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Publicado el 28 Septiembre, 2016 por ACN en Salud
 
 

La salud infantil: razón para el rechazo al bloqueo

Fundado hace 30 años por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el Cardiocentro Pediátrico William Soler, en la capital, ha realizado más de nueve mil operaciones cardiovasculares, con una supervivencia de 92 por ciento, conforme datos del Ministerio de Salud Pública
Programa de Atención Materno Infantil.

Otro logro en este sector es la validación de Cuba por la Organización Mundial de la Salud como el primer país del planeta en eliminar la transmisión materno-infantil de VIH-sida y sífilis congénita. (Foto: bohemia.cu).

Por IRIS ARMAS PADRINO/ACN

“Para los niños trabajamos, porque ellos son los que saben querer, porque ellos son la esperanza del mundo”, expresó el Apóstol José Martí, en el ensayo Nuestra América, La Revista Ilustrada de Nueva York, el primero de enero de 1891.

Aunque desde el Primero de enero de 1959, Cuba ha hecho lo inimaginable para llevar a la práctica esta lapidaria frase martiana en función de velar por el cuidado de los infantes, aún subsiste el bloqueo impuesto hace más de cinco décadas por el Gobierno de Estados Unidos, que impide la adquisición de importantes medicamentos y equipos, producidos por sus instituciones y de otras naciones.

No obstante, la nación antillana puede hoy exhibir una tasa de mortalidad infantil que en 2015 se ubicó por octavo año consecutivo por debajo de cinco por cada mil nacidos vivos, indicador que la ratifica entre las primeras 20 del mundo y al frente de la región de las Américas.

También posee un Programa Nacional de Vacunación que inmuniza a los niños contra 13 enfermedades prevenibles, la mayoría eliminadas, y otras que no constituyen un problema de salud.

El Estado Socialista nunca ha escatimado en recursos para salvar una vida, y prueba de ello ha sido la creación de centros especializados y una Red Cardiopediátrica para atender y operar a los pequeños con anomalías congénitas.

Fundado hace 30 años por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el Cardiocentro Pediátrico William Soler, en la capital, ha realizado más de nueve mil operaciones cardiovasculares, con una supervivencia de 92 por ciento, conforme datos del Ministerio de Salud Pública.

Otros logros como la tasa de mortalidad por cardiopatías congénitas, que representa un 0,31 por ciento; y la validación de Cuba por la Organización Mundial de la Salud como el primer país del planeta en eliminar la transmisión materno-infantil de VIH-sida y sífilis congénita, bastarían para mostrar que de no existir esa cruel medida, los adelantos en el sistema sanitario pudieran ser aún muy superiores.

Desde el inicio del bloqueo económico, comercial y financiero, en el sector, además de la afectación monetaria acumulada, el impacto en la salud del pueblo representa un daño considerable.

Resulta difícil calcularlo si se tiene en cuenta las personas y familias aquejadas, afectaciones que se manifiestan fundamentalmente en la necesidad de adquirir medicamentos, reactivos, piezas de repuesto para equipos de diagnóstico y tratamiento, instrumental y otros insumos en mercados alejados.

Además, a ello se suma la necesidad de recurrir a intermediarios, lo cual incrementa los gastos y demora el tratamiento a los pacientes.

El informe sobre las afectaciones del bloqueo, presentado por el canciller Bruno Rodríguez, muestra la permanencia de la prohibición de importar equipos médicos con componentes y tecnologías estadounidenses, el acceso a patentes de ese país y a productos, tecnologías o equipos protegidos por ellas, y a dispositivos quirúrgicos de alta tecnología.

Se mantiene, además, la prohibición para la adquisición de productos o medicamentos destinados a asegurar un mejor tratamiento, y las prótesis especiales, entre otros renglones.

Es digno señalar que los profesionales y trabajadores de la salud en Cuba buscan alternativas para paliar las dificultades que entraña esta guerra económica, con lo cual contribuyen a los logros que se exhibe hoy en el sector, comparables con los de naciones desarrolladas.

Muestra más palpable de ese esfuerzo y de la preocupación del Estado es ver a nuestros niños crecer e irradiar amor, ternura y felicidad en su sonrisa y en sus corazones, así como en los de sus familiares.


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