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Publicado el 15 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Salud
 
 

OMS: Sin pies de barro

La salud mundial recaba para el período 2019-2023 una financiación de 14 mil 140 millones de dólares. Los Estados Unidos la han dejado a la deriva; sin embargo, paradójicamente no es el fin del mundo
Las campañas de vacunación infantil de la OMS en la India son cruciales para el feliz desarrollo de la infancia. (Foto OMS.org)

Las campañas de vacunación infantil de la OMS en la India son cruciales para el feliz desarrollo de la infancia. (Foto OMS.org)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Del mismo modo que el epidemiólogo Francisco Durán ya es imprescindible para el imaginario cubano en esta parte baja del siglo XXI, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene récords de seguidores atentos a sus instrucciones frente “al bicho”, como llama sarcásticamente la tía Katia a esta monstruosa pandemia de la COVID-19.

La notoriedad de la institución se reforzó, volviéndose “viral” en las redes sociales, a partir de que Donal Trump anunciara que le retiraría los fondos de los Estados Unidos por “irresponsabilidad y mal manejo de la actual situación”. Y aunque este texto dista de ser un enjuiciamiento moral al magnate presidente, dejaremos asentado el viejo refrán de “al que le sirva el sayo que se lo ponga”. Una pregunta, sin embargo, ronda las mentes en todas partes: ¿sin el apoyo financiero norteamericano podrá la OMS seguir encabezando la contienda planetaria contra el SARS-CoV-2? La respuesta es que sí podrá a pesar del gran hueco en las arcas que supone la retirada yanqui.

Establecida en 1948 como un organismo internacional del sistema de las Naciones Unidas, la OMS se nutre de la membresía de esta, con 193 países, a través de seis agencias, a saber: Región de Europa, para Asia Sur-Oriental, Región de África, de las Américas –conocida como la OPS–, Región del Mediterráneo, y Región del Pacífico Occidental. Estas oficinas abordan cuestiones específicas del área que atienden con total autonomía, aunque coordinan con el director general todas las orientaciones y directrices.

Al indagar por la entidad sanitaria, su sitio digital (www.who.int/es) nos esclarece que, en su sede de Ginebra, Suiza, se reúne anualmente en el marco de la Asamblea Mundial de la Salud, con el objetivo de establecer la política general, aprobar su presupuesto y, cada cinco años, nombrar al director general, quien en estos momentos es el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus. Su labor no se da en solitario, al estar respaldada por los 34 miembros del Consejo Ejecutivo y por otros 32 expertos de la salud, elegidos en asamblea.

¿Cómo se mantiene?

Sede de la OMS

(Foto OMS.org)

Especializada en temas de alto impacto para la vida, el ente de la ONU se financia con las aportaciones de sus estados miembros, de otras organizaciones internacionales y de la solidaridad de asociaciones privadas. Por medio de los Programas Generales de Trabajo se concretan los presupuestos para un plazo de dos años, que debe contar con el visto bueno de la Asamblea Mundial de la Salud, órgano decisorio superior de la OMS. Así, para 2018-2019 se aprobó un monto de más de seis mil millones de dólares. Y para el período 2019-2023, 14 mil 140 millones.

Tal como especifican fuentes oficiales de la OMS, esta se nutre mediante las llamadas “contribuciones señaladas y las voluntarias”. La primera vía se da a través de las “cuotas obligatorias que deben aportar los estados miembros y se calculan en función de su riqueza y población. Cuotas muy importantes, ya que su estabilidad facilita la labor presupuestaria”. Le siguen las que “provienen tanto de los estados miembros como de otros entes, entre los que se encuentran fundaciones privadas, organizaciones internacionales, ONG, universidades u otras agencias de la ONU. Son los donantes quienes deciden a qué programas o regiones se destinan. Aunque representen un menor porcentaje que las específicas, las contribuciones voluntarias flexibles son también de gran importancia, porque permiten a la OMS destinar recursos a las actividades hasta cierto punto relegadas, como el uso de retretes o inodoros”. El bienio pasado Washington aportó en torno al 16 por ciento de la financiación total. Pero como se aprecia por simple “matemática de bodega”, hay 84 por ciento que corre a cuenta del resto de la humanidad.

OMS ingresos por fuentes

(Foto OMS.org)

El presupuesto se distribuye entre los distintos proyectos y regiones en función de las prioridades. Por ejemplo, el programa de la OMS dedica una sustanciosa partida, de 19.36 por ciento del presupuesto, contra la poliomielitis en el mundo –por cierto, fue erradicada en Cuba tras el 1˚ de enero de 1959–. Otros temas priorizados son el del aumento del acceso a servicios esenciales de salud e higiene y el de las enfermedades prevenibles por vacunación.

Largo camino

Se dice que el libro La Peste, de Albert Camus, ha resurgido a golpes del aleteo morboso con que los humanos afrontamos nuestras fobias contemporáneas, aunque también como un modo de cultivarse mediante el ejercicio literario. Y si bien se aprende mucho leyendo, la humanidad ya viene de regreso de un largo camino de enfrentamiento a enfermedades terribles y mortales. A partir de 1851 comienzan a ser habituales conferencias sanitarias y convenciones internacionales frente a los problemas de todos derivados de las reiteradas epidemias del cólera.

Singularmente, la OPS surgió en 1902; esta precursora se integró a la OMS en 1949. Es insoslayable reconocer el papel desempeñado por los Estados Unidos para la constitución de la oficina regional, entre otras cosas por el interés económico en la construcción del Canal de Panamá (con capital francés y yanqui), cuya materialización pudo haberse frustrado por los altos índices de infestación de dengue y fiebre amarilla. En la lucha contra estas dolencias mucho tuvieron que ver los aportes del genial cubano Carlos Juan Finlay.

Ahora, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha calificado a la COVID-19 del “mayor desafío” al que se han enfrentado las Naciones Unidas desde su creación, en 1945. Para una más cabal precisión del papel de la Organización Mundial de la Salud (creada para combatir las secuelas epidemiológicas de la Segunda Guerra Mundial) en el enfrentamiento de la actual pandemia se debe recordar que, en 2005, la OMS aprobó un Reglamento Sanitario Internacional con “marco jurídicamente vinculante frente a amenazas sanitarias internacionales. De acuerdo con este reglamento, los países se comprometen a desarrollar los mecanismos necesarios para controlar y notificar cualquier brote”. Para gestionar la información y reaccionar con rapidez y mancomunadamente, se cuenta con “comités de emergencias formados por expertos que asesoran al director general de la organización, así como con un sistema global de alerta y respuesta”. Y en ese esquema fue que la República Popular China alertó a la OMS de lo que había sucedido en Wuhan, con total prontitud y seriedad. Ya lo había hecho antes con la llamada gripe A.

Como atinadamente reitera el portal español sobre geopolítica Global-es, “los mecanismos de la OMS sirvieron para advertir del peligro del brote de coronavirus surgido en China a finales de 2019, que se expandió hasta el grado de pandemia y obligó a la declaración de emergencia sanitaria internacional el 30 de enero de 2020. Ante esta situación, toda la red de instituciones y agencias de la ONU se ha puesto en marcha para dar una respuesta internacional por medio del Equipo de Coordinación de Crisis de Naciones Unidas, creado en febrero y dirigido por el director de emergencias de la OMS, Mike Ryan”.

La misma fuente señala que la OMS ha lanzado, además, un Plan Estratégico de Respuesta y Preparación frente a la COVID-19, para guiar a los países en sus estrategias, y con el que espera recaudar alrededor de 675 millones de dólares”. Entonces, ante este enorme reto es que uno puede valorar en toda su dimensión la bajeza de Donald Trump; no obstante, por lo anteriormente descrito, la OMS no es una entidad con pies de barro.

Explico: la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios ha promovido el Plan de Respuesta Humanitaria Global, junto con otras entidades del marco de Naciones Unidas, como la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y la propia OMS, que, con otras organizaciones no gubernamentales, tales la Cruz Roja, han recaudado más de dos mil millones de dólares, con los cuales se pretende dotar de fondos adicionales para proteger a las comunidades más expuestas a la crisis humanitaria derivada del brote. Global-es informa, asimismo, que “en la misma línea se ha lanzado también un Fondo de Respuesta y Recuperación para ayudar a países en desarrollo que espera poder dotarse de hasta mil millones de dólares”.

Hombres de palabra

Al doctor Durán el pueblo cubano lo admira. Igual sucede con Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, a contrapelo del desprestigio en que ha querido sumirlo Trump. Incluso con esa “sombra negra”, el etíope cuenta con el respeto de muchos colegas norteamericanos, y no únicamente por sus desvelos contra la COVID-19; también por sus empeños por alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 de la ONU.

En la 70 Asamblea Mundial de la Salud, el organismo entregó el Premio de Salud Pública al Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve. El galardón fue recibido por el doctor Félix Báez Sarría, miembro de la brigada, y Roberto Morales Ojeda, exministro de Salud Pública de Cuba. (Foto paho.org)

En la 70 Asamblea Mundial de la Salud, el organismo entregó el Premio de Salud Pública al Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve. El galardón fue recibido por el doctor Félix Báez Sarría, miembro de la brigada, y Roberto Morales Ojeda, exministro de Salud Pública de Cuba. (Foto paho.org)

En su discurso de asunción del cargo, Tedros dejó plasmado su profundo compromiso cuando aseguró que “en el mundo no hay ningún bien más preciado que la salud. Por consiguiente, una institución encargada de defender la salud de 7 000 millones de personas soporta una inmensa responsabilidad y tiene que mantener un altísimo nivel. Quienes con más fuerza me han recordado esa responsabilidad durante el año pasado son las personas que he ido encontrando por todo el mundo; nuestro trabajo consiste en proteger su salud”.

Y prosigue con entera sensibilidad: “Pienso en aquella criatura del campo de desplazados internos que visité en Maiduguri, en el Estado de Borno (Nigeria), que, pese a todas las penalidades que había sufrido su familia, conservaba una mirada inocente y feliz. Pienso en la cara de desesperación de aquella madre que conocí en el Yemen, que había caminado durante horas para llevar a su hijo malnutrido al centro de salud y rogaba al personal sanitario que lo atendieran”.

Y cerró sus palabras con un rotundo: “La OMS no fallará”. Con ese hálito vital es imposible el fracaso, otra razón de más para creer, con Durán y Tedros, que la humanidad vencerá, y solos quedarán los egoístas y macabros, porque la vida siempre ha sido un constante batallar contra la muerte. Y en este mar de incertidumbres la proa de la OMS se distingue firme.

 

Objetivos primordiales de la OMS

  • Desarrollar sistemas de salud más justos y eficaces que sean financieramente más equitativos.
  • Promover estilos de vida saludables y reducir los riesgos para la salud.
  • Reducir el exceso de mortalidad, morbilidad y discapacidad con especial énfasis en las poblaciones pobres y marginadas.

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda