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Publicado el 16 Septiembre, 2016 por ACN en Salud
 
 

La siesta

vostv.com.ni

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María Elena Balán Sainz

Me cuesta trabajo pensar que existen personas a quienes no les atrae echar una siestecita luego de almorzar, aunque sean 20 minutos, y relajar el cuerpo, escapar de la presión cotidiana, abandonarse en los brazos de Morfeo y reincorporarse al día a día más despejadas.

Les aseguro que es un bálsamo, aunque mi amiga Grisell insista en que si duerme al mediodía se levanta malhumorada y hasta con dolor de cabeza. Pero para gustos se han hecho los colores, como reza ese adagio y yo, por supuesto que no renuncio a ese descanso bienhechor siempre que tengo oportunidad.

En Cuba no hay mucha tradición en este sentido, como la que existe en Grecia y en España, por citar ejemplos, donde el horario laboral es partido para que los individuos coman sus alimentos y duerman una siesta en la casa.

Por lo general, a la mitad de nuestro día útil, experimentamos una reducción fisiológica que disminuye la alerta, lo que mundialmente se conoce como el “sueño después de almuerzo”, pero que no está ligado a qué o cuánto comemos.

Interesada en este tema y con el fin de reafirmar mis apreciaciones sobre los beneficios del referido descanso busqué información y encontré que resulta muy saludable para el corazón, puesto que reduce el estrés cardíaco y disminuye la presión arterial, según aparece en el libro La medicina emocional, de la doctora Marisa Navarro.

Para los despistados viene como anillo al dedo, porque la siesta aumenta la memoria, el aprendizaje, la atención, la creatividad y la capacidad para resolver problemas.

Contribuye a mejorar el estado de ánimo, a sentirse mejor y a rendir más en el trabajo y resulta aconsejable para descansar los ojos tras una jornada laboral mirando a la pantalla de la computadora u otros dispositivos.

Dormir una siesta puede restaurar la sensibilidad de sentidos tan diversos como la vista, el oído y el gusto.

Buscando datos que confirmaran los síntomas de mi amiga Grisell, quien se muestra renuente a las siestas, leí que  los que despiertan de mal humor y les cuesta más de 15 minutos salir del trance luego de dejar de dormir sufren lo que se denomina inercia de sueño y en esos según los expertos.

Seguramente algunos dirán, pero ¿cómo voy a tomar una siesta si debo trabajar? Pues los estudiosos del tema señalan que no hay que estar en casa, ni en una amplia cama, es posible también en el horario de descanso tras el almuerzo cerrar los ojos, quedarnos quietos y tratar de conciliar el sueño unos 20 minutos recostados en la silla o en un sofá.

Hay siestas de diez minutos, aunque quien esté en su hogar puede tomarse la de una  hora, porque si logra despertar y sentirse mejor, serán estupendas en cualquier caso.

Un estudio reciente de la revista Personality and Individual Differences realizado con 40 voluntarios de entre 18 y 50 años con la misma cantidad de sueño promedio, arrojó que los que dormían una hora de siesta podían intentar realizar una tarea imposible durante más tiempo sin frustrarse. Del otro lado, los que no dormían siesta eran más impulsivos y perdían la paciencia más rápido.

Conviene aclarar que no dormir lo suficiente de noche es perjudicial para la salud y no hay siesta que recupere el tiempo perdido. (ACN)


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