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Publicado el 24 Mayo, 2019 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

Romper las clavijas del cerco contra Cuba

Tal es la decisión ante el nuevo episodio tramado por la ultraderecha anticubana y otras marionetas de Washington contra los programas cubanos de colaboración en el campo de la salud
Romper las clavijas del cerco contra Cuba.

Pakistán es uno de los tantos países donde han brindado sus servicios los profesionales cubanos de la salud (Foto: JUVENAL BALÁN).

Por MARIETA CABRERA

Una vez más los programas cubanos de colaboración en salud son blanco de la política de Estados Unidos contra la Isla, en su intento por desprestigiar una práctica reconocida a nivel mundial por su nobleza y humanismo.

Ahora, el tema reaparece en el desacreditado escenario de la Organización de Estados Americanos (OEA), a partir, según se dice, de denuncias presentadas en foros como la Corte Penal Internacional, entre otros, respecto a los miles de médicos cubanos que supuestamente son forzados a participar en las misiones de colaboración en el exterior en condiciones de esclavitud, para beneficio económico del gobierno de la Isla.

Y alegan incluso más, que los galenos son una supuesta herramienta de la diplomacia cubana con fines políticos.

La acusación la hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, el mismo que en 2013 afirmara durante su visita oficial a Cuba como canciller uruguayo, que la mayor de las Antillas era el país más generoso de América Latina.

Nadie, menos aún este espécimen mutante, puede poner en tela de juicio el propósito de la cooperación médica cubana, tan claro como su propia historia, iniciada con aquella brigada de profesionales de la Isla que llegó a Argelia, en 1963, para ayudar a la población de ese país, necesitada de servicios de salud. Un gesto de solidaridad sin precedentes, en momentos en que Cuba contaba con un reducido número de médicos, debido al éxodo de profesionales que había tenido lugar después del triunfo revolucionario en 1959.

En los últimos 55 años, más de 600 mil cubanos han prestado servicios médicos en alrededor de 160 países. Y trabajan, sí,  en los lugares más apartados, en condiciones difíciles, donde están las poblaciones más vulnerables; pero no forzados, sino convencidos de que ese es su deber y orgullosos de poder aliviar el dolor humano entre los más necesitados.

Solo profesionales como ellos, con profundos valores éticos y humanistas, son capaces de salvar vidas a riesgo de perder la suya propia, como hicieron los médicos y enfermeros cubanos que atendieron a personas infectadas con el virus del Ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry. O aquellos otros que brindaron asistencia sanitaria a la población de Haití, en 2010, tras el devastador terremoto que azotó ese país, al que siguió una epidemia de cólera y un huracán.

Ese compromiso, junto a su elevada calificación profesional, es lo que distingue a los médicos egresados de las universidades cubanas. Lo confirma, por ejemplo, la carta que enviaran en 2005 al Comandante en Jefe Fidel Castro jóvenes de la primera promoción de graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), y que el líder cubano diera a conocer en el encuentro que sostuvo el 4 de septiembre con las fuerzas médicas prometidas para apoyar al pueblo de Estados Unidos, en las regiones afectadas por el huracán Katrina.

En esa misiva, 85 egresados de la ELAM expresaron a Fidel su deseo de sumarse al ofrecimiento hecho por él de enviar médicos generales a aquel país para auxiliar a los damnificados. “Sepa que en nosotros tiene médicos dispuestos a ir allí donde más se les necesite”, ratificaron los jóvenes galenos.

Es sabido que el personal cubano de la salud que cumple misión en el exterior firma previamente un contrato de trabajo legal donde se acuerdan las condiciones laborales. Todos reciben en Cuba, mensualmente, la totalidad de su salario, además del dinero que como sustento se les otorga en el país donde trabajan.

Como declaró meses atrás el ministro cubano de salud, doctor José Ángel Portal Miranda, en entrevista a Cubadebate, el dinero de los servicios médicos no va a la cuenta personal de nadie ni sirve a intereses individuales. Su fin es sostener la atención universal y gratuita que reciben todos los ciudadanos cubanos -incluidos los familiares de los médicos en el exterior-, además de permitir un amplio plan de mantenimiento, remodelación e inversiones en las instituciones de salud de todo el país.

Mentir y manipular esa realidad para evitar estos ingresos al país por concepto de exportación de servicios -una fuente de financiamiento legítima para una nación sin grandes recursos y cuya principal riqueza es su capital humano-, solo tienen como objetivo apretar las clavijas del cerco contra Cuba, lo cual ha sido una constante de la administración Trump.

Saqueo de cerebros

Pero la cosa no termina ahí. El legajo de la OEA aboga por restablecer el Programa de Admisión Condicional para Profesionales Médicos Cubanos, el llamado parole,  establecido durante el mandato de George W. Bush, con el fin de alentar a los cooperantes cubanos de la salud a que abandonen sus misiones en los diferentes países y emigren a Estados Unidos.

Es la descarada política de robo de cerebros, en la cual tienen un marcado protagonismo los senadores anticubanos Marco Rubio y Bob Menéndez. Ambos, junto al republicano de la Florida Rick Scott, firmaron el pasado 7 de mayo una carta al secretario de Estado, de Estados Unidos, Michael Pompeo, pidiendo la restitución de ese programa anulado por el expresidente Barack Obama.

Esa piratería ejercida históricamente también contra naciones de África, América Latina y de otras regiones del mundo, fue denunciada en múltiples ocasiones por Fidel, quien en una de sus reflexiones, publicada el 17 de julio de 2007, expresaba que “ese continuo saqueo de cerebros en los países del Sur desarticula y debilita los programas de formación de capital humano, un recurso necesario para salir a flote del subdesarrollo. No se trata solo de las transferencias de capitales, sino de la importación de la materia gris, cortando de raíz la inteligencia y el futuro de los pueblos”.

Contraria a esa política de pillaje, Cuba ha formado de manera gratuita más de 35 mil profesionales de la salud de 138 países. He ahí otro de los frutos de los programas de colaboración en ese sector, y otro ejemplo de la solidaridad de este pequeño país que nada ni nadie puede pretender ignorar.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera