas a domicilio, mantiene actualizadas las historias clínicas y es ama de casa. Al preguntarle de dónde saca tanto tiempo responde: “Trato de hacerlo porque amo mi profesión, soy con ellos como me gustaría que fueran conmigo y mi familia”. Explica que, para que el tiempo alcance hay que ponerle amor a cada cosa, y hasta lograr que la familia comprenda la necesidad de salir a cualquier hora de la noche o la madrugada al llamado de los enfermos, que ya no la llaman doctora, solo Mercedes, porque la consideran un pariente allegado.

Repartiendo amor

Su primera misión la cumple desde 2003 hasta 2006, en Venezuela, específicamente en el estado de Zulia, Parroquia Cacique Mara, Maracaibo. Allí comprendió la grandeza de la Revolución Bolivariana. Refiere que “al inicio los pacientes nos miraban con cierta desconfianza, pensábamos que sería difícil llegar a ellos; con el transcurso de los días fuimos ganado su confianza, y a la hora del regreso a Cuba lloramos mucho, ellos y nosotros. Nos veían como sus hermanos cubanos, así hicimos muchos amigos que aún me llaman o escriben”.

En la tierra de Bolívar y Chávez ayudó a estudiar a una niña su tercer y cuarto grados, y una vez que le entregaron el diploma en la escuela, la pequeña le dijo: “Mira, Mercy, este diploma es tuyo, porque sin ti no hubiera podido sacar el grado con buenas calificaciones”. Cuenta además nuestra entrevistada que “en esta zona de Venezuela los pacientes son muy amigables, compartían con nosotros y hasta los malandros (delincuentes) cuidaban a nuestros galenos”.

También llevó su vocación hasta El Pital, en La Ceiba, Honduras.

Honduras, como antes Venezuela -y en breve Brasil-, fueron escenarios de su vocación internacionalista

Entre febrero de 2009 y enero de 2011 presta sus servicios en Honduras, donde vivió la experiencia de los acontecimientos del golpe de Estado al presidente constitucional Manuel Zelaya, y lo que es un estado de sitio. A pesar de tan crítica situación, los cubanos no dejaron de atender a la población necesitada, una vez más se crecieron ante las dificultades. “Todos fuimos una sola familia: cubanos y hondureños. Se mantuvieron los dos años de misión, y a pesar de que todos habían dejado seres queridos en Cuba, ningún médico pidió regresar, y la misión cubana y el pueblo se fundieron en el abrazo de la solidaridad. Emotiva fue la carta enviada por Fidel a todo el personal de la salud; sus palabras de apoyo, enorgullecieron a todos”. Y por si fuera poco, experimentó lo que se siente ante un terremoto de 7.4 grados en la en la escala de Richter, algo que jamás había vivido en la Isla.

Mejor salario, mayor compromiso

En el mes de junio de 2014 el Consejo de Ministros aprobó el incremento salarial para el sector, con lo que puso en práctica los Lineamientos 154, 160 y 171, aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Al respecto, la doctora nos comenta: “Hasta la fecha, nuestro personal ha actuado con amor y altruismo y pienso que este aumento salarial, que es un gran sacrificio de nuestra Revolución, se hace para tratar de ayudar al sistema de salud cubano; pero no por esto nos creeremos superiores, seguiremos siendo el ejército de batas blancas dondequiera que nos encontremos”.

Además, ella es del criterio de que aquellos que promueven y aceptan remuneración o estímulos materiales por su trabajo por parte de pacientes, “deben ser penados, pues no merecen pertenecer al sector de la salud, porque esto es lucrar con la salud del pueblo, que es una de las mayores conquistas de la Revolución”.

Cuando salimos a cumplir misión, “los que se quedan asumen el trabajo del que parte, se reorganizan y siempre hay médicos de reserva que ocupan el consultorio o puesto de trabajo del ausente que fue a salvar vidas en otras partes del mundo”, nos dice y destaca que “falta mucho para lograr satisfacción del personal médico y de la población, porque todavía se dedica mucho tiempo a la entrega de información estadística y otras, el llenado de las historias clínicas, los modelos, los complementarios, etcétera; todo eso ocupa tiempo, y los pacientes se molestan por la espera en el consultorio. Nos limita también la falta de modelajes: hojas de cargo y certificados de medicamentos, entre otros.

Satisfacciones e insatisfacciones

La doctora Mercedes, en su consultorio, que es de Referencia.

Uno de los logros de esta médica cubana es haber convertido su área de trabajo, el consultorio número cuatro del policlínico 19 de Abril, en el municipio de Plaza de la Revolución, en uno de referencia municipal, por cumplir con el horario establecido de consultas, mantener actualizada toda la documentación exigida, cumplir con los programas asistenciales, la organización del trabajo y, sobre todo, que la opinión de la población -recogida en las encuestas periódicas que hace la dirección del policlínico, las organizaciones de la comunidad y la Dirección municipal de Salud- sea favorable a la labor del consultorio, del médico y la enfermera.

Casi en la despedida nos dice que su insatisfacción como profesional es ver que en algunas ocasiones colegas de la atención secundaria subvaloran al galeno y la enfermera de la familia; no obstante, no se amilana y en breve parte rumbo a Brasil, a cumplir una vez más con el sagrado deber del internacionalismo.


Aleida Cabrera

 
Aleida Cabrera