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Publicado el 21 Agosto, 2018 por Jessica Castro Burunate en Salud
 
 

NEUROCIENCIA: En constante crecimiento

La comprensión del cerebro humano cambió radicalmente con la entrada del concepto de neuroplasticidad. Hoy es la clave para la investigación y tratamiento de diversos padecimientos neurológicos
NEUROCIENCIA: En constante crecimiento.

El concepto de neuroplasticidad abre nuevos caminos para la investigación y tratamiento de los padecimientos neurológicos. (Foto: goconqr.com).

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Jill Bolte Taylor es una de esas personas cuya historia de vida inspira libros y megaproducciones de Hollywood. Por una de esas ironías del destino, esta neuróloga estadounidense sufrió a los 30 años de edad un accidente cerebrovascular que limitó considerablemente sus capacidades para caminar, hablar y pensar. Ocho años más tarde se presentó ante el mundo completamente recuperada para contar su experiencia.

La hazaña de Taylor podría llamarse “el poder de la voluntad”; para la ciencia actual responde a esa capacidad del sistema nervioso, de modificarse y formar conexiones nerviosas en respuesta a la información nueva, la estimulación sensorial, la disfunción o el daño, conocida como neuroplasticidad.

Contrario a las creencias que prevalecieron durante siglos y lo consideraban inmutable, el cerebro humano es altamente adaptable y parece operar en un estado de cambio perpetuo.

La nueva concepción, ampliamente utilizada en psicología y neurociencia, resulta un elemento unificador esencial para comprender procesos tan aparentemente diferentes como el aprendizaje y la rehabilitación de funciones tras una lesión neurológica.

El reciente Simposio sobre Neuroplasticidad, organizado por la Sociedad de Neurociencia de Cuba y el Centro Nacional de Neurociencia (CNeuro), dio luz sobre algunos de los caminos que se transitan.

Ante todo, prevenir

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La doctora Thalia Harmony ha dedicado gran parte de su vida a la detección temprana de trastornos cognitivos en infantes, en riesgo de daño neurológico. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

El neurodesarrollo es una de las áreas donde se han empleado de forma más exitosa las posibilidades de la neuroplasticidad. Con la ciencia adecuada, las maravillas del cerebro humano pueden ser utilizadas incluso para prevenir posibles trastornos cognitivos.

La doctora Thalia Harmony, investigadora titular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las especialistas invitadas al simposio, ha dedicado gran parte de su carrera a la detección temprana de factores de riesgo de daño cerebral.

Desde el año 2003, Harmony encabeza el proyecto Desarrollo de métodos para el diagnóstico y tratamiento temprano de recién nacidos con factores de riesgos prenatales y perinatales, en la Unidad de Investigación en Neurodesarrollo Dr. Augusto Fernández Guardiola, del Instituto de Neurobiología de la UNAM.

De acuerdo con la investigadora, existen diversos factores, no siempre debidamente considerados por padres y pediatras, que aumentan el riesgo de futuros trastornos cognitivos. Entre estos se cuenta la diabetes gestacional, eclampsia, infecciones del aparato reproductor o urinario, la restricción del crecimiento en útero (niños bajo peso) y los nacimientos pretérmino. En el último caso, las estadísticas indican que 50 por ciento de estos infantes presentarán algún tipo de trastorno cognoscitivo.

La evaluación inicial incluye estudios clínicos, psicológicos, resonancias magnéticas y una valoración en la unidad de biomecánica para comparar la respuesta neuromotora de los niños en relación con los parámetros normales. A partir de aquí se elabora el programa individual que deberán seguir por más de seis meses.

Una etapa esencial en el protocolo establecido por el equipo de la UNAM es la exploración neurohabilitadora, basada en el método desarrollado en 1966 por el neurólogo húngaro Ferenc Katona.

La neurohabilitación es una técnica diagnóstica y terapéutica diseñada para prevenir las secuelas de la lesión cerebral en recién nacidos con riesgo de daño neurológico. La terapia se apoya en la plasticidad del sistema nervioso joven y en la repetición intensiva de maniobras terapéuticas basadas en los patrones sensoriomotores del neurodesarrollo. Estos movimientos estimulan al sistema vestibular, favoreciendo el desarrollo motor normal y evitando el daño cognitivo que puede hacerse evidente en etapas posteriores.

Es importante resaltar la diferencia entre las más conocidas, la rehabilitadora y la neurohabilitación. La primera supone el entrenamiento de funciones neurológicas que ya han sido lesionadas, en tanto la segunda busca el fortalecimiento de la maduración apropiada, tratando de evitar la instalación definitiva de patrones anormales de desarrollo.

El principal requerimiento para una posible habilitación es el diagnóstico temprano. “El tratamiento debe comenzar en la fase de mayor plasticidad del sistema nervioso y con la menor expresión del daño, que es precisamente durante los primeros cuatro meses de nacido”, aclara la investigadora.

La terapia, además, debe ser intensiva y de larga duración, por lo que requiere de una participación activa del núcleo familiar, a quienes se adiestran en la manipulación y entrenamiento de los infantes. Considerando que no requiere de materiales especiales para su realización, también puede ser implementada en cualquier servicio de Pediatría.

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Con la terapia Katona se busca una habilitación funcional del cerebro antes de que se asienten patrones anormales de desarrollo. (Foto: unam.blogspot.com).

El programa de investigación de la UNAM, tras 15 años, muestra considerable resultados. “Hemos demostrado por métodos clínicos, electrofisiológicos, de resonancia magnética, que la terapia funciona incluso con grandes lesiones. Más de 80 por ciento de los niños que hemos atendido, a las 36 semanas tienen un desarrollo normal”, asegura Harmony.

Desde su estrecha relación con Cuba, a donde llegó para prestar servicios a inicios de la década de 1960 y permaneció por 17 años, la investigadora cree que este es el país ideal para extender este método de diagnóstico y tratamiento.

Habilidades básicas

La adquisición de nuevos conocimientos y su práctica repetida, es esencial para la formación y reforzamiento de la comunicación o transmisión sináptica entre las neuronas. Pero, qué sucede cuando las habilidades básicas para ese aprendizaje están afectadas.

Desde el año 2003 el CNeuro ha realizado un grupo de estudios dirigidos a intentar resolver, o al menos comprender con mayor profundidad esta problemática, según expuso el doctor Mitchel Valdés en la conferencia inaugural del Simposio.

En un primer momento del estudio se identificó quiénes tenían estos procesos básicos alterados y cuál era su índice de respuesta y evolución ante los estímulos psicopedagógicos. A partir de la muestra seleccionada, un aproximado de 10 000 estudiantes en los cursos 2003-2004 y 2005-2006, se arribó a la conclusión de que el cinco por ciento de la población infantil presentaba alteraciones de las capacidades básicas para la lectura y la matemática –separar palabras, numeración, entre otras. El seguimiento realizado, luego de años de escolarización, mostró que quienes se encontraban dentro de este porcentaje tenían un índice bajo de evolución.

Aunque los pronósticos resultan desalentadores, no deben considerarse definitivos –estima el doctor Valdés– hasta que la ciencia pueda responder con certeza algunas cuestiones básicas. ¿Existen períodos críticos para el desarrollo de estas habilidades, como ocurre en el caso del desarrollo del lenguaje? ¿Es posible una mejoría con entrenamiento?

A pesar de los disímiles estudios que se realizan internacionalmente en el área, para el director del CNeuro existen ciertas limitantes en la metodología de investigación, como pueden ser muestras pequeñas y sin los controles adecuados, que restringen el alcance de los resultados.

En el estado actual de la ciencia, y específicamente para la investigación en esta área, los resultados necesariamente deben soportarse en big data (acumulación masiva de datos en poderosos sistemas informáticos), asegura el especialista. Desafortunadamente, los grandes proyectos del cerebro, con los recursos para recopilar una cantidad significativa de información, en su mayoría son financiados por empresas privadas con intereses que no apuntan en esta dirección.

Cuba se encuentra en una posición privilegiada al contar con un sistema de educación integrado que apoya este tipo de investigaciones. Sin embargo, es necesario cruzar estos resultados con los obtenidos en otras partes del mundo. Por tanto, cualquier avance resultará de un esfuerzo compartido.

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Las investigaciones en neurodesarrollo, específicamente las referidas a los trastornos del aprendizaje, requieren un mayor compromiso de los gobiernos, asegura el doctor Mitchel Valdés, director del Centro Nacional de Neurociencia. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Para Valdés, es evidente la necesidad de promover una conciencia global sobre la urgencia de profundizar en estos estudios que conducirán a una enseñanza más efectiva y personalizada.

Cuestión de electricidad

Conforme cambian los paradigmas sobre el cerebro humano, se definen nuevas técnicas y procedimientos para el tratamiento de los padecimientos asociados a este. Uno de los métodos que más seguidores ha ganado en los últimos años es la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT).

Su funcionamiento es relativamente simple: un condensador que se descarga a través de una bobina produce un campo magnético que, a través del cuero cabelludo, induce a su vez un campo eléctrico. Normalmente existen dos tipos de protocolos: las frecuencias bajas provocan una excitabilidad cortical, mientras las altas inducen una inhibición de dicha excitabilidad.

La EMT se aplica a las áreas del cerebro asociadas con la regulación del estado de ánimo, como la corteza prefrontal, actuando sobre las funciones cerebrales alteradas y la actividad neuroquímica. Desde la concepción del cerebro como un órgano cuyo funcionamiento depende esencialmente de impulsos eléctricos, este método puede ser más efectivo que otros, con una acción más indirecta como los fármacos.

Aunque los primeros modelos de esta tecnología se remontan a los inicios de la década de 1980, su uso extensivo comienza luego de que la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos del Gobierno de Estados Unidos) aprobara su aplicación para el tratamiento de la depresión en 2008. Tradicionalmente esta tecnología era usada en el mapeo cerebral, especialmente de la corteza motora, hasta que su uso repetitivo demostró ser una poderosa herramienta para el tratamiento de diversos padecimientos.

Considerado como un método no invasivo por la comunidad médica, en Cuba se ha aplicado con resultados satisfactorios en el cambio conductual de niños y adolescentes diagnosticados con trastornos del espectro del autismo o hiperactividad, asegura Lázaro Gómez, investigador del Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren).

“Con la estimulación cerebral estamos teniendo resultados de primer nivel; aquí el reto principal va a estar en la generalización del uso de esta tecnología, que actualmente solo se encuentra disponible en tres centros ubicados en la capital: el Instituto de Neurología y Neurocirugía, el Centro Internacional de Salud La Pradera y en el Ciren”, aclara el especialista.

La aplicación de esta técnica no necesita hospitalización, no interfiere con las habilidades de la vida diaria, no produce efectos secundarios sistémicos y es compatible con otros tratamientos farmacológicos.

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La Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) puede ser utilizada para conocer el funcionamiento del cere-bro, o por su uso repetido, para modular la actividad cerebral con fines terapéuticos. (Foto: clinicadelce-rebro.blogspot.com)

El tratamiento de la depresión es la aplicación clínica más documentada de la EMT. Sin embargo, actualmente se conducen estudios sobre su uso en pacientes con enfermedad de Parkinson, para el tratamiento de epilepsias mal controladas con fármacos y en la recuperación tras un accidente cerebrovascular, aunque los resultados no son lo suficientemente concluyentes como para extender su uso terapéutico.

Durante décadas, el dogma imperante en la neurociencia, de que el cerebro humano adulto era esencialmente inmutable, redujo, por ejemplo, las expectativas sobre el valor de la rehabilitación para quienes habían sufrido daño cerebral por un accidente cerebrovascular. Hoy las investigaciones confirman que casos como el de Jill Bolte Taylor pudieran ser la regla y no la excepción.

Viejos mitos que asociaban necesariamente el envejecimiento con una degeneración cognitiva, se desmontan ante la certeza de mecanismos de compensación que activan nuestro cerebro ante los signos de la edad. Incluso, se acumulan evidencias de que el mero pensamiento puede generar cambios en la materia gris.

Así que ya sabe: cuidado con lo que piensa.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate