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Publicado el 28 Abril, 2018 por ACN en Salud
 
 

Suciedad, mala compañía

Las largas esperas que en ocasiones son sinónimos de ir a una consulta suponen que en algún momento se necesite usar el baño, o incluso para hacerse un análisis de urgencia y ciertamente llegar a un sitio así provoca desagrado
Suciedad, mala compañía.

Son cuantiosas las sumas que se invierten en las instituciones de salud para que el servicio sea de calidad óptima. Donde ocurren situaciones como esta esa aspiración no se cumple.

Por LISANDRA LÓPEZ PÉREZ

Algo preocupante me lleva a estas líneas luego de visitar varias veces instituciones de salud en Ciego de Ávila y ver que la situación de los baños no mejora.

Son tres los sitios a los que he tenido que acudir, por cuestiones médicas, por trabajo también: el hospital Antonio Luaces Iraola, el policlínico Norte y la clínica estomatológica Centro, todos en la ciudad cabecera.

Refiero los lugares con exactitud para no pecar de generalizaciones, porque no he estado en otros planteles del sector como para afirmar que el panorama sea el mismo en todos, pero lo que allí vi necesita una solución urgente.

Por ejemplo, en el policlínico Norte las paredes del baño de mujeres presentan un deterioro bastante marcado, la llave del único lavamanos no funciona y las tazas tienen ese hedor insoportable como anunciando que se descargan pocas veces al día.

Alguien pudiera acotar (yo misma lo hice para entrar pues no quedaba más remedio) dificultades con el acceso al agua, la sequía que nos agobia desde hace tiempo y los horarios de entrada del preciado líquido, regulado por fechas.

Pero, alguna alternativa tendrán que tomar las autoridades del lugar, quizá solicitar nuevos herrajes para facilitar el descargue, encontrar algún producto para mitigar un tanto el fuerte olor que se percibe con tan solo poner un pie en el servicio sanitario.

Sé que las auxiliares de limpieza deben trasladar de un lado a otro del policlínico los cubos de agua y nadie podría estar continuamente en ese proceso pues el personal fluctúa constantemente, aunque, repito, lo definitivo no debe ser la permanencia de esas condiciones.

Las largas esperas que en ocasiones son sinónimos de ir a una consulta suponen que en algún momento se necesite usar el baño, o incluso para hacerse un análisis de urgencia y ciertamente llegar a un sitio así provoca desagrado.

En una de mis últimas estancias en el hospital me sorprendió mucho que al entrar por la zona del Cuerpo de Guardia me atacara una terrible fetidez procedente del área sanitaria. Es inconcebible un suceso como ese.

También de esa institución varias amistades que han permanecido algunos días, fundamentalmente después de dar a luz a sus bebés, me han instado a escribir sobre las condiciones de poca higiene en los locales para asearse.

No es menos cierto que hay muchos que no colaboran y aunque hay cestos echan la basura en el piso, malgastan el agua cuando hay o no descargan pudiendo hacerlo.

Es posible que algún responsable de estas instalaciones lea este comentario y se sienta aludido, tenga alguna que otra respuesta o evada su responsabilidad. Mas, las carencias no deben convertirse en justificación.

Hay que encontrar la manera de que todo aquel que vaya en busca de aliviar sus dolencias o quienes les acompañen tengan, además del servicio médico merecido y necesario,  todas las condiciones para una estancia menos incómoda. (ACN).


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