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Publicado el 19 Diciembre, 2019 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

Bocanada engañosa

Bocanada engañosa

Foto: andina.com

Por MARIETA CABRERA

Para demostrar a sus amigos de más edad que él encajaba en el grupo, el muchacho de 12 años aceptó probar la marihuana que ellos le ofrecieron. “Me provocó una reacción tan fuerte que terminé en el hospital. Recuerdo que veía a mi madre muerta y fuego a mi alrededor, lloraba y gritaba”, relata acerca de aquella primera vez. “Después que pasó todo, sentí miedo y le dije a mi papá que no la consumiría más. Pero al mes siguiente lo hice otra vez.

“Con 14 años ya no podía vivir sin las drogas. La marihuana me abrió la puerta a otras sustancias. Compraba lo que hubiera”, confiesa.

Para adquirirla sustraía dinero a su familia u objetos de valor que luego vendía. “Mi amigo me enseñó que en la calle también se robaba y empecé a estafar a la gente. Además, vigilaba a quienes vendían drogas para saber dónde las guardaban y llevármelas, mientras que a otras personas las manipulaba para conseguir lo que quería”.

Hoy, con 18 años, es uno de los pacientes atendidos en el Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes –ubicado en la calle 198, número 711, en el municipio capitalino de Playa–, donde ha encontrado el apoyo necesario para su recuperación. “Estoy en la clínica hace cuatro meses. Me han enseñado que tengo una enfermedad y debo aprender a vivir con esta, no convertirme en su esclavo”.

Bocanada engañosa.

La biología de los adolescentes es más frágil, por lo que en ellos la tolerancia y la esclavitud a esas sustancias psicoactivas se estructuran muy rápido (Foto: madridsalud.es).

Ya sus padres lo habían llevado a esa institución cuando tenía 14 años, pero él decidió irse al poco tiempo. “Era muy inmaduro; ahora sé que quiero ser un hombre de bien y reparar el daño que causé a mi familia. Tengo una hermana que consume droga a veces, y un hermano de cinco años que es una de las razones por las cuales estoy en la clínica: quiero enseñarle por dónde debe ir en la vida para que no le ocurra lo que a mí”.

Como sucedió en el caso de este muchacho, la marihuana o cannabis es, como tendencia, la droga de iniciación en el consumo adictivo utilizada cada vez con mayor frecuencia en el mundo, afirma la doctora Elizabeth Céspedes Lantigua, especialista en Psiquiatría General y terapeuta de la mencionada institución. “Similar inclinación –agrega– se empieza a visibilizar en los pacientes que por ayuda médica acuden a nuestro centro.

“En otras épocas ese debut ocurría con el alcohol y la nicotina, drogas porteras, en tanto aquella es considerada un trampolín hacia otras aún más peligrosas, pues luego de consumirla durante un tiempo aparece en el adicto el efecto tolerancia que se expresa en la necesidad de buscar sustancias más intensas.

“En la actualidad, estas personas suelen transitar del consumo de la marihuana en estado natural a su variante sintética o de laboratorio. En esta última, hemos detectado por estudios toxicológicos en adolescentes consumidores que, a veces, de lo que se trata es de una mezcla de sustancias –para aumentar las ventas y los beneficios económicos de unos y la destrucción de otros–, que causan efectos muy peligrosos como intoxicaciones graves con convulsiones, pérdida de conciencia, cuadros de psicosis violentos y de locura, que hacen muy compleja la evaluación clínica de los pacientes”, refiere la máster en adicciones.

Agrega que, según su experiencia médica, unos siete años atrás la edad promedio con que los adolescentes atendidos en el centro empezaban a usar estupefacientes era de 14 años. “Hoy alertamos que ese comienzo ocurre en edades cada vez más tempranas. Como norma practican el policonsumo, o sea, la mezcla de sustancias porque una vez que el camino adictivo está creado cualquier cosa que enajene la mente les sirve”.

Apagón espiritual

Los perjuicios que ocasiona el consumo de drogas en las regiones prefrontales del cerebro –consideradas centros moduladores de los comportamientos éticos y que proporcionan la capacidad de reflexionar– fueron descritos hace años y se les denominó síndrome frontal. Este daño secundario puede aparecer igualmente como consecuencia de traumatismos craneales y tumores cerebrales.

Explica la doctora Elizabeth Céspedes que si bien este síndrome tiene expresión clínica a través de la conducta humana, es posible constatarlo con el uso de medios diagnósticos como la resonancia magnética y otros. Ilustra que en estudios recientes hechos a pacientes en el mencionado centro habanero “estamos observando electroencefalogramas positivos, es decir, zonas de disrritmias en la región frontal, las cuales evidencian que el cerebro perdió su ritmo normal por el efecto de las drogas”.

Bocanada engañosa

Con la ingenuidad de iniciar el consumo de marihuana para divertirse, muchos quedan enganchados a la sustancia (Foto: lasadiccionestienensolucion.com).

Tales resultados son muy preocupantes, opina la también especialista en Medicina General Integral. “De acuerdo con nuestra experiencia profesional, el síndrome frontal asociado a la enfermedad adictiva no era frecuente en los jóvenes, pues esta última era sobre todo del adulto, mayormente personas alcohólicas.

“Es evidente que el consumo de estupefacientes de forma cada vez más precoz aumenta el daño en el adolescente, cuya biología es más frágil, por lo que en él la tolerancia y la esclavitud a esas sustancias se estructuran muy rápido. Además, como se halla en la etapa de construir valores, esa especie de apagón espiritual que le provoca la adicción desencadena conductas muy deplorables”.

Cuenta la experta que cuando esos muchachos llegan al centro muchos tienen comportamientos instintivos, impulsivos e irracionales, ajenos totalmente a los que nos distinguen como seres humanos. “Su versión de lo que les ocurre se basa en la desconfianza, los miedos, y en la distorsión de todo. Sin embargo, en la medida en que avanza la abstinencia eso va desapareciendo. Incluso, cuando a los seis meses repetimos el electroencefalograma los resultados son diferentes. Y es que en ese proceso, el cual resulta complejo, pues los cambios no ocurren de un día para otro, va aflorando el verdadero ser humano que es ese adolescente cuando no está bajo el efecto de las sustancias psicoactivas”.

Pendiente resbaladiza

Bocanadas engañosas.

El consumo de drogas causa efectos muy peligrosos como cuadros de psicosis violentos y de locura (Foto: martin wimmer/flickt).

Hablar de la marihuana en los últimos tiempos es adentrarse en un terreno controversial en el mundo, pues hay mucha ambivalencia y negación de sus efectos por parte de políticos, profesionales de la medicina y público en general, afirma la entrevistada. “En nuestro país no es así. Cuba mantiene una política bien definida de tolerancia cero a las drogas, y quienes trabajamos con individuos que han desarrollado la enfermedad estamos convencidos del deterioro y el sufrimiento que ocasiona en ellos y sus familias”.

Entre aquellos que abogan por legalizar la marihuana –una realidad en varios estados de Estados Unidos, en Uruguay, Canadá, y otros países– están los que justifican su uso con fines recreativos. “Eso va en contra del propósito que defendemos de construir pensamientos y juicios relacionados con la recreación sana, donde el individuo sea capaz de hacer un ejercicio de sus habilidades –o de ir creándolas porque es un proceso de aprendizaje-, para socializar, interactuar con los contextos, lidiar con las emergencias y los eventos.

“Bajo la idea ingenua de consumir marihuana para divertirse queda atrapado el grupo de personas que después del primer contacto con la sustancia reiterará su uso cada vez con mayor frecuencia y cantidad. Se produce en ellas la concordancia de una serie de condiciones –incluida la susceptibilidad genética a desarrollar una adicción– y terminan afectadas por la enfermedad adictiva, una de las más dramáticas que existen”.

Otro argumento empleado en el mundo a favor de la despenalización de esa sustancia psicoactiva tiene que ver con las propiedades terapéuticas atribuidas a la planta. “Al respecto –expresa la doctora Elizabeth Céspedes–, se dice que contiene un principio activo con efecto analgésico, antidepresivo, así como antiemético, o sea, que atenúa las náuseas y vómitos en personas con cáncer tratadas con quimioterapia. Igualmente se considera que estimula el apetito, entre otros efectos positivos.

Bocanada engañosa

La biología de los adolescentes es más frágil, por lo que en ellos la tolerancia y la esclavitud a esas sustancias psicoactivas se estructuran muy rápido (Foto: madridsalud.es)

“Sin embargo, quienes hablan de usarla como medicamento, no se refieren a consumirla en forma de tableta u otra forma farmacéutica, obtenida a partir de un principio activo aislado y purificado, como parte del proceso establecido para la obtención de cualquier fármaco. Lo que proponen es la forma tradicional de consumo de la marihuana, o sea, en su totalidad, aun cuando la ciencia ha demostrado que posee componentes adictógenos, tóxicos y cancerígenos, causantes de efectos nefastos sobre la salud humana”.

Partidarios de legalizar el cannabis esgrimen, además, el derecho del individuo a elegir si lo usa o no. “¿Y el derecho de las personas –inquiere la experta– que deciden no compartir un contexto con quienes consumen una sustancia enajenante, que afecta la percepción de la realidad, el control de los impulsos, provoca paranoias, desconfianzas, e impide a ese ser humano generar soluciones, convirtiéndolo en un productor de problemas?”.

Para la psiquiatra es importante subrayar cuán pernicioso es para un niño crecer en un hogar donde, en su presencia, alguien de la familia fuma marihuana de forma habitual. Igualmente recalca lo perjudicial que resulta para una embarazada convivir en un entorno doméstico similar, por el daño que ese humo le causa a ella y a la criatura, debido a que dicha sustancia provoca malformaciones congénitas en el bebé.

Apostar por la legalización de la marihuana sentaría un peligrosísimo precedente, según afirman expertos internacionales, quienes han alertado que por ese camino podría iniciarse una pendiente resbaladiza y culminar con la despenalización de todas las drogas.

El asunto preocupa a muchos en todo el orbe, de manera particular a profesionales que se dedican a la rehabilitación de personas adictas, a familiares de estas, y a enfermos, quienes no imaginaron que un día acabarían atrapados en esas redes.

 

Pincelada histórica

La marihuana es una planta de origen asiático que durante siglos se utilizó como fibra textil y sus semillas como alimento de pájaros. Su nombre botánico es Cannabis sativa y el nombre común: cáñamo indio.

En el siglo XIX los estudios del médico inglés O’Shaughnessy facilitaron la incorporación del cáñamo hindú a la farmacopea inglesa, y después se extendió a las de otros países europeos, así como a la de Estados Unidos. El reconocimiento científico progresivo de sus efectos dañinos determinó, empero, que fuese eliminado de los recetarios de Inglaterra (en 1932), de Estados Unidos (en 1942), y luego de la India.

Finalmente, desde 1971, el uso del cannabis fue controlado por la denominada “Acta de drogas de abuso”, que prohibía la utilización médica tanto de la hierba como de sus constituyentes activos, los cannabinoides. Sus “redescubiertas” nefastas  acciones sobre el organismo humano habían eclipsado sus posibles usos  médicos, criterio enfáticamente ratificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1997, al reconocer que el cannabis incide negativamente en la salud mental.

 

(Fuente: “Marihuana: beneficios vs grandes riesgos. Reflexiones sobre las tendencias legalizadoras”. Artículo del Doctor Ricardo González Menéndez, publicado en la Revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba, en 2016).


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera