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Publicado el 24 Febrero, 2021 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

Con el buen sabor de aquel caramelo

El doctor Cosme Ordóñez Carceller, quien fuera jefe de esa operación inicial, contó en una ocasión a esta redactora detalles de aquella hazaña. “Los activistas de la ANAP subieron en mulos aquel caramelo hasta las lomas, ante las dificultades que teníamos con los medios de transporte y el mal estado de los caminos. A veces demoraban más de un día en el trayecto, pero siempre la vacuna llegó con la dosis requerida”
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Con el buen sabor de aquel caramelo.

En esta ocasión, 330 000 niños menores de tres años serán inmunizados con una primera dosis, en tanto a 124 288 infantes de nueve años se les reactivará la vacuna. (Foto: bohemia.cu).

Por MARIETA CABRERA

Nueve meses de nacida tenía cuando recibí el caramelo-vacuna que fuera administrado a niños y adolescentes cubanos durante la primera campaña nacional de vacunación antipoliomielítica, iniciada en Cuba el 25 de febrero de 1962. Entonces, mis padres, de origen campesino, acababan de recibir la llave que los hacía dueños de una de las casas construidas para los miembros de la cooperativa que se había creado en aquella zona rural de la otrora provincia de La Habana.

Había transcurrido muy poco tiempo desde el triunfo revolucionario de enero de 1959, y hasta ese recóndito lugar llegaba nuevamente la obra transformadora, esta vez con el propósito de salvar a familias cubanas del dolor causado por la poliomielitis, un mal tan conocido como temido por los hombres y mujeres del campo.

Más de dos millones de infantes menores de 15 años, para una cobertura del 87,5 por ciento, fueron inmunizados en todo el país durante aquella campaña inicial contra un padecimiento que ocasionaba la muerte o invalidez de cientos de personas, sobre todo de niños con menos de cinco años de edad.

En ese momento el sistema sanitario cubano aún era débil y la nación casi no contaba con personal médico, debido al éxodo de profesionales ocurrido en los primeros años de la Revolución. Sin embargo, la estrategia de incorporar al pueblo organizado en la lucha por la salud fue determinante y, en el propio año 1962, se logró eliminar la poliomielitis en el país.

Alrededor de 100 000 voluntarios de los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) participaron en esas jornadas y llevaron el preparado vacunal hasta las zonas rurales.

El doctor Cosme Ordóñez Carceller, quien fuera jefe de esa operación inicial, contó en una ocasión a esta redactora detalles de aquella hazaña. “Los activistas de la ANAP subieron en mulos aquel caramelo hasta las lomas, ante las dificultades que teníamos con los medios de transporte y el mal estado de los caminos. A veces demoraban más de un día en el trayecto, pero siempre la vacuna llegó con la dosis requerida”.

El cargamento venía por avión desde la entonces Unión Soviética, y contenía la vacuna oral de virus vivo atenuado, presentada en forma de golosina que los chicos ingerían con una sonrisa de felicidad. Junto al fármaco llegó también la ayuda técnica del doctor Karen Sacek y de los Laboratorios de Virología del Instituto de Epidemiología y Microbiología de Praga, de la antigua Checoslovaquia, donde se realizaron los primeros estudios serológicos para medir el nivel de protección que ofrecía el preparado.

En el libro Vacunas Cuba 1959-2008, de la Editorial Ciencias Médicas, una compilación de textos de distintos autores a cargo del profesor Francisco Rojas Ochoa, se afirma que la erradicación de la poliomielitis en Cuba desde la primera campaña de inmunización, “es el resultado más relevante de la salud pública revolucionaria cubana en el campo de la prevención. Junto a la eliminación de la viruela y la fiebre amarilla más de medio siglo antes, fue un resultado de alto valor humanístico, sanitario, político, económico y social. Desapareció el drama humano de muerte e invalidez de centenares de casos cada año, a un costo bajo, con notable repercusión social”.

Por estos días de febrero de 2021, a pesar del complejo escenario que supone el enfrentamiento a la pandemia de covid-19, tiene lugar en todo el territorio nacional la edición 60 de la campaña de vacunación antipoliomielítica oral bivalente. En esta ocasión, 330 000 niños menores de tres años serán inmunizados con una primera dosis, en tanto a 124 288 infantes de nueve años se les reactivará la vacuna.

Hasta los policlínicos o consultorios médicos ubicados en ciudades y comunidades rurales llegan los padres con sus hijos –unos y otros resguardados con el nasobuco- para que los pequeños reciban las goticas que los protegen de la polio, un mal que desde hace casi seis décadas es solo una referencia en las memorias de la salud pública cubana.

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Marieta Cabrera

 
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