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Publicado el 17 Septiembre, 2021 por Liset García Rodríguez en Salud
 
 

No todo lo que es técnicamente posible es éticamente bueno

El neurocirujano Ricardo Hodelín, preside la Cátedra de Bioética de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, y miembro del Comité Nacional Cubano de Bioética.

El eminente neurocirujano Ricardo Hodelín, preside la Cátedra de Bioética de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, y es miembro del Comité Nacional Cubano de Bioética. Foto: Cortesía del entrevistado

Por LISET GARCÍA

A sus 55 años, al médico santiaguero Ricardo Hodelín Tablada todavía se le podría llamar joven, según una reciente clasificación. Y aunque no lo fuera tiene una hoja de vida que da a entender lo bien que ha aprovechado su tiempo.

Este especialista de II Grado en Neurocirugía, en 2010 –a los 44 años– obtuvo el grado científico de Doctor en Ciencias Médicas. Además es Profesor e Investigador Titular, y también miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Y desde el lunes 6 de septiembre integra la RedBioética de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el quinto cubano con tal aval.

En la comunicación recibida de la presidenta de esa Red, la doctora María Luisa Pfeiffer, da a conocer que el nombramiento fue decisión unánime de su Mesa Ejecutiva, al valorar positivamente sus antecedentes académicos y su gestión.

Rasteador incansable

El doctor Hodelín es conocido por incursionar en polifacéticos temas, dada su inquietud por rastrear y revelar incógnitas de la historia cubana. Quizás su indagación más sobresaliente sea la que profundizó en las enfermedades que padeció nuestro Apóstol José Martí, contenida en un libro del que ya salió su segunda edición ampliada, y fue publicado por primera vez en 2007 por la Editorial Oriente, y al año siguiente recibió el Premio Martiano de la Crítica Medardo Vitier.

Para ese entonces otros textos habían visto la luz, como Muerte encefálica y trasplante de órganos, también de esa editorial, que fue Premio Anual de la Salud en 2005; Che Guevara. Tributo a una existencia bioética; Los médicos de Antonio Maceo Grajales en diferentes etapas de su vida; y Juan Bruno Zayas Alfonso, médico y general de Brigada en la guerra necesaria.

La bioética, una de las ramas del saber en la cual ha incursionado este santiaguero de pura cepa, lo ha llevado no solo a escribir sobre la muerte encefálica, sino a profundizar en otros de los intersticios de esa ciencia, desde que la humanidad se sumergió en tal avance biotecnológico que hizo romper fronteras a quienes “jugaron a ser Dios” y lograron el primer bebé probeta o la clonada oveja Dolly, que generaron variadas polémicas médicas, éticas y de otros perfiles.

Precisamente por esas inclinaciones también se hizo Máster en Bioética en 2014, y varias de sus conferencias en simposios internacionales en Cuba y más allá de sus fronteras han motivado no pocos debates.

Muerte encefálica
El neurocirujano Ricardo Hodelín, preside la Cátedra de Bioética de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, y miembro del Comité Nacional Cubano de Bioética.

Foto: prensa-latina.cu

Tema de su tesis doctoral fue precisamente la muerte encefálica, en la que comenzó a profundizar en el Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana entre los años 1987 y 1991, siguiendo los pasos de su profesor y experto en el tema, Calixto Machado.

Esas investigaciones, declara Hodelín, han permitido demostrar que la muerte encefálica es sinónimo de muerte. Y “cuando diagnosticamos la muerte, podemos pensar en los trasplantes de órganos y tejidos, asunto de alta sensibilidad humana e implicación social”.

Describe que en la Comisión Nacional para el diagnóstico de la muerte en Cuba, a la cual él pertenece, el lema es: “Al diagnosticar la muerte, también luchamos por la vida”.

Explica que “en Cuba la muerte encefálica se basa en exámenes clínicos y complementarios. Ese diagnóstico no lo hace un médico solo, es una comisión de tres especialistas. Si se llega a diagnosticar la muerte encefálica entonces legalmente la persona ha fallecido”.

Ética de la vida

La bioética, disciplina nueva surgida en los años 70 del siglo pasado, asegura Hodelín, es una ética de la vida, que pone al ser humano como valor esencial, y respeta su dignidad independientemente de su color de piel y creencia religiosa. “Defendemos que no todo lo que es técnicamente posible es éticamente bueno”.

La Redbioética de la Unesco, de la cual ahora forma parte Hodelín, como reconocimiento a su labor en este campo, tuvo su origen en el VI Congreso Mundial de Bioética, realizado en Brasil, donde un grupo de bioeticistas comprometidos con la defensa de los derechos humanos en la región, decidieron convocar a una reunión formal para fundar la Redbioética, acto que se concretó en una reunión convocada por la propia organización de Naciones Unidas en mayo de 2003, en Cancún.

Estar en esa Red, integrada por prestigiosos especialistas, le trajo un poco de alegría en medio de tantas tristezas compartidas hoy en Cuba por la partida de hijos queridos, contagiados por la pandemia.

Pero lo más importante para él es que eso significa un premio a la ciencia cubana. “Ofrece un nuevo espacio para socializar los resultados de nuestras investigaciones y los logros del sistema de salud cubano que parten de la distribución equitativa de los recursos. Es además un estímulo para seguir con el sacrifico del laboreo constante, pues como afirmó Martí saberse sacrificar es el precio del éxito durable en todo”.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez