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Publicado el 3 Octubre, 2019 por Redacción Digital en Salud
 
 

ENVEJECIMIENTO SALUDABLE

Una casa que sueña

Crear espacios para un envejecimiento activo desde una propuesta intersectorial es el propósito mayor del Programa Integral de Envejecimiento Saludable en el municipio de Plaza de la Revolución

Una casa que sueña.Por DIXIE EDITH

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Desde la acera, la casa parece vetusta y medio oscura, pero la impresión de soledad dura muy poco. Apenas se ingresa al portal, por la ventana se escuchan voces y el sonido fácilmente identificable de las fichas de dominó repiqueteando sobre la madera.

“Yo quisiera que aquí me enseñaran aplicaciones prácticas para el celular porque eso implica tener la posibilidad de pagarlo todo desde el móvil a través de Telebanca, o de comunicarme con mi familia desde cualquier lugar”, comenta Mercedes Martínez.

“Hay que arreglar las paredes y pintar un poco, pero aquí pasamos horas muy agradables”, precisa, por su parte, Bertha, también de apellido Martínez, pero sin vínculos familiares con Mercedes.

No son adolescentes soñando con las opciones que le daría un Joven Club de Computación. Son dos mujeres que hace ya algún tiempo pasaron la barrera de los 60 años, pero apuestan por no quedarse en casa. Suman apenas dos de las muchísimas personas que han convertido en espacio propio una vieja edificación del Vedado capitalino: la Casa de desarrollo del adulto mayor “Celia Sánchez Manduley”.

Convertida en cuartel general del proyecto “Programa Integral de Envejecimiento Saludable en el municipio de Plaza (PIES-PLAZA)”, esta antigua vivienda busca convertirse un espacio amigable para las personas mayores, en un municipio que ya pasó con creces el promedio de envejecimiento demográfico del país.

Plaza, un municipio envejecido

Una casa que sueña.

Plaza de la Revolución supera con creces el promedio nacional y se ubica a la cabeza de los territorios con más adulos mayores en el país, con un 28 por ciento.

Año tras año crece en Cuba el monto de personas que, como Mercedes y Bertha, avanzan por la sexta década de vida.

Este archipiélago es hoy uno de los países más envejecidos de la región, con 20,4 por ciento de sus habitantes con 60 o más años; lo que significa que, por cada 100 cubanas y cubanos, más de 20 rebasan esas edades.

El Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), división de población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), consideran a esta nación como el único país de la región con una transición demográfica “muy avanzada”.

Para el demógrafo Juan Carlos Alfonso Fraga, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la razón de tal evaluación internacional no es solo el hecho de que el país tenga la cifra más baja de fecundidad del continente, o la más alta de envejecimiento. La clave está “en la rapidez con que ha sucedido ese proceso”.

Alfonso Fraga suele describirlo de manera muy gráfica: “si antes había muchos nietos para cuidar a un abuelo, ahora hay muchos abuelos para ser cuidados por apenas ningún nieto”.

Según las más recientes proyecciones elaboradas por el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la ONEI, entre el año 2017 y el 2030 la población de Cuba habrá disminuido, en valores absolutos, en alrededor de 42 mil personas. En paralelo, la edad promedio pasará de 38 a 44 años. Para entonces ya seremos el país más encanecido de la región y nunca llegaremos a sumar 12 millones de habitantes, algo que esta revista anticipaba en trabajos publicados desde la década del 70 del siglo pasado.

Y si Cuba exhibe altos indicadores de envejecimiento demográfico, el municipio de Plaza de la Revolución supera con creces el promedio nacional y se ubica a la cabeza de los territorios con más adulos mayores en el país, con un 28 por ciento.

¿Qué quiere decir, exactamente, esa maraña de números?

Una casa que sueña.

La casa “Celia Sánchez Manduley” tiene historia: fue entregada por Fidel a los abuelos y abuelas del barrio en 1993.

Para empezar, es la consecuencia de tres décadas sin reemplazo poblacional, o sea, desde 1978 no queda una hija por cada cubana, que la sustituya para tener, a su vez, otras hijas. Por otro lado, la esperanza de vida al nacer ha ido creciendo; actualmente supera los 77 años. La ecuación, entonces, resulta bastante simple: nacemos menos y vivimos más tiempo. ¿Resultado? Nos ponemos viejos a pasos agigantados y el potencial laboral de la nación se contrae cada vez con más celeridad.

El envejecimiento de la población -y su disminución en términos absolutos- impacta en los servicios de salud, la seguridad social, la productividad, la composición de la familia y las disponibilidades de trabajo: es decir, en la economía y la sociedad en su conjunto.

Tan temprano como en 2009, hace justo una década, la dirección nacional de Atención al Adulto Mayor del Ministerio de Salud Pública realizó un ejercicio que ayuda a ilustrar los múltiples retos de este sistema de cara a la avalancha de las canas hacia 2025. Para entonces, Cuba entera ya habrá superado la altísima tasa de envejecimiento del municipio de Plaza.

Tomando la situación actual de ese territorio capitalino como escenario modelo, los geriatras previeron que, del total de adultos mayores de ese momento futuro, más del 13 por ciento vivirán solos, alrededor del 16 por ciento presentaran dificultad para realizar actividades básicas de la vida como comer, vestirse o bañarse; y el 17,1 por ciento pasará trabajo para usar el transporte, hacer las compras o cocinar, entre otras labores.

El estudio del MINSAP de 2009 también pronostica que poco más del 22 por ciento de las abuelas y abuelos de 2025 presentará tres o más enfermedades crónicas y el 18 por ciento se habrá caído alguna vez en un lapso reciente de tiempo. Más del 67 por ciento, en tanto, habrá necesitado hacer uso de los servicios de salud.

En el orden de la economía, el impacto no es menor. Con la particularidad de que el acentuado envejecimiento plantea un conflicto no solo a las personas que cruzan las fronteras de la ancianidad. Es un problema, incluso mayor, para quienes no han tenido que recurrir aún a tintes e iluminaciones, peor que por encontrarse en edad económicamente activa, sostienen sobre sus hombros a los sectores de la población que no generan riqueza material: niñas y niños, jóvenes, personas jubiladas… Como agravante, esta masa poblacional en edad laboral tiende a disminuir de manera acelerada, en tanto la segunda crece numéricamente, en la misma medida en que ha aumentado la esperanza de vida.

Para hacer más tenso el panorama futuro, el CEPDE estima que partir de 2030 el único grupo de población que crecerá en el país será el de 60 años y más.

Con la vista en el futuro cercano

Una casa que sueña.

Francis Betancourt y Jesús Menéndez sueñan con el momento en que el proyecto pueda mostrar buenas prácticas replicables en el resto del país.

Para Francis Betancourt, actual presidenta de la Casa de desarrollo del adulto mayor “Celia Sánchez Manduley”, a pesar de las necesidades evidentes de restauración que presenta el edificio, se trata de un espacio “querido y soñado” por muchas abuelas y abuelos, desde que Fidel se los entregara en 1993, en “vísperas de la victoria del 24 de febrero”.

Aquí echa raíces hoy el proyecto que aspira a convertir a Plaza de la Revolución en un municipio amigable, sin barreras arquitectónicas, donde la promoción y capacitación para un envejecimiento activo sean palabra de orden.

“Queremos lograr un acompañamiento en la construcción del futuro de las personas mayores en la comunidad, apoyado en el diálogo entre las instituciones vinculadas a su atención”, señaló a esta revista el doctor Jesús Menéndez Jiménez, del Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED).

O sea, que el proyecto PIES-PLAZA pretende crear “un espacio de intercambio, participación e inclusión, con servicios de todo tipo para para las personas mayores, pero que parta desde la integralidad”, detalló Menéndez, también coordinador de la iniciativa.

Impulsado por la Sociedad Cubana de Gerontología y Geriatría, el Gobierno Municipal de Plaza, el Ministerio de Salud Pública y la Unión Europea, la aspiración de PIES-PLAZA es que actuar “como semillero de buenas experiencias para el resto del país”, al decir de Menéndez.

Para este geriatra, quizás el reto mayor está en “quitarse la bata blanca” para trabajar el proyecto desde una perspectiva que no sea salubrista o asistencialista, sino desde una mirada más amplia.

Una casa que sueña.

Francia Domenech celebró sus cien años este septiembre en la casa, pero apenas se siente vieja.

Con fecha de arranque en enero de 2016, el proyecto actualmente calienta los motores para la restauración de su “cuartel general” -a cargo del Gobierno-, que contará en el futuro cercano con sumar espacios novedosos a las actividades que ya son tradicionales en la casa como las peñas de bolero o de repentismo, los cumpleaños colectivos o el infaltable dominó, entre otras.

Para beneplácito de Mercedes, la casa contará con un Geroclub, pues una de las intenciones confesas del proyecto es cerrar la brecha digital de los adultos mayores con las TICs.

Igualmente, contará con aulas, talleres, espacios de evaluación e intervención para trastornos de memoria o del equilibrio y la marcha, entre muchísimas bondades.

En paralelo, se desarrollarán talleres de empoderamiento multisectorial y trabajo colaborativo con los servicios socio-sanitarios, la capacitación al personal socio-sanitario sobre el manejo de las caídas o la demencia. A la par, la casa cobijará talleres y entrenamientos para la creación de habilidades en cuidadores formales y no formales, la creación de un sistema de indicadores para dar seguimiento al bienestar de las personas mayores, la formación de voluntariado adulto mayor con esferas de acciones intergeneracionales, derechos y empoderamiento en salud y una estrategia de comunicación para la sensibilización de la sociedad sobre las personas mayores, entre otras.

La idea, según Menéndez, es que se propicie un entrenamiento en cascada, o de formación de formadores, para luego emprender tareas mayores como la geriatrización de la atención primaria en el municipio, y del Hospital Manuel Fajardo.

“Es importante retribuir, dignificar a esta población hoy envejecida, que cuando estuvo activa laboralmente no solo aportó a Plaza sino a Cuba, y hoy es nuestra responsabilidad empoderarlos en cada uno de los elementos que conforman la sociedad», explicó a Granma hace unos meses Fidel Ernesto Hernández Arias, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Plaza de la Revolución.

El proyecto, que comienza en la circunscripción 21 del municipio, se irá expandiendo poco a poco a las 101 circunscripciones y 8 consejos populares que lo integran, en busca de la creación de las bases para un municipio amigable con todas las edades.

Una casa que sueña.

En unos meses la actividad de la casona de Plaza se multiplicará en espacios útiles e intersectoriales.

A la vuelta de unos meses, la casona del Vedado tendrá, quizás, otros colores; otros espacios. Pero, desde el portal, se podrá seguir escuchando “dar agua al dominó”. Por las ventanas, en tanto, seguirán multiplicándose las voces: Yamilé Ramos Gonzáles seguirá compartiendo sus tardes con Fara, su hermana, que sostiene que “es la que más gana” en el criollísimo juego de mesa; Bertha afirmará feliz ante cada visitante que la casa le “devolvió la vida” después de mucho llorar al quedar viuda; Gil Moreno hará nuevas amistades y Francia Domenech, la centenaria que capitalizó los festejos de este septiembre, confirmará una y otra vez que recién ahora es que “siente que se poniendo vieja”.


Redacción Digital

 
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