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Publicado el 26 Octubre, 2021 por Marieta Cabrera en Salud
 
 

Tres dosis… y de vuelta a clases

En el vacunatorio creado en el preuniversitario Carlos Manuel Pérez Domínguez, de Arroyo Naranjo, son inmunizados cada día decenas de estudiantes
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adolescente cubano vacunado contra Covid-19

Yoandra Ramos, madre de Ernesto Amed (a su lado), se siente confiada ante la posibilidad de que su hijo sea inmunizado contra la Covid-19.

Por MARIETA CABRERA

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Ernesto Amed González Ramos, de 13 años, desea retornar a su aula en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Mártires de Barbados, del municipio habanero de Cotorro, donde cursa el séptimo grado. Durante estos meses lo más difícil para él ha sido no poder practicar baloncesto, deporte en el que se prepara, confesó a BOHEMIA el muchacho, poco después de recibir la segunda dosis de la vacuna Soberana 02.

Él es uno de los estudiantes residentes en el municipio de Arroyo Naranjo que a mediados de octubre acudieron al vacunatorio creado en el Instituto Preuniversitario Urbano Carlos Manuel Pérez Domínguez, de ese territorio, para ser inmunizados con la vacuna cubana contra la covid-19.

En este centro docente, ubicado en el consejo popular Víbora Park, funciona el vacunatorio central del municipio, al cual concurren los alumnos que viven en Arroyo Naranjo y estudian en los institutos preuniversitarios, la enseñanza técnica y profesional, las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos, la EIDE, y el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias exactas Vladimir Ilich Lenin, entre otras instituciones.

Amelia Fernández Rodríguez, directora del preuniversitario Carlos Manuel Pérez Domínguez, explica que el proceso de vacunación de los estudiantes comenzó el tres de septiembre con los alumnos de duodécimo grado, y de tercer y cuarto años de la enseñanza técnica y profesional. Siete días después, empezaron a inmunizar a los de décimo y onceno grados, así como a los de primer y segundo año de dicha enseñanza.

“Desde el inicio ha habido mucha cooperación de los padres, quienes muestran interés en que sus hijos reciban la vacuna contra la covid-19 y se reincorporen a las aulas protegidos contra esa enfermedad”, destaca.

Lo confirma Yoandra Ramos Socorro, madre de Ernesto Amed. Para ella la posibilidad de que su hijo sea inmunizado la tranquiliza, y reconoce la labor del personal de salud pública y de los profesores -tanto los del preuniversitario como los de la EIDE-,  en la organización de este proceso.

La integración entre el personal sanitario y el docente ha sido esencial en el proceso de inmunización.

Pero el vacunatorio habilitado en dicha institución docente empezó a funcionar meses antes. En julio, una parte de los pobladores de Arroyo Naranjo, mayores de 18 años, acudieron a ese centro para recibir las tres dosis de la vacuna Abdala, como parte de la intervención sanitaria realizada entonces en el país.

La ubicación de la escuela, muy cerca del policlínico docente Julián Grimau, es uno de los aspectos que se valoró para ubicar allí el punto de vacunación, considera la directora del plantel. “A esto se sumó la integración entre el personal sanitario y el docente, la fluidez del proceso, y la satisfacción de la población con el trato recibido en la escuela.

“Desde el primer momento, los profesores, junto a la preparación metodológica que debían realizar para cuando se reiniciara el curso escolar (lo cual ocurrió el 4 de octubre con el retorno al plantel de los alumnos de duodécimo grado), se agruparon en brigadas y han asumido tareas como la organización del acceso al centro de quienes van a ser vacunados. También se han ocupado de la toma de temperatura a estas personas, y de garantizar que cumplan con la desinfección de manos y pies antes de ingresar en la instalación.

“La escuela tiene 58 docentes y todos han participado en el proceso de alguna manera. Al principio pensamos que iba a ser complicado, pero lo asumimos como una tarea de máxima prioridad. Hoy tenemos ocho profesores vinculados directamente con la vacunación de los estudiantes. Son trabajadores muy comprometidos con la labor que realizan porque saben lo que están garantizando a partir de que todo se haga con calidad”, subraya Amelia Fernández.

Liset Jorge, sicopedagoga

“Desde que iniciamos la inmunización han acudido al vacunatorio todos los estudiantes previstos”, asegura Liset Jorge, sicopedagoga del preuniversitario.

Una de esas profesoras es Liset Jorge Álvarez, sicopedagoga del preuniversitario. Cada día llega a la escuela a las siete de la mañana y ocupa su puesto en una de las mesas cercanas a la puerta por donde acceden los muchachos que serán vacunados.

“Mi labor es inscribirlos en un registro a fin de conformar después la base de datos de la provincia. Desde que iniciamos la inmunización de estos alumnos han acudido al vacunatorio todos los previstos en los listados de cada una de las escuelas; incluso han venido algunos de otras provincias que se quedaron varados en nuestro municipio y también han sido vacunados”.

Un pinchazo tras otro

Para la Licenciada en Enfermería, Carmen Viviana González Caballero, el proceso de inmunización contra la covid-19 ha sido una experiencia muy valiosa en sus más de tres décadas de ejercicio profesional. Son incontables las dosis de Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus que ha puesto en los brazos de cubanos y cubanas desde el 29 de mayo, cuando empezó a vacunar a los mayores de 18 años en su consultorio, el número 20 del policlínico Julián Grimau.

Luego, a inicios de septiembre, formó parte del grupo de enfermeras que comenzó a trabajar en el preuniversitario Carlos Manuel Pérez Domínguez. La mañana de octubre que el equipo de BOHEMIA visitó el lugar, la llegada de muchachos era constante. Cada enfermera vacuna como promedio cien estudiantes diarios, afirma Carmen Viviana, y explica que esta escuela es grande y se halla ubicada, además, en un municipio con un elevado número de habitantes.

Como madre, confiesa la alegría que sintió luego de aplicar a su hijo Rosdiel Rodríguez González, de 17 años, la segundad dosis de Soberana 02. “Yo le puse la primera y la segunda inyección, y pronto le corresponde la tercera. Él estudia en la Escuela Camilo Cienfuegos de Capdevila, y todos en la familia estamos deseosos de que pueda reiniciar las clases”.

adolescente cubano

Cumplir cada paso previsto en el protocolo es la garantía de que el trabajo se haga con calidad.

Al filo del mediodía, continuaba el arribo de muchachos al punto de vacunación. Entre tantos rostros jóvenes, asomaba a veces alguno curtido, como el del marino mercante José Rider Guilarte, de 67 años. “Estuve navegando desde el 13 de febrero hasta el 23 de septiembre. Cuando llegué a mi casa me presenté en el consultorio y días después me citaron para este preuniversitario, a fin de ponerme la primera dosis de Abdala. Hoy recibí la segunda”, comenta.

Cuando el equipo de reporteros concluía su trabajo, un grupo de estudiantes de duodécimo grado con sus uniformes azules y portando la mascarilla de rigor comenzaba a salir de las aulas, tras concluir las clases de esa jornada. Las voces y risas de los adolescentes devolvían al amplio recinto su habitual alegría y fue la mejor imagen de la nueva normalidad que pronto vivirán todos los alumnos de esa y otras escuelas.

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Marieta Cabrera

 
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