0
Publicado el 19 Octubre, 2020 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

COVID-19, convivir con la enfermedad, sin descuidos

Aprender a convivir con la COVID-19 de manera responsable.

Cumplir con las medidas higiénico-sanitarias es la manera más eficaz de evitar el contagio con el SARS-CoV-2. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Por MARIETA CABRERA

Con el paso a la fase de nueva normalidad de la mayoría de las provincias cubanas, desde el 12 de octubre, comenzó en el país la reanimación gradual de la actividad económica y social, a la vez que se fortalecen los  protocolos del plan nacional de prevención y control de la COVID-19, actualizado recientemente.

En La Habana, que avanzó a la tercera fase de la etapa de recuperación (las provincias de Ciego de Ávila y Sancti Spíritus permanecen en la etapa de transmisión autóctona limitada), se avanza hacia una mayor normalización de los servicios y actividades productivas, y se regularizan las consideradas de menor riesgo, un proceso en el que debe primar la observancia de las medidas sanitarias previstas para reducirlo aún más.

Como han subrayado las autoridades gubernamentales cubanas, la reanimación gradual de la vida económica y social de la nación demanda una mayor vigilancia epidemiológica, en lo cual desempeña un papel protagónico el médico y la enfermera de la familia. La contribución de este grupo básico de trabajo –pilar de la atención primaria de salud- es esencial en el actual escenario para detectar a tiempo, en la comunidad, las personas con síntomas de la COVID-19, realizarles la prueba de PCR para el diagnóstico del SARS-CoV-2 en sus casas, y determinar sus contactos. Estos últimos, de acuerdo al protocolo actual, deberán permanecer en aislamiento domiciliario, al igual que los sospechosos de padecer la enfermedad.

Es preciso, por tanto, reforzar esos grupos básicos  de trabajo en los lugares que lo requieran. Como expresó en días recientes Luis Antonio Torres Iríbar, presidente del Consejo de Defensa Provincial (CDP) de La Habana: “ahora nuestros ojos son los médicos de la familia”, y agregó que hay que explicarles la responsabilidad sanitaria y legal que asumen, e insistir con los directores de policlínicos sobre la trascendencia de realizar las pesquisas con mayor calidad, y estratificar bien las áreas de riesgo, a fin de evitar la propagación del virus y la aparición de grandes eventos.

Aprender a convivir con la COVID-19 de manera responsable.

La labor del médico y la enfermera de la familia es esencial para detectar a tiempo las personas con síntomas de la COVID-19 en la comunidad (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Para llevar adelante esta tarea, ha dicho por su parte el vicepresidente de ese órgano, Reinaldo García Zapata, los trabajadores de la Salud deben definir detalles, tales como: quién tomará las muestras en las viviendas, cómo será el traslado de estas hacia los laboratorios correspondientes, de qué manera fluirá el sistema informativo y el seguimiento de los policlínicos y de las Direcciones Municipales de Salud a sus respectivas áreas.

Organizar y controlar cada paso de ese proceso, y capacitar al personal que lo llevará a cabo, es fundamental para que fluya sin contratiempos. Es importante además que, como es habitual en cada contienda enfrentada por el país a favor de la salud del pueblo, los trabajadores sanitarios tengan el apoyo de las organizaciones de masas en los barrios.

A la par de los requerimientos que impone la nueva normalidad a la Salud Pública, el Transporte, y al resto de los organismos implicados, los expertos insisten en que el control del nuevo coronavirus depende ante todo de la conducta individual, lo cual significa usar correctamente el nasobuco o mascarilla, mantener el distanciamiento físico, así como la higiene de las manos y la desinfección de las superficies.

El comportamiento responsable de cada ciudadano garantiza en primer lugar el bienestar y la salud propios, y de las personas allegadas a él. En estos siete meses de lucha contra un virus altamente contagioso abundan los ejemplos de casos positivos a la COVID-19 (muchos de ellos incluidos entre los grupos más vulnerables), que adquirieron la enfermedad porque un hijo, un nieto, u otro familiar cercano los infectó.

Aun cuando se trata de un padecimiento nuevo, con muchas incógnitas por descifrar, se sabe que una cantidad considerable de personas que tienen el SARS-CoV-2 nunca llega a presentar síntomas. En Cuba, alrededor del 60 por ciento de los casos diagnosticados son asintomáticos, lo cual obliga a extremar las medidas higiénico-sanitarias para evitar el contagio.

Asumir el nuevo estilo de vida que impone la pandemia a escala global es la mejor manera de afrontar esta realidad; sin alarmismos, pero sin menospreciar un mal que ha cobrado más de un millón de vidas humanas. Tras los rebrotes de coronavirus en Europa y Estados Unidos, principalmente, la Organización Mundial de la Salud ha reconocido que la COVID-19 podría volverse endémica, es decir que podría regresar de forma habitual o en fechas específicas.

Entendidos en la materia afirman que según la experiencia con otras infecciones hay pocas razones para creer que el SARS-CoV-2 desaparecerá pronto, incluso cuando las vacunas estén disponibles.

De acuerdo con un despacho de Prensa Latina, Hans Heesterbeek, catedrático de Epidemiología Teórica de la Universidad de Utrecht, Países Bajos, afirmó que en un escenario más realista la COVID-19 “se agregará a la familia grande y creciente de enfermedades infecciosas que se conocen como endémicas en la población humana”.

El hecho de que la gran mayoría de las personas sigan siendo susceptibles, agregó el experto, significa que hay suficiente combustible para que el fuego siga ardiendo durante bastante tiempo.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera