Tan niño como 83 calendarios atrás

Setenta y cinco años después, los venados de Rita siguen ofreciéndole grata bienvenida al visitante.

Posiblemente nadie conozca o pueda ofrecer el dato exacto, pero sin duda son millones los cubanos y visitantes de otras nacionalidades que han pasado por el Zoológico de 26, como popularmente se le conoce por tener su entrada en esa céntrica avenida de la capital cubana.

Espacio abierto a la preferencia de niños, adolescentes, jóvenes y adultos sin límite de edad, el emblemático zoo habanero se inscribe como el más antiguo de los existentes en Cuba.

Así lo confirma su apertura, precisamente un día como hoy, 24 de octubre, pero del año 1939.

Según la historia, un poderoso huracán destruyó totalmente la pintoresca instalación en 1944, pero, insistentes, los capitalinos volvieron a levantarla y, para alegría de todos, reabrió puertas en 1947.

Imposible obviar la referencia a la imagen que, más allá de lo formal o institucional, acude rápidamente a la memoria, desde que en el propio año 1947 la afamada escultora cubana Rita Longa Aróstegui instaló la familia de venados que aún se mantiene ofreciéndole grata bienvenida al visitante.

Es evidente que, amén de cuántos esfuerzos se hayan puesto en práctica, los crudos años que siguieron a 1990 atentaron de forma directa contra el esplendor que el zoológico tuvo en momentos anteriores, como la década comprendida entre 1965 y 1975, signada por un florecimiento en la calidad de las exhibiciones e incluso por logros desde el punto de vista reproductivo en ejemplares de alto valor.

El recinto exhibe fauna cubana y de otras latitudes.

Reabierto en octubre de 2021, después de una etapa de inactividad como consecuencia de la pandemia del SARS-CoV-2, el recinto muy bien merece dos cosas: respetuosa reverencia ante su perseverancia irrenunciable sobre los rieles del tiempo y, en consecuencia, acciones que, en la medida de lo posible, permitan rescatar áreas sin uso hoy, aumentar la cantidad y variedad de animales representativos de la fauna cubana o de otras latitudes, darle a la instalación el retoque de limpieza, orden y pintura que tuvo en sus mejores momentos y lograr, de nuevo, que una vez dentro, a niños y adultos se les fuguen las horas como agua entre las manos, quieran continuar allí y se despidan con la motivación de regresar muy pronto para reencontrarse con el fantástico mundo de leones, leopardos, monos, serpientes, flamencos, cebras , aves y otras especies no menos atractivas.

Espacios así merecen ser rescatados en función del sano esparcimiento.
Inconcebible un parque zoológico sin estos ocurrentes animales.
También las fieras siempre atraen el interés.

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