1
Publicado el 4 Mayo, 2021 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

Abril de tantas vidas robadas

En momentos en que el nuevo coronavirus se torna más agresivo, la indisciplina sigue señoreando en los barrios
Abril de tantas vidas robadas

La elevada dispersión del SARS-CoV-2 en todos los municipios habaneros se debe, entre otras causas, a escenas como esta. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por MARIETA CABRERA

¿Cuánto más tendrá que aumentar la cifra de cubanos y cubanas contagiadas a diario con el nuevo coronavirus para que todos adoptemos una actitud consecuente ante la covid-19? ¿Cuántos fallecimientos más habrá que lamentar?

Lo acontecido en este abril revela de manera descarnada la falta de percepción del peligro con que muchos siguen comportándose en espacios públicos, así como en casas y centros laborales, luego de más de un año de combate contra el SARS-CoV-2. Hasta el 28 de ese mes se registraron en el país 29 385 nuevos contagios (1 049 casos como promedio diario), superior a los 25 686 reportados el mes anterior, el periodo de mayor número hasta entonces desde el inicio de la pandemia.

El cuarto mes de 2021 estableció también otro lamentable record: 207 decesos, al cierre del día 28. En esta jornada, precisamente, fallecieron 18 personas (la mayor cifra hasta ahora), algunas de las cuales no tenían una edad avanzada ni varias comorbilidades, lo que ratifica que todos somos vulnerables ante la covid-19 y cualquiera puede incluso transitar a los estados grave y crítico de la enfermedad.

A pesar de esas certezas, y del llamado de las autoridades gubernamentales y sanitarias a cumplir las medidas higiénico-sanitarias, una parte de la población sigue actuando de manera irresponsable.

Son esas personas que vemos en la calle sin nasobuco o conversando unas cerca de otras en las colas. Son los parientes y amigos que se visitan sin motivos de peso y, peor aún, no usan mascarilla ni guardan el debido distanciamiento dentro de la vivienda.

Son aquellos que permiten que sus hijos jueguen en la calle; también quienes salen con los niños sin necesidad, y son igualmente irresponsables los que consienten que varias personas –familiares, vecinos o allegados- tengan contacto directo con los más pequeños de casa (algunos incluso lactantes), sin sopesar el riesgo a que los exponen.

Las elevadas cifras de enfermos en edades pediátricas reportadas confirman la actitud negligente que prevalece, ante una enfermedad que deja serias secuelas en quienes la padecen, incluyendo los menores de edad.

Tras la presencia de las nuevas cepas, como la notificada en Sudáfrica -más contagiosa y letal-, los expertos advierten que la enfermedad ha cambiado su patrón y se torna más agresiva. Esa es una de las causas, afirman, del elevado número de pacientes en estado grave y crítico; no obstante, insisten en que, si las personas cumplen las orientaciones sanitarias, no se contagian.

Se trata de entender que la vida no es como era antes de la pandemia. Incluso, después que seamos inmunizados con alguno de los candidatos vacunales, habrá normas que seguirán vigentes. De hecho, el nasobuco nos acompañará todavía, porque la eficacia de esos inmunógenos se demostrará en el plazo requerido por la ciencia para hacerlo, y el nuevo coronavirus seguirá un largo tiempo entre nosotros.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera