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Publicado el 30 Octubre, 2017 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

EMBARAZO Y ZIKA

Desvelos que tranquilizan

El sistema de salud cubano multiplica los cuidados a las gestantes para detectar de forma temprana en el feto o en el recién nacido cualquier signo de infección congénita asociada a este virus
Desvelos que tranquilizan.

Los especialistas que integran la red de servicios de genética clínica en el país desempeñan una labor esencial en la atención a las embarazadas.

Por MARIETA CABRERA

Fotos: YASSET LLERENA

A finales de agosto e inicios de septiembre de 2015, médicos del estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil, empezaron a notar índices de microcefalia en recién nacidos que sobrepasaban los patrones habituales. Tras el desconcierto, comenzaron a indagar y ofrecieron las primeras pistas: las madres de los bebés nacidos con esa malformación congénita (caracterizada por una disminución del diámetro de la cabeza y una discapacidad mental severa), al parecer solo tenían en común haber padecido el virus del Zika, el cual es transmitido por mosquitos del género Aedes (aegypti y albopictus).

Si bien se trataba de un mal conocido por la comunidad científica, la novedad que significaba esta complicación hizo saltar las alarmas. A inicios de febrero de 2016 la entonces directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, declaró al zika como una emergencia sanitaria internacional, luego de que expertos de ese organismo confirmaran en Brasil los reportes médicos provenientes de allí.

Poco después de la declaración de la OMS, en Cuba eran convocados especialistas en epidemiología, neonatología, neurología, genética clínica y ecografía, entre otras disciplinas médicas, a fin de prepararlos para integrar el sistema de vigilancia especial que empezaba a crearse.

Este se enfocaba en sus inicios en detectar únicamente los signos de microcefalia, pero la aparición de casos en diversos países de la región con otras alteraciones del sistema nervioso central asociadas al mencionado virus, determinó que los expertos empezaran a hablar de un síndrome congénito de infección por zika, o sea una enfermedad en la que concomitaban varias malformaciones.

Desvelos que tranquilizan.

Cada año nacen en Cuba niños con microcefalia por diversas causas, y en ninguno de los casos se ha comprobado que esa malformación esté asociada al zika, asegura la doctora Beatriz Marcheco.

Ante este fenómeno, la red de servicios de genética clínica existente en el archipiélago cubano se convirtió en una pieza clave. La doctora en Ciencias Médicas Beatriz Marcheco Teruel, directora del Centro Nacional de Genética Médica, relata a BOHEMIA que conjuntamente con el departamento materno-infantil del Ministerio de Salud Pública diseñaron acciones y recomendaciones para las gestantes en sentido general, así como para aquellas que se hallan en áreas donde existe transmisión por zika, y para las que contraen la enfermedad.

“Este sistema de vigilancia ha sido muy importante porque, como expresó entonces el ministro de Salud Pública, doctor Roberto Morales, no solo ha permitido trabajar en relación con el zika, sino mejorar aún más la atención a la salud materna e infantil durante la formación del feto y en los primeros momentos de la vida”, reconoce la genetista.

Entre las medidas universales que se recomendaron y pusieron en práctica la especialista menciona la planificación del embarazo. “En Cuba la mayor parte de los embarazos no son planificados y eso trae como consecuencia que la mujer no se prepare para la concepción. Se trata de formar un ser humano dentro de otro, por lo tanto la madre debe prepararse adecuadamente y esto incluye poseer reservas de hierro, por ejemplo, muy demandado en el crecimiento fetal, y de vitaminas, entre otras. No puede presentar anemia y si es hipertensa es preciso mantener controlada la presión arterial, así como otras enfermedades crónicas.

“La fiebre, por ejemplo, es un factor que incrementa la posibilidad de que se produzcan defectos congénitos que a veces no se observan por ultrasonido y no pueden diagnosticarse prenatalmente. Como consecuencia de esta puede alterarse el desarrollo de estructuras cerebrales en el feto que no es posible detectar por ninguna vía, y quizás lo que va a presentar ese niño es un retraso mental. Por eso insistimos en planificar la gestación, que la mujer tenga más conciencia de que se debe cuidar”, remarca.

La segunda acción, refiere la entrevistada, es la necesidad de que el embarazo sea diagnosticado lo más temprano posible para en caso de que la gestante adquiera dengue, zika, chikungunya o cualquier otra enfermedad, vigilar sus posibles consecuencias sobre el feto.

“También insistimos en la importancia de que la embarazada –y, en general, toda mujer en edad reproductiva, de 15 a 49 años– tome una tableta de ácido fólico de 1mg diariamente, por sus demostrados efectos en la prevención de defectos congénitos. La principal misión de esta vitamina del complejo B es que protege el ADN durante las divisiones celulares. Cuando la integridad de la información genética se quebranta hay riesgo de que aparezca una malformación, por tanto el ácido fólico, aunque no es la única garantía, desempeña un papel muy importante en la protección de dicha información”.

Como parte del sistema de vigilancia para el zika comenzó a realizarse en todo el país un tercer ultrasonido en la semana 28 de gestación.

Otras indicaciones son evitar las picaduras del mosquito con el uso de mosquiteros, de ropas que cubran lo más posible la piel, y de repelentes, así como permitir la fumigación de las viviendas, más aún si se reside en zonas de transmisión de zika.

Para las gestantes que se encuentren en áreas donde esté presente la enfermedad o hayan viajado a una de estas dentro o fuera del país, las recomendaciones y las acciones son más intensivas, precisa la especialista. “Se pone en práctica una vigilancia activa buscando la presencia del virus mediante estudios de laboratorio en orina o en sangre, pues sabemos que de cada cinco personas que lo padecen, cuatro no presentan ningún síntoma”.

Mayores garantías

Una de las pruebas practicadas a todas las embarazadas en los servicios de genética del país, y que tanto ellas como sus parejas procuran cumplir al pie de la letra, es el ultrasonido. “Y ese es precisamente el medio que más defectos congénitos nos permite diagnosticar”, asegura la doctora Beatriz Marcheco.

“En el país –continúa– estaba implementado el ultrasonido del primer trimestre del embarazo (entre la semana 11 y la 13.6) y el del segundo (entre la 20 y la 22). Algunas provincias venían realizando otro en el tercer trimestre (entre la semana 30 y la 32) y el sistema de salud decidió introducir en todo el país ese tercer ultrasonido en la semana 28 de gestación porque la experiencia de otras naciones ha arrojado que las malformaciones por zika se ven mayormente en ese período del embarazo.

“O sea, el sistema de vigilancia cubano contribuyó a introducir una nueva opción que ofrece más garantías a la mujer embarazada y su familia. Pero no solo eso: cuando se reporta que una gestante ha tenido zika, independientemente de esos tres ultrasonidos, comienza a recibir un seguimiento cada 15 días en los servicios de diagnóstico prenatal por ultrasonido.

“Hemos multiplicado la labor que realizamos con las gestantes y los recién nacidos, a fin de pesquisar activamente cualquier manifestación de infección congénita por zika. Si esta es detectada durante el embarazo y se trata de una malformación que, dada su gravedad o severidad, amerita ofrecer a la mujer y su pareja la opción de interrumpir el embarazo, lo hacemos. Pero ellos siempre tienen la decisión de no aceptarla”, especifica la también profesora e investigadora titular.

–¿Han nacido en Cuba niños con microcefalia asociada al zika?

Científicos cubanos también investigan sobre las malformaciones asociadas al zika para contribuir a responder las múltiples preguntas que existen acerca del tema.

–Cada año nacen en el país un número determinado de niños con microcefalia por diversos motivos, promedio que se mantiene en niveles similares, y en ningún caso se ha comprobado que la causa de esa malformación ha sido el zika.

“Existen varias causas infecciosas y no infecciosas de microcefalia en el embarazo. La más frecuente en Cuba es el citomegalovirus (infección viral congénita más habitual en el mundo, perteneciente a la familia Herpesviridae), el cual provoca defectos muy parecidos a los ocasionados por el zika. También se incluye en ese grupo el toxoplasma, que se adquiere por establecer contacto con fluidos de animales contaminados, de gatos sobre todo”, ilustra la experta.

Que la madre tenga el virus del Zika e, incluso, que el feto lo adquiera no significa que este vaya a presentar malformaciones, aclara la especialista en Genética Clínica. “Eso ocurre en un número muy reducido de casos”, afirma.

En los servicios de neonatología del país, añade, existe un protocolo de atención para el recién nacido, cuya madre pueda haber padecido la enfermedad. “A este bebé se le debe realizar un ultrasonido del sistema nervioso central a través de la fontanela, y se le mide la circunferencia cefálica al nacer, y a las 24 horas.

“La mayoría de esos niños no presentan ningún defecto congénito mayor ni menor, pero son atendidos en cada provincia por un equipo de trabajo –integrado por neurólogos, genetistas clínicos, pediatras, fisiatras y otros especialistas– hasta los cinco años de vida para evaluar su desarrollo psicomotor, aprendizaje y crecimiento”.

Incógnitas por descifrar

Aun cuando la totalidad de los recién nacidos son examinados por el neonatólogo en el hospital donde ocurre el parto, y por el genetista clínico si se precisa de un criterio más especializado, el Programa Nacional de Genética prevé que, como parte de los programas asistenciales que se ofrecen en todo el país, en los primeros tres meses de vida cada lactante debe ser evaluado por el asesor genético del policlínico al cual pertenece la madre.

“El objetivo es asegurar que todos tengan un examen físico detallado en busca de cualquier signo que nos alerte tempranamente sobre la presencia de una enfermedad genética”, dice la doctora Marcheco Teruel. Agrega que con ese propósito revisan de forma periódica el estado del equipamiento y la preparación de los ultrasonografistas.

“Tenemos un programa de superación continua de los especialistas y asesores genéticos porque, además, el síndrome de malformaciones congénitas por zika es una enfermedad que no estaba descrita. Constantemente aparecen en la literatura científica elementos nuevos que los investigadores aportan de acuerdo con su casuística. Cada uno describe lo que ve y todavía en muchos casos el gremio médico desconoce el mecanismo por el cual el virus puede producir tales defectos.

Desvelos que tranquilizan.

Evitar la proliferación de mosquitos del género Aedes es la manera más eficaz de protegerse del zika y otras arbovirosis transmitidas por esos vectores. (Foto: misionesonline.net).

“Como decía, las malformaciones asociadas al zika ocurren en un número muy reducido de casos, pero no se sabe en quiénes suceden y en quiénes no. Se desconoce todavía por qué el virus provoca en algunas criaturas microcefalia y en otras la dilatación de un ventrículo o una calcificación intracraneal; incluso, por qué hay casos en los que el feto muere intraútero.

“Además, el virus muta y hay diferentes cepas en distintas áreas geográficas, pero ¿producen todas las mismas malformaciones? Esa pregunta tampoco tiene respuesta hasta hoy, pues no se dispone de suficiente evidencia para decir que existe una cepa que provoca consecuencias más severas o menos.

“Sobre todo esto -concluye la experta- se indaga en diferentes países, entre los cuales se incluye Cuba, en correspondencia con la solicitud hecha por la OMS acerca de la necesidad de investigar para poder describir la enfermedad”.

 

 


Marieta Cabrera

 
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