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Publicado el 3 Noviembre, 2016 por Ariel Trujillo en Salud
 
 

Salud: Pequeños, pero atrevidos

Tecnolab es la única empresa cubana fabricante de tubos capilares de vidrio para colecta de sangre y la principal productora de otros materiales gastables de uso médico
Este capilar es de diseño y tecnología cubanos.

El capilar, primer producto que comenzó a fabricar Tecnolab, es de diseño y tecnología cubanos.

Por ARIEL TRUJILLO VARELA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

En la década de 1990 en el mundo ya había adquirido notoriedad la utilización de capilares de vidrio como método de colecta de sangre para la realización de diagnósticos. Son los principios de capilaridad y presión arterial los que permiten que líquidos de poca fuerza intermolecular se adhieran a las paredes de estos finos tubos hasta que el peso de la muestra equilibre la tensión superficial causante del efecto de subida.

Además de su empleo en la toma de muestras de sangre, el tubo capilar permite determinar en esta el hematocrito o volumen globular, el pH y los electrolitos en el plasma, así como las presiones parciales de O2 (oxígeno) y CO2 (dióxido de carbono), de ahí que tenga un alto impacto en la calidad de casi todos los procesos clínicos de laboratorio.

José Salabarría, especialista en laboratorios clínicos y Profesor Consultante del Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, en La Habana, quien participó en las primeras pruebas de los capilares cubanos, cuenta a BOHEMIA que en 1992, en vistas de la introducción del novedoso producto en el país, viajó a Brasil para recibir un adiestramiento técnico. “Desde ese tiempo hemos utilizado los capilares”, asevera.

Generación de varillas.

Aquí se estiran diariamente entre 110 y 115 tubos de vidrio que generan 60 varillas cada uno.

La producción y diseño de este material gastable no surgen como parte del encargo social del sistema de salud, sino dentro del sector de la electrónica, puesto que “la tecnología de fabricación de capilares requiere de equipos semiautomáticos”, explica Jorge Luis Hernández, director general de Tecnolab, empresa que, desde su fundación en 2002, se distingue por ser la única que asume la elaboración de este producto.

Moldeando el vidrio

En visita a Tecnolab, en el capitalino municipio de Playa, BOHEMIA pudo apreciar los pasos tecnológicos de la producción de capilares: estiramiento del vidrio, corte, selección, envasado y etiquetado, el primero de los cuales se realiza en un departamento que cuenta con cuatro hornos, cuyas temperaturas alcanzan los 900 grados Celsius (°C).

“Aquí se estiran diariamente entre 110 y 115 tubos que generan 60 varillas cada uno. La demanda es bastante y tratamos de cubrirla en la medida de lo posible; por eso tenemos turnos de trabajo hasta las 11 de la noche”, comenta Yoel Arrechea, operador de vidrio.

“Nuestra capacidad de fabricación es de un millón de capilares mensuales y el país necesita entre 15 y 20 millones al año”, agrega el director de la empresa. “Para cubrir la totalidad de la demanda nacional hay que aumentar las líneas de producción y mejorar la tecnología, lo cual lleva inversiones”.

En el área contigua, la jefa de brigada, Arletis Rosabal, dice que las varillas se cortan en dependencia de los tres tipos de capilares que fabrican, pues cada uno tiene una longitud y un diámetro específico. Señala que también chequean la calidad de la incisión y separan el material que no cumpla con las condiciones óptimas.

De acuerdo con Adriana Palacios, del departamento de Selección, el rechazo tecnológico es de alrededor del cuatro por ciento. Asegura la operaria que allí se vuelve a comprobar por medio de un lente que los capilares no queden con puntas o partiduras. Luego, según su tipo, pasan o no a un baño de heparina sódica, un anticoagulante, para posteriormente secarse a más de 30°C durante cinco días aproximadamente.

El espéculo que se ensambla en Tecnolab tiene categoría de limpio.

El espéculo que se ensambla en Tecnolab tiene categoría de limpio.

Una apuesta por el colector de sangre

La empresa también se distingue por ser única en el país en la fabricación de kits de colecta de sangre, producto que recibió el premio de diseño de la Oficina Nacional de Diseño (ONDi), en la tercera edición de la Feria de Negocios celebrada en Expocuba en abril de este año.

La idea de crear el dispositivo surgió en 1998, cuando se le propuso la realización de los planos al taller de fabricación de herramentales de la Industria Electrónica, al frente del cual estaba entonces el actual director de Tecnolab.

Además de capacidad para elaborar capilares, había posibilidad de fabricar máquinas moldeadoras de plástico mediante inyección. No obstante, existía el inconveniente de que las resinas y materias primas había que importarlas de Europa.

Este colector, conformado por un capilar extractor de sangre, una aguja desechable y varias piezas plásticas que le sirven de soporte, tiene la ventaja de que provoca menos trauma que una jeringuilla convencional.

Su primer diseño incluía cinco piezas plásticas, de las cuales dos requerían moldes complejos, razón por la que se contrataron los servicios de una empresa portuguesa. En 2001 comenzaron las primeras pruebas del producto en el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez y se vio que el cierre de la entrada de sangre con la válvula provocaba dolor. Se hizo entonces una segunda corrección a las piezas y, por ende, a los moldes, lo que conllevó gastos adicionales.

En 2002, como parte del trabajo sistemático de Tecnolab con la comunidad médica, encaminado a garantizar la calidad de sus producciones e identificar nuevas necesidades, se hicieron los estudios de seguridad biológica del colector, con la asesoría de especialistas del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), cuyo aval permitió la posterior producción en serie.

De acuerdo con la máster Janet Cepero, jefa de la sección de estudios preclínicos del INOR y participante en las pruebas realizadas hace casi 15 años, “esos productos debían tener todos los niveles de aprobación. Para su registro, el Centro Estatal para el Control de los Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), exige ensayos que cumplan con las normas internacionales; en este caso, la ISO 10993.

“Se evaluaron las propiedades fisicoquímicas y mecánicas, se realizaron pruebas de dureza, capilaridad, hemocompatibilidad y toxicidad, las cuales cumplieron los parámetros establecidos. Ahora pensamos incorporar comprobaciones de la eficacia del revestimiento de heparina hecho al capilar”, explica Cepero.

Envase final de fabricación de capilares.

El proceso de fabricación de capilares termina con el envase final.

Aportes necesarios

En el departamento de Ensamblaje de Tecnolab, la operaria Yamila Cañizares explica que la tarea de las cinco compañeras que allí laboran consiste en armar los kits de colecta a partir del capilar y las distintas piezas fundidas en la UEB de plástico de la Empresa Industria Electrónica.

Según Jorge Luis Hernández, la demanda del Minsap es de aproximadamente 40 mil colectores al año. Sobre el proceso productivo, acota: “Ahora ensamblamos, en esta misma área, espéculos plásticos, en septiembre y octubre, para volver a los kits de colecta en noviembre y diciembre. En total son seis meses de producción para cada uno de estos productos, los cuales tienen fecha de vencimiento de un año y no pueden estancársenos en el almacén”.

En Cuba, el kit de colecta es usado exclusivamente en salas de cuidados intensivos y neonatales, para extraer pequeños volúmenes de sangre a enfermos graves y bebés recién nacidos.

“Un hospital pediátrico requiere de estos dispositivos para obtener muestras en buenas condiciones y que sean fiables los resultados de las determinaciones bioquímicas y hematológicas de los pacientes ingresados, niños a los que no se les puede hacer extracciones periódicas con una jeringuilla de grandes dimensiones que pueda ocasionarles trauma”, dice el experimentado doctor José Salabarría, del hospital Juan Manuel Márquez.

En el país, agrega, se utiliza mucho material importado de la empresa suiza Roche. “Mi preocupación como cubano es que se busquen los canales para ir sustituyendo paulatinamente esa importación”.

Sobre la evolución tecnológica de los procesos de laboratorio, Salabarría comenta: “Antes se hacían con macrotécnica porque los equipos venían diseñados para eso. Ahora, con la microtécnica, los resultados son mejores. Hasta hace unos tres años usábamos la jeringuilla de cristal, que había que lavar y esterilizar. Las condiciones han cambiado”.

No obstante, advierte que en el mundo se ha transitado del capilar al tubo de vacío, una técnica que existe hace ya tres décadas, pero todavía no se ha implementado completamente en nuestro sistema de salud.

“Requiere de una gran inversión porque los equipos que determinan las características de la sangre también tienen que ser cambiados”, dice el ingeniero Víctor Lazo, especialista principal de la calidad en Tecnolab.

Evidentemente, el uso de material médico desechable tiene gran demanda y constituye tendencia en el mundo, pues ofrece mayor seguridad y confianza a los pacientes, de ahí la importancia de potenciar la industria cubana en este camino.

En el área de corte las operarias elaboran tres tipos de capilares: de 1.75; 1.50 y 2 milímetros de diámetro.

En el área de corte las operarias elaboran tres tipos de capilares: de 1.75; 1.50 y 2 milímetros de diámetro.

En cuanto a los espéculos ensamblados en Tecnolab, indica Nayivis Abreu, directora comercial de la empresa, se importan 70 000 en partes y piezas: 40 000 medianos y 30 000 grandes. “Se trata de un tipo de plástico muy difícil de producir en Cuba. La limpieza se realiza a través de radiación ultravioleta, no se esterilizan, pues eso requiere condiciones muy costosas, y el plástico no se puede someter a altas temperaturas, porque se deforma”.

Estos espéculos, empleados en exámenes ginecológicos en los hospitales, cuentan con total aceptación. Con su uso, las pacientes se sienten menos contraídas, pues disminuye la sensación de frío, comparado con el espéculo metálico, el cual, para volver a ser usado, debe esterilizarse mediante un equipo autoclave que consume mucha energía.

El espéculo desechable, además, anula la transmisión de corriente eléctrica al usar el electrobisturí, permite mejor iluminación y observación de las paredes vaginales, disminuye el tiempo de consulta y, lo más importante, provoca completa seguridad en las pacientes, al saber que su uso es único.

Cuestión de prioridades

Apunta el ingeniero Lazo que los espéculos desechables también fueron objeto de análisis del Centro de Estudios Aplicados al Desarrollo de la Energía Nuclear (Ceaden), con el fin de demostrar que son beneficiosos para la salud y no albergan microrganismos que puedan dañar la flora vaginal.

“En este momento nos demandan 70 000 al año. Tenemos la posibilidad de aumentar esa cifra y para ello estamos trabajando; se avanzará en la medida en que fortalezcamos nuestros lazos institucionales y demos a conocer nuestra labor y la calidad de nuestros productos. La empresa cubana Tecnosuma, encargada de vender el equipo para el diagnóstico preventivo de cáncer de cuello de útero, también comercializa, junto con ese servicio, espéculos importados”, agrega.

“A través de Medicuba, el Minsap importa desde China grandes cantidades de este producto”, sostiene Jorge Hernández y explica que desarrollar esta industria aquí conlleva una gran inversión, que podría compensarse con la posibilidad de exportar, ya que “estas tecnologías tienen la capacidad de producir volúmenes multimillonarios”.

En cuanto a los capilares, Arturo Foyo, director económico de Tecnolab, señala que la empresa le evita considerables erogaciones de divisas al país, pues, explica, “nos cuesta 3.80 pesos en moneda total producir 200 de estos tubos, y el precio de venta internacional puede ser, por ejemplo, unos 6.80 USD el billar de cien, en algunos proveedores”.

Objetivo primordial para Tecnolab es trabajar por desarrollar un vínculo más estrecho con el Minsap. “La Empresa Nacional de Suministros Médicos (Ensume) distribuye el 98 por ciento de nuestros productos hasta los centros de asistencia médica, pues no tenemos logística para llegar a las provincias”, dice la directora comercial. “El dos por ciento restante se lo vendemos directamente a institutos y hospitales”, agrega.

Jorge Luis Hernández, director general de Tecnolab.

Para Jorge Luis Hernández, director general de Tecnolab, la aspiración es incorporar un producto nuevo cada año y diversificar los clientes.

Perfilar una estrategia efectiva de comunicación y retroalimentación, tanto con clientes finales como intermedios, consumidores y distribuidores de sus productos, constituye otra prioridad para esta empresa a la cual se le ha dificultado obtener información primaria y vital para sus proyecciones.

“Con esa información podremos conocer la preponderancia de nuestro producto en el sistema de salud e identificaremos la necesidad real del país, seguramente mayor que la demanda actual, pues siempre existe una diferencia entre lo que se adquiere y la necesidad real”, afirma el director económico.

Con el propósito de fortalecer el desarrollo tecnológico de la empresa, y diversificar su cartera de productos, se buscan esquemas de inversión y financiamiento. “Somos una empresa pequeña para desembolsar mucho dinero; debemos buscar alianzas y usar la lógica en el mejor interés del país”, reflexiona el director general.

Mejorar la atención al paciente en el sistema cubano de salud pública; contribuir a incrementar los ingresos del país; dar a conocer sus productos y prolongarles la vida útil, constituyen objetivos para la empresa, que en lo inmediato prevé iniciar la fabricación de casetes para biopsia y frascos colectores de muestras (orina, semen, esputo, heces fecales, retenedor de coágulos, entre otros).

El primero tiene el propósito de conservar tejidos por un tiempo prolongado y los moldes para su fabricación cuestan alrededor de 150 000 euros. El segundo es de gran demanda y facilitará los procedimientos en los laboratorios.


Ariel Trujillo

 
Ariel Trujillo