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Publicado el 12 Marzo, 2021 por Toni Pradas en Tecnología
 
 

TELEVISIÓN DIGITAL TERRESTRE

Progresismo versus evolución

A toda prisa el país se prepara para acortar la deuda tecnológica que le permita llegar a la hora cero de su apagón analógico, pero esa meta puede ser un espejismo
televisores

Los televidentes cubanos constataron con la TDT un salto cualitativo en la recepción de la imagen y el sonido, así como el aumento del número de canales (cuatro de ellos en alta definición) y las más destacadas emisoras de radio del país. (Foto: VTV)

Después de un aletargado proceso de despegue, décadas atrás, la informatización de la sociedad cubana recibió más recientemente un inusitado bombeo de vitaminas monetarias y neuronales que le ha permitido colocar al país entre los estándares medios regionales. No apena admitir hoy, luego del salto, que nos encontrábamos entre las naciones más atrasadas en no pocos indicadores.

De hecho, cuando años atrás Cuba cumplía a buen paso casi todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se propuso la ONU para el año 2030, la meta del acceso a las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICS) era una deuda que acarreaba, en buena medida debido a trabas económicas.

La historia del cambiazo es bien conocida. Como rastrillo que siega a lo ancho de sus brazos, toda la gama de TICS comenzó a avanzar casi pareja, peinando ignorancias, trayendo junto a los beneficios en el consumo un consecuente estímulo a la producción de software, contenidos y hasta de aparatos especializados.

Entre los derroteros impulsados, la transición de la televisión analógica a la digital desde 2013 fue de los que más ágilmente ganó simpatías, aun cuando las necesarias cajas decodificadoras (STB o Set Top Box) no hicieron su aparición con precios muy solidarios.

Pero la familia cubana –tal vez porque la Isla fue pionera golosineando trasmisiones e innovando programaciones y comunicación– entendió que era una buena apuesta comprar “la cajita” o los nuevos televisores híbridos (para señales digitales y analógicas). Al menos eso se puede deducir, si se tiene en cuenta la rápida penetración que tuvo la novedosa tecnología en la sociedad.

Para el ministro de Comunicaciones, José Luis Perdomo Di-Lella, peregrinar hacia la Televisión Digital Terrestre (TDT; llamada Televisión Digital Abierta o TDA en algunos países de América) es un “proceso necesario para ahorrar energía eléctrica y modernizar la tecnología obsoleta”. Por su parte, la población constató que esta le brindaba un salto cualitativo en la recepción de la imagen y el sonido, así como el aumento del número de canales (cuatro de ellos en alta definición) y las más destacadas ondas radiales.

Potencialmente, más de 40 canales municipales, provinciales y nacionales que emiten analógica y digitalmente, podrían ser recibidos en cada casa, pero eso, por ahora, es verso para otro poema. Como sea, las señales de televisión digital y de alta definición cubren hoy, respectivamente, 76 y 45 por ciento del archipiélago.

Este salto civilizatorio ha sido posible gracias a la adaptación exitosa de un estándar tecnológico chino, conocido como Transmisión Digital Terrestre de Multimedia (DTMB, siglas en inglés), que no es compatible con el decodificador interno de varios modelos de televisores que se han comercializado en el país o se han importado por los propios cubanos. Es decir, con la norma adquirida se gana cierta soberanía tecnológica que felizmente nos espanta de la hegemonía de los grandes monopolios… aunque quizás a riesgo de retrasarnos para un futuro intercambio regional, de ocurrir una hipotética integración con fuertes lazos industriales y culturales.

En busca del apagón analógico

A partir de las primeras 45.000 cajas decodificadoras que se vendieron a un precio irrisorio y que fueron donadas por el Gobierno chino como parte de la primera prueba en La Habana, desde entonces fueron comercializadas decenas de miles en todo el país, a fin de preparar a cerca de cuatro millones de viviendas, instituciones y escuelas, para el llamado “apagón” analógico, o lo que es lo mismo: el comienzo de la emisión de toda señal televisiva solo digitalmente, dejando sin uso la infraestructura tradicional y los aparatos de recepción no adaptados.

Este paso, vale recordar, ha sido un verdadero trauma hasta para algunos países desarrollados, que circunstancialmente tuvieron que recular hasta tener las condiciones realmente creadas.

Desde el comienzo, el apagón cubano fue previsto para 2021 y con ese fin se comercializó un gran número de “cajitas” para decodificar la nueva señal en los televisores, con prioridad en la región central del país, seleccionada para la prueba del fin analógico. Decenas de miles de decodificadores de diversos modelos fueron importados desde China, en tanto no pocas unidades de marca GELECT se comenzaron a fabricar “tropicalizadas” por la Empresa Industria Electrónica (EIE) del Grupo de la Electrónica de Cuba.

Sin embargo, el trote de la oferta nunca pudo alcanzar los largos trancos de la demanda. Desde que comenzó el programa se logró comercializar más de 2.6 millones de receptores de televisión digital. Y si en 2018 el país crecía a un ritmo de medio millón de receptores anuales, el siguiente año cerró con alrededor de 180 000.

Las causas, explicaban entonces, eran la lacerada situación económica, la falta de financiamiento y el incremento del bloqueo de Estados Unidos. La pandemia, para colmo, vino a complicar más las cosas, ya fuera por la detenida importación de aparatos y componentes para la fabricación y recambios; los paros productivos impuestos por los vaivenes de las cuarentenas; o la nula actividad mercantil. Como ave fénix, unos pequeños lotes reaparecían y se comercializaban en la selectiva red de tiendas de pago en divisas, pero su estancia en las vitrinas hizo alardes de fugacidad.

“A partir del segundo trimestre del año, se espera que las cajas decodificadoras estén disponibles en todas las tiendas del país, particularmente en aquellas ubicadas en áreas donde se realizará la transición parcial de televisión analógica a digital”, tranquilizó hace poco el ministro de Comunicaciones ante las cámaras de la tele.

En cambio, no tranquiliza pensar en la onda expansiva provocada por el sacudón del ordenamiento económico, impuesto en la República, y que va teniendo en las empresas y la población un inevitable efecto, inconmensurable aún. ¿Será posible enrutar hacia buen puerto el programa de digitalización de la televisión?

caja decodificadora

Más de 300 000 cajas decodificadores deben entrar al mercado nacional este año para continuar el programa de digitalización de la televisión. (Foto: ESAC)

¿¡Apagón digital!?

La industria, al parecer, cree que es posible recortar el tramo perdido. Según lo publicado, planea fabricar televisores híbridos de 32 pulgadas para respaldar los servicios de educación por televisión del país y no afectar el servicio de teleclases cuando se eliminen, a la hora cero, los canales analógicos.

Prevé, asimismo, vender más de 300 000 decodificadores en 2021 (más de 320 000, precisó pocos meses antes el vicepresidente de GELECT, Albeo Zamora Quintero; una parte de estos destinados a núcleos familiares protegidos por la asistencia social, que junto a la “cajita” recibirán una antena y el cable de conexión).

Anunció entonces Zamora Quintero que los TV Led híbridos de alta gama de 43 pulgadas serían destinados a la red de tiendas en moneda libremente convertible, así como cajas decodificadoras con sistema operativo Android, con mayores prestaciones.

Y es que, a pesar de los contratiempos, los planes no parecen desmayar y ya las autoridades aseguraron que durante todo el año se verán nuevos transmisores de televisión digital en diferentes rincones del país. También se espera que la nueva señal alcance diversas zonas de silencio de varias provincias, mientras cubre otras débilmente servidas de forma rápida, masiva y dinámica.

Los líderes de la transición tecnológica siguen apostando por apagar en 2021. Parcialmente, claro, quizás como mismo fue programado desde los inicios de la transición, en seis zonas que podrían migrar independientemente y que respondería solo a condiciones técnicas específicas. La velocidad de la migración, desde luego, dependería de la disponibilidad económica que tenga el país.

Y aunque es difícil de creer en milagros, quien escribe no duda que puedan cumplirse esos plazos, tal cual palabra santa jurada. No sería la primera vez que la voluntad triunfa, aun con sustos.

Lo que sí no apuesta es a que la calidad de la informatización se consiga. Durante años se ha estado midiendo este proceso social por las cantidades de infraestructuras o penetraciones de nuevas tecnologías alcanzadas y eso puede ser tan impreciso como ponderar la caña cortada por sobre la azúcar producida.

El progresismo, sabemos, no es necesariamente evolución. Estamos hablando de una plataforma que crece, pero que de manera inexplicable sus explotadores no han hecho avanzar, ni siquiera aprovechando la pausa intelectualmente fecunda de la epidemia. Hablamos del escamoteo de la emisión de servicios de datos, que son tanto o más importantes que la calidad de imagen y sonido.

Incluso, el problema se agravó. El avance se minimizó si varias ofertas la cajita acogió desde sus comienzos –entre estos una valiosa y reconocida enciclopedia de factura nacional– ya no existen. Sean cuales fueran las causas, a duras penas podemos contar con la presentación de la parrilla o programación de los algunos canales.

Dicho de otra manera, parece que hemos logrado hacer el apagón digital antes que el apagón analógico.


Toni Pradas

 
Toni Pradas