“Ser enfermera ha sido un acierto en mi vida”

Confiesa la presidenta de la Sociedad Cubana de Enfermería, una mujer con más de cincuenta años de ejercicio profesional


En 1968 Idalmis Infante Ochoa formó parte de un grupo de cien alumnos seleccionados para ingresar en la escuela vocacional de Vento, conocida después simplemente como “la Lenin”, con la intención de que una vez egresados de ese plantel estudiaran Matemática Moderna. A punto de concluir el noveno grado, sin embargo, ella y sus compañeros de clase fueron convocados a formarse como enfermeros ante la carencia de ese personal en los hospitales del país.

Aunque le gustaban las matemáticas, en ese momento la adolescente había decidido optar por la carrera de Medicina Veterinaria, pero aquel llamado dio un giro inesperado a su vida. “Crecí en una familia que ha cultivado mucho el amor y la sensibilidad para ayudar a los demás, y creo que esa enseñanzas influyeron en mi elección”, confiesa a BOHEMIA la Licenciada en Enfermería, con más de cincuenta años dedicada a esa profesión.

Relata que ingresó en el curso de auxiliar de enfermera, con una duración de seis meses, que tuvo como sede el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), y luego se quedó trabajando en esa institución.

Nuestra tarea es motivar a los jóvenes no solo para que estudien enfermería, sino para que sean buenos en lo que hacen, afirma la profesora Idalmis Infante. / Marcelino Vázquez/ACN

De aquellos años, recuerda con admiración a Rosa Alonso, la directora de enfermeras. “Era una mujer extraordinaria. Cuando alguno de mis pacientes fallecía me daba mucha tristeza. Un día me fui para mi casa muy afligida y ella fue a verme; conversó conmigo y me dijo que personas sensibles como yo eran las que hacían falta para ejercer este oficio. ‘Tú vas a ser muy buena enfermera’, me alentó entonces, y me recomendó que le diera siempre al paciente lo mejor de mí, pero tratara de separar las emociones de ellos, de las mías. Y eso lo aprendí”.

Desde entonces, la también máster en Ciencias ha laborado en todos los servicios de dicho instituto y de 1984 a 2012 ejerció como jefa de enfermeras del centro, cargo que luego ocupó a nivel nacional. En 2018 retornó al INOR, donde se dedica básicamente a la docencia. Hoy, como presidenta de la Sociedad Cubana de Enfermería concede una importancia vital a la formación de los futuros profesionales.

“En estos años hemos logrado tener un claustro de profesores prestigioso y capacitado para conducir a los muchachos desde que comienzan sus estudios y luego durante el ejercicio de la profesión. Este acompañamiento es fundamental porque los jóvenes, a pesar de su corta edad, tienen que saber la responsabilidad que asumen con la atención al paciente”.

El personal de enfermería, reconoce, tiene un papel decisivo en cualquier servicio donde esté. “Cuando empezaron a aparecer los primeros casos de Covid-19 en el mundo —y como parte del plan nacional de preparación de nuestro país para el enfrentamiento a esa emergencia sanitaria—, comenzamos a capacitarlo con mucho rigor porque es el que tiene el contacto directo con el paciente. Preparamos a muchos enfermeros y enfermeras que trabajan en las  terapias intensivas, jóvenes muy competentes que demostraron no solo habilidades técnicas para realizar diferentes procederes a los enfermos, sino un gran compromiso durante su permanencia en zona roja”.

Un viejo problema

Actualmente el país cuenta con 85 200 trabajadores de enfermería — entre los que incluyen técnicos, licenciados y especialistas—, y el 86,7 por ciento de esa fuerza es femenino, afirma Idalmis. “Muchas de estas mujeres se hallan en edades fértiles por lo que algunas tienen hijos pequeños o están embarazadas. Otras atienden a sus padres, abuelos u otros familiares porque todavía el cuidado de los mayores sigue estando sobre los hombros de ellas, mayormente, y eso exige de las administraciones de los centros de salud mayor organización de los recursos humanos para suplir las faltas que puedan presentarse.

“Hay servicios que son clave. Por ejemplo, las terapias intensivas y las salas de neonatología, hacia los cuales destinamos incluso el personal más calificado. Esto no significa que la Atención Primaria de Salud no sea compleja, pues la enfermera de un consultorio o un policlínico atiende niños, adultos, embarazadas, con disímiles problemas de salud, y tiene que estar capacitada para hacer el examen físico, la anamnesis o interrogatorio clínico, y preparar todas las condiciones para que el médico valore al paciente.

“De ahí que hemos ido sustituyendo el personal de enfermería de nivel técnico que trabaja en los consultorios por un licenciado, y en muchos lugares por un especialista en Enfermería Comunitaria. Este último puede realizar funciones que no hacía como licenciado, por ejemplo: colocar diferentes tipos de anticonceptivos, así como leer determinados exámenes y dar respuestas al paciente”.

El personal de enfermería ha estado en primera línea durante el combate contra la Covid-19. / Yasset Llerena Alfonso

Cada policlínico atiende alrededor de 20 consultorios y sus directivos deben elaborar estrategias para suplir la falta de enfermera en alguno de estos, de acuerdo con el personal disponible, asegura Infante Ochoa. “Pero no es un problema resuelto en todos los lugares —reconoce—. En las capitales provinciales, el personal que trabaja en municipios alejados tiene que tener garantizado el transporte y el hospedaje en ese lugar porque no puede viajar todos los días; o sea, no se trata únicamente de contar con el recurso humano, sino de garantizar la logística que permita la estabilidad del trabajador en determinado sitio.

“En La Habana logramos en los años 2015-2016 cubrir el 92 por ciento de la plantilla, incluso había consultorios donde estaba únicamente la enfermera. Ahora, durante la pandemia, en las provincias que tienen mayor cantidad de trabajadores conformamos brigadas para apoyar a otros territorios, como la capital. De hecho, desde 2011 en La Habana se está trabajando con personal de enfermería de otras provincias”.

En opinión de esta profesora se puede tener un médico por cada 15 o 20 camas, pero en el caso de la enfermera es una por cada 10 camas en salas abiertas. “Si tiene una por cada 15 o 20 camas está reforzando el trabajo de esa persona, y la calidad de la labor no es la misma.

“En 2003 y 2004 se hicieron las escuelas de enfermeras emergentes porque había carencia de este personal que, debo decir, trabaja muy duro, socialmente no siempre tiene el reconocimiento que merece y, en ocasiones, el salario no se ajusta muy bien al esfuerzo que realiza.

“Años atrás muchos querían estudiar enfermería. En la actualidad, hay muchachos que se enamoran de la carrera cuando empiezan a cursarla. Otros la escogen con la idea de cambiarse para Medicina en tercer año y después continúan porque ya les gusta ser enfermeros. Nuestra tarea es motivarlos, no solo para que la estudien sino para que sean buenos en lo que hacen”.

Vías de acceso

En Cuba, la cifra de estudiantes de enfermería —al igual que ocurre en el resto de las carreras— se corresponde con la necesidad real del sistema de salud, asegura la entrevistada. Agrega que cuando el alumno cursa el último año, es preubicado en el servicio donde va a trabajar luego de graduado, a fin de que se familiarice con este y conozca sus especificidades.

Existen varias vías para estudiar enfermería. Por ejemplo, el joven que concluye noveno grado puede optar por un curso de tres años para formarse como enfermero técnico y, luego de comenzar a trabajar, tiene la oportunidad de continuar estudios de nivel superior. En el caso de los graduados de duodécimo grado se les ofrece la posibilidad de acceder a cursos de técnico superior, y también de estudiar durante cinco años la Licenciatura en Enfermería directamente.

A partir de 2022 también se establece la formación de ciclo corto para graduados de preuniversitario, refiere Idalmis. Se trata de un curso de dos años y medio de duración, luego del cual el egresado empieza a trabajar y puede, de forma simultánea, continuar sus estudios durante otros tres años para complementar la carrera universitaria.

 Otra buena noticia es que se retomó la especialidad de enfermería en atención al grave, ginecología y obstetricia, neonatología, oncología, gerontología y atención primaria de salud. Es decir, los licenciados pueden cursar alguna de esas seis especialidades, lo cual contribuye a incrementar la calidad de la atención que es el objetivo esencial.

Acerca de la necesidad de capacitar de forma permanente a los enfermeros y enfermeras, Idalmis hace una reflexión final: “El médico examina al paciente, habla con él, escribe en la historia clínica, pero se va, y el personal de enfermería es el que se ocupa de darle seguimiento, cumplir todas las indicaciones médicas y observar cómo reacciona al tratamiento, por solo citar algunas funciones. Por tanto, este personal tiene que poseer conocimientos sobre farmacología, morfofisiología, sociología, entre otras disciplinas, para ejercer bien su labor.

“Ese vínculo emocional y espiritual que se establece con el paciente está más relacionado con la enfermera, y esto  hizo también que me enamorara de la profesión. Ser enfermera ha sido un acierto en mi vida”.

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