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Publicado el 3 Diciembre, 2019 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

EDITORIAL

Cultivar la ética y la sensibilidad

Cultivar la ética y la sensibilidad.

Cientos de miles de personas en el mundo, especialmente de escasos recursos, han conocido del humanismo de la Revolución cubana a través de los trabajadores de la Salud. (Foto: cubahora.cu).

Diciembre despunta y convoca a celebrar el Día de la Medicina Latinoamericana, fecha elegida en homenaje al doctor Carlos Juan Finlay Barrés, quien naciera el tercer día de ese mes de 1833, en Puerto Príncipe, hoy Camagüey. Un cubano que aportó a la ciencia su teoría sobre el proceso de transmisión de la fiebre amarilla y la identificación del vector que la propaga; un hombre que se distinguió entre los de su época por su sabiduría, su rectitud, humildad y vocación de servir a los demás.

Esa herencia –labrada también con el quehacer de otros grandes científicos de la mayor de las Antillas– ha inspirado a generaciones de profesionales de la salud, quienes en su mayoría se empeñan en ofrecer una atención médica de calidad y mantener los indicadores sanitarios que ubican a Cuba en un sitio privilegiado a nivel mundial.

La salud pública es una de las principales y más salvaguardadas conquistas de la Revolución Cubana. Al sector se dedica –junto con la asistencia social– alrededor del 27 por ciento del presupuesto estatal. Sin embargo, todavía esa voluntad no se traduce en una satisfacción plena de la población con los servicios, como ha reconocido el doctor José Ángel Portal Miranda, ministro del ramo.

Para avanzar en ese propósito es preciso alcanzar, por ejemplo, la estabilidad en el funcionamiento del programa del médico y la enfermera de la familia, puntal de la atención primaria, donde pueden resolverse la mayor parte de los problemas de salud de la población. También es vital lograr la eficiencia y sostenibilidad del sistema, así como su desarrollo.

Para esto último es esencial la aplicación de la ciencia y la innovación, más aún en aquellas especialidades con menores avances, teniendo en cuenta que los resultados de la investigación científica impactan directamente en la práctica médica y, por tanto, en el mejoramiento del estado de salud de la población y la calidad de los servicios, como ha subrayado en varias ocasiones el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La digitalización de la historia clínica de los pacientes, que facilita el trabajo en tanto recoge de manera más ordenada y accesible los datos, es un paso dado en varios institutos de investigación de La Habana, y en hospitales provinciales. Mas, para conseguir esa calidad de los servicios a la que se aspira, no basta con informatizar los escenarios y procesos asistenciales; ni con edificar y reparar instalaciones, como los 1 425 obras y objetos de obra en los que se trabajó solo en capital, en ocasión de los 500 años de la ciudad.

Además del progreso tecnológico y la solidez de las estructuras de las edificaciones es imprescindible que cada trabajador y directivo del sector actúe con la ética y la sensibilidad que deben caracterizarlos. El prestigio ganado por la medicina cubana crece cuando un paciente o su familiar reciben la atención adecuada, la información oportuna, el gesto amable que reconforta en un momento difícil, de parte del más renombrado doctor o el más sencillo trabajador de los servicios.

Y es que el reconocimiento del que gozan los profesionales cubanos de la salud en nuestro país y en otras latitudes se debe no solo a su elevada calificación, sino a la solidaridad y al humanismo que los han llevado a subir las lomas del Escambray, en el centro de la Isla, o a caminar kilómetros por la nieve en suelo pakistaní para atender a quienes precisan de sus servicios.

Son también esos valores sembrados por la Revolución en nuestra sociedad los que derriban las burdas campañas urdidas por el gobierno de Estados Unidos para intentar desacreditar la cooperación médica que, durante casi seis décadas, han realizado más de 400 000 profesionales cubanos en 164 naciones.

Cultivar la ética y la sensibilidad es hacer más sólida esa fortaleza con que contamos.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera