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Publicado el 9 Junio, 2021 por ACN en Salud
 
 

Alejandro Fernández Alpízar: Seguimos aprendiendo y creciendo frente a la COVID-19

Hay que tener tacto a la hora de hablar con los pacientes para comunicarles que han resultado positivos –asevera- y narra cómo una persona, al momento de recibir el alta, estaba tan estresada que hubo que acudir al Servicio de Urgencias Médicas por el dolor que sentía en el pecho
Alejandro Fernández Alpízar: Seguimos aprendiendo y creciendo frente a la COVID-19.

Dispuesto a enfrentar los imprevistos que la complejidad epidemiológica pone ante sí, siempre tiene detrás de la mascarilla la mejor sonrisa para los ingresados y trata de ponerse en el lugar de ellos.

Por MAGALY ZAMORA MOREJÓN

Foto: OSVALDO GUTIÉRREZ GÓMEZ

Al doctor Alejandro Fernández Alpízar, ahora médico en el centro de aislamiento Ceballos Seis, en Ciego de Ávila, la pandemia de COVID-19  no se le olvidará mientras viva, porque ha marcado de forma diferente el final de su vida de estudiante y el comienzo del trabajo como profesional.

Frescos aún en su memoria están los últimos meses de  la carrera universitaria, transcurridos prácticamente dentro del hospital Antonio Luaces, mientras rotaba por la especialidad de pediatría, en coincidencia con el primer brote de la epidemia en la provincia y el temor al contagio con el virus totalmente desconocido.

Su incorporación a la vida laboral tuvo lugar mientras el territorio vivía una segunda ola de contagios con el virus SARS-CoV-2 y para entonces la Facultad de Ciencias Médicas se convertía en centro de aislamiento para sospechosos de padecer la enfermedad.

Confiesa que llegó allí a ofrecer sus servicios como profesional con cierta nostalgia por los días felices vividos en la instalación junto a sus compañeros, pero dispuesto a suplir la falta de experiencia con entereza y dedicación en lo que debía hacer.

Es importante, dice, el trabajo sicológico  con el paciente desde que llega hasta que se va, pues no todos reaccionan igual ante el hecho de ser positivo a la COVID.

Hay que tener tacto a la hora de hablar con ellos, asevera y narra cómo una persona, al momento de recibir el alta, estaba tan estresada que hubo que acudir al Servicio de Urgencias Médicas (Sium) por el dolor que sentía en el pecho.

Otros asumen un estado de negación y dicen que la prueba estaba mal, para no admitir que  son positivos a la COVID, relata Alejandro, que en su corta trayectoria laboral apela a estrategias propias para lograr que la estadía de los ingresados transcurra  lo más tranquila posible.

Proveniente de una familia muy ligada a la medicina y con una hermana menor, ahora en tercer año de la carrera, el joven doctor agradece a sus padres haberlo dejado elegir qué estudiar y apoyarlo en su decisión de  estar en la primera línea del enfrentamiento al coronavirus.

Con estricto cumplimento  de los protocolos  diseñados para los contactos asintomáticos de casos positivos, Alejandro no vacila en asumir las tareas que demanda el momento, alejado de  sus padres y de su novia, quien se desempeña como médico intensivista en el hospital Roberto Rodríguez, de Morón, dedicado ahora a la atención de los pacientes con COVID-19.

Dispuesto a enfrentar los imprevistos que la complejidad epidemiológica pone ante sí, siempre tiene detrás de la mascarilla la mejor sonrisa para los ingresados y trata de ponerse en el lugar de ellos, porque piensa que nadie está exento de verse en una situación similar.

Aunque sueña con hacerse cirujano, comienza ahora a prepararse en la especialidad de Medicina General Integral con la convicción de que lo que toca en este momento es “seguir aprendiendo y seguir creciendo frente a la COVID-19”. (ACN).


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