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Publicado el 15 Noviembre, 2019 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

ELAM: rostro de la solidaridad

En sus dos décadas de existencia, esa universidad multinacional ha formado a casi 30 mil jóvenes de más de un centenar de países, incluidos unos 180 de Estados Unidos
Rostro de la solidaridad.

Mil 104 jóvenes de 87 países estudian actualmente en la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Por MARIETA CABRERA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Veinte años de creada cumple este 15 de noviembre la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), institución que es un “ejemplo de la unidad más profunda en la diversidad más rica”, como la definiera Fidel Castro al inaugurarla ese día de 1999.

El nacimiento de esa obra ideada por el líder de la Revolución cubana empezó a gestarse a finales de 1998, cuando tras el paso devastador de los huracanes George y Mitch por Centroamérica surgió el programa integral de salud que se aplicaría en los países afectados. Entonces, él expresó la voluntad de desarrollar un programa de formación de profesionales que garantizara la continuidad de los servicios de salud en esas naciones.

Acerca de aquellos días iniciales, el doctor en Ciencias Médicas Juan Carrizo Estévez -fundador y rector de la ELAM hasta su fallecimiento en 2012 – contó a esta redactora en ocasión de celebrarse el noveno aniversario de la escuela que los primeros estudiantes, provenientes de Nicaragua, llegaron al centro el 27 de febrero de 1999. A finales de este año ya había mil 929 alumnos de 18 países, en los que estaban representadas 27 etnias.

Rostro de la solidaridad.

Durante los dos primeros años de la carrera que permanecen en la ELAM, los alumnos estudian asignaturas de Ciencias Básicas.

Narraba Carrizo que en “aquel inevitable proceso de adaptación —en el que también nos incluíamos nosotros de alguna manera—, demandaban nuestra atención a cada momento, algunos lloraban pues la escuela no era entonces la comunidad que es hoy. Esos muchachos nos enseñaron a ser más flexibles, no se trataba solo de atenderlos, sino de tener una mente más abierta para comprenderlos”.

La unidad en medio de tanta diversidad que resaltaba Fidel, fue destacada igualmente por el doctor Carrizo: “Ellos son por sí mismos la cultura viviente de esos pueblos; la compenetración de unos con otros contribuye a formarlos integralmente, a cultivar los valores en los que nos hemos educado los médicos cubanos”.

Lecciones de vida

En estas dos décadas de existencia, esa universidad multinacional ha formado a casi 30 mil jóvenes de más de un centenar de países, incluidos unos 180  de Estados Unidos. Estos profesionales se distinguen no solo por sus conocimientos científicos sino por su compromiso con esa noble profesión que entraña la voluntad de trabajar en los lugares más remotos, en las condiciones más difíciles, para salvar vidas y preservar la salud de las personas más necesitadas.

Así ocurrió en 2010, por ejemplo, cuando luego del fuerte terremoto que azotó a Haití (al que siguió en escasos meses una epidemia de cólera y un huracán), cientos de médicos graduados de la ELAM acudieron de inmediato al llamado que les hiciera Fidel para socorrer a ese pueblo. Llegaron  de Argentina, Ecuador, Bolivia, Honduras, Estados Unidos… de todas partes y trabajaron junto a la brigada médica cubana que existía en Haití y a los propios egresados haitianos de la ELAM.

Rostro de la solidaridad.

“En esta escuela no nos forman como médicos que solo van a curar, sino como médicos integrales que van a prevenir que las personas se enfermen”, asegura el estudiante ugandés Bwanbale Hagai.

No podía ser de otra manera. El humanismo, la entrega y la ética que se cultiva en esos estudiantes desde el primer día son cualidades que distinguen a los profesionales cubanos de la salud, muchos de los cuales se ocupan de la formación de esos alumnos ya sea en la ELAM –donde permanecen los dos primeros años- o, posteriormente, en las diferentes universidades de ciencias médicas del país en las que continúan sus estudios hasta completar los seis años de la carrera.

Así lo ha percibido Bwanbale Hagai, estudiante procedente de Uganda, y uno de los mil 104 alumnos -de 87 países- matriculados actualmente en la ELAM. En diálogo con BOHEMIA, el joven resaltó la importancia de que los profesores les inculquen la necesidad de “saber de nuestras comunidades, de aprender a ponernos en el lugar de la persona que vamos a atender. No nos forman como médicos que solo van a curar, sino como médicos integrales que van a prevenir que las personas se enfermen”.

Desde su llegada a Cuba, en 2017, han sido muchas las lecciones, asegura el estudiante ugandés: “Los profesores nos llaman sus hijos y nos tratan como tales. En ningún otro lugar he visto que un profesor se ponga al nivel de los estudiantes, coma la misma comida y utilice el mismo medio de transporte. Aquí he aprendido mucho, no solo sobre Medicina, sino sobre otros campos de la vida”.

La calificación, entrega y humildad de los profesionales cubanos de la salud es reconocida igualmente en las 164 naciones donde han trabajado más de 400 colaboradores durante las casi seis décadas de cooperación en este campo.

Por más que algunos gobiernos, como los de Estados Unidos y Brasil, se empeñen en denigrar la labor de estos hombres y mujeres con falsas acusaciones, la verdad se abre paso con las incuestionables cifras de vidas salvadas en todo el orbe y el agradecimiento de los pueblos y de las comunidades científicas.

Muestra de esa gratitud es el premio del año que concedió recientemente a Cuba la Sociedad de Cirugía de Etiopía, por la contribución de la Isla al desarrollo del servicio de cirugía y el entrenamiento a profesionales de la salud de la nación africana.

Y lo es también cada palabra de reconocimiento que sobre los médicos cubanos escuchaba decir en su país el joven ugandés Bwanbale Hagai, cuando cursaba la especialidad de técnico en Ortopedia y aún ni soñaba con estudiar Medicina en la Isla.  “Aunque personalmente yo no conocía a ninguno de los médicos cubanos, sí oía hablar acerca de ellos a otros estudiantes, quienes decían que los cubanos eran genios y les gustaba enseñar a los demás todo lo que sabían”.

Rostro de la solidaridad

La convivencia entre estudiantes de diferentes culturas hace de la escuela un espacio que favorece también el crecimiento de estos jóvenes como seres humanos.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera