2
Publicado el 26 Abril, 2021 por Toni Pradas en Tecnología
 
 

Hay pitirre en el alambre… cambio

gato

La curiosidad mató al gato. (Foto: Upsocl.com)

Por TONI PRADAS

Taimados, obsequiosos, osados, curiosos, circunspectos, sigilosos, fieles, clarividentes…  no son pocos los animales que cumplen con tales requisitos, altamente apreciados a la hora de captar a sus agentes los servicios de inteligencia del mundo, esas veladas organizaciones responsables de la recopilación de información, acciones encubiertas, espionaje y contraterrorismo.

Y no hablamos de especies como la mosquita muerta, el carnero degollado o el majá pintón. Si acaso, como el camaleón, admirado por su habilidad de cambiar de color según las circunstancias, por su lengua rápida y alargada, y por sus ojos, que pueden ser movidos independientemente el uno del otro (¡Atención! No confundir con su versión social en Cuba: el camaján).

Más de un puñado de ejemplares de la fauna ha sido utilizado para misiones de tal alta responsabilidad. Incluso, resulta curioso que muchos nombres en clave o criptónimos de espías se correspondan con los de animales. (Debe tener un gran encanto desencriptar un mensaje que diga: “Hiena, salió Mariposa. Cambio”. Seguramente “hay gato encerrado” o “el pez mordió el anzuelo”).

Al menos así lo hemos visto en la literatura y el cine. Íconos del suspense y del espionaje de impermeable se gastan esa nomenclatura. Entre los más recordados está Cobra, héroe del filme homónimo, un policía (Sylvester Stallone, quién si no) que sin mucha cortesía busca a un peligroso y resbaloso asesino en serie.

Probablemente el más cautivador de todos haya sido Chacal, parido en 1971 por la mente del novelista británico Frederick Forsyth en su libro El día del Chacal y llevado a la gran pantalla por el prestigioso director Fred Zinnemann, en 1973.

Chacal es un asesino profesional, calculador e inasible, contratado en 1963 por el grupo terrorista francés OAS para matar a Charles de Gaulle, presidente de Francia. El eficiente e incansable Chacal no es un espía, mas pone en vilo en su acoso a un detective francés, igualmente profesional y muy presionado por sus superiores, así como a varios servicios secretos (como en realidad pasó, porque el intento de magnicidio fue real). También zarandea impunemente a lectores y espectadores que se comen las uñas, sumergidos en la intriga que regala esta obra, hoy alabada entre las mejores cien novelas de misterio de todos los tiempos.

Este Chacal, vale aclarar, nada tiene que ver con Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos el Chacal, un real exguerrillero venezolano que fue miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina y, posteriormente, de un grupo propio.

Condenado a cadena perpetua en Francia por el presunto homicidio de dos agentes de ese país, si bien Carlos el Chacal es considerado un terrorista por Francia, Israel y Estados Unidos, varios países musulmanes lo consideran un héroe de la causa antisionista. Durante muchos años fue uno de los fugitivos internacionales más buscados por la Interpol y la persecución detectivesca desatada, bien vista, roza con la ficción mejor novelada.

inspector ardilla

Como en la vida real, las artes se antojan de usar animales superagentes como el Inspector Ardilla y su ayudante Morocco Topo (Fotograma: Cinepremie-re.com.mx)

La mezcla entre verdad e imaginación a veces tiene caprichosos contactos cuando se habla de animales y espías. Es el caso de Markus Wolf (wolf es lobo, en alemán), conocido como “el hombre sin rostro”, tipo muy educado, inteligente y con gran sentido del humor, quien entre 1953 y 1986 fue el jefe del espionaje de la República Democrática Alemana (RDA) en el extranjero.

Su trabajo fue tan efectivo que creó dentro de la República Federal de Alemania (RFA) una compleja red de espías, entre ellos Günter Guillaume, funcionario de plena confianza del canciller socialdemócrata Willy Brandt. Por las manos de Guillaume pasaban todos los documentos secretos del jefe de Estado y de ahí iban a parar a Wolf. Hasta que fue destapada la red y Brandt, por ello, a la vez embrollado con escándalos de continuados adulterios y alcoholismo, fue empujado por sus opositores dentro de Alemania Occidental, a dimitir en mayo de 1974.

Admitió después en sus memorias Markus Lobo, que en realidad la renuncia no había sido prevista por su gente y, por tanto, no fue este un éxito que podría anotársele a su trabajo; al contrario, fue la colocación y el manejo de Guillaume uno de los mayores errores de los servicios secretos de la Alemania Oriental.

Más aplaudido resultó el doble agente catalán Joan Pujol García: Garbo, para los británicos; Alaric, para los alemanes. Su mayor logro fue despistar a los alemanes sobre la fecha y el lugar donde desembarcarían los aliados en Francia. Vamos, que es el único espía condecorado por los dos bandos después del Día D: Hitler le otorgó la Cruz de Hierro por establecer una red de espionaje (que resultó ser falsa), mientras la Corona (que lo atisbaba entre persianas, por si acaso) lo hacía Miembro de la Orden del Imperio Británico, honor reservado a los ciudadanos del Reino Unido.

Luego se estableció en Venezuela y pronto “desapareció” tras difundirse la versión de que había muerto en Angola por malaria. Hasta que fue descubierto, 40 años después, por un historiador que le propuso hacer un libro conjunto que se publicó en 1983, tres años antes de morir el superagente.

La vida de Pujol García no solo resulta fascinante, sino también paradójica. La Guerra Civil Española le sorprendió con 22 años. Intentó librarse de participar, pero tal vez por su instinto dual acabó primero en las filas republicanas y luego en las nacionales.

Y como un guiño de ojo a la fauna, aun proviniendo de una familia acomodada, no hizo estudios que no fueran… avicultura.

Oficina de Noé desclasifica sus misiones
delfín

El agente Delfín, con su localizador. (Foto: U.S. NAVY)

La Granja: vaya antojo el de llamarse coloquialmente, así, el campus de entrenamiento de 9,000 acres de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Su nombre oficial es Actividad de Entrenamiento Experimental de las Fuerzas Armadas y está ubicada en las afueras de Williamsburg, Virginia. Estrictamente controlada, todos los visitantes son monitoreados y escoltados en el terreno. Sus agentes son entrenados en un sinfín de áreas: idiomas (persa, árabe, chino y ruso), estudios regionales y cuestiones básicas, tal como si estuvieran presentes en un país extranjero.

Pero no es la única institución cuyo nombre tiene vocación zoológica. El ultrasecreto Departamento Central de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas (GRU), fundado en 1918 en plena guerra civil, está localizado en un complejo de edificios conocido como El Acuario, en el centro de Moscú.

Hablando de acuarios, por su inteligencia y por poseer un sistema de ecolocalización para delimitar su alimento, los delfines son, del mundo marino, los primeros cadetes llamados a la academia militar. Según fuentes periodísticas, han sido usados al menos por Estados Unidos, Unión Soviética (luego Rusia y Ucrania) e Israel. Hablamos del segundo animal más inteligente del planeta, así que olvídese del chiste que afirma haber sido este el último en entrar en el Arca de Noé, por ser el del-fin.

Desde la época de la Guerra Fría, la Marina estadounidense ha reconocido el uso de estos mamíferos como localizadores, colocadores y dragadores de minas, o para retirar bombas magnéticas del casco de navíos metálicos. Pero no los subestime: Expertos aseguran que cuando coloca un explosivo su labor no es suicida, pues huye tras ponerla y así puede alistarse en una nueva misión.

Caramba, si hasta tienen su legión: ¡La Unidad de Mamíferos Marinos! Como parte de los proyectos Oxygas y Chirilogy, otros ejemplares fueron destinados a cumplir labores como espías (transportando equipos de detección ópticos o electrónicos) o en sustitución de buzos, para​ atacar a puertos y embarcaciones.

Pero no solo se han captado cetáceos con esos fines. También han sido reclutados perros antitanques por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Con explosivos amarrados a sus espaldas, estaban entrenados para buscar comida bajo los tanques alemanes. Estando allí, se activaba un detonador y explotaban. En su hora, el Ejército Rojo se vanaglorió de que los kamikazes cuadrúpedos neutralizaran cerca de 300 blindados nazis.

Tal como ha desclasificado la CIA, sus expertos les han echaron el ojo a perros, para colocar implantes eléctricos en el cerebro y ver si podían ser controlados a distancia; igualmente a gatos, como escuchas itinerantes o “vehículos de vigilancia de audio”.

Acoustic Kitty (gato acústico, en inglés) fue un proyecto lanzado en la década de 1960. Consistía en implantar dispositivos de escucha dentro de los felinos, usando sus colas como antenas. La primera misión, en Washington DC, terminó de golpe: el soldado fue atropellado por un taxi. Literalmente, la curiosidad mató al gato. El estudio se canceló en 1967 y salió a la luz en 2001.

También se encapricharon en formar pájaros-espías, cual pitirres de dibujos animados que, desde el tendido eléctrico de un parque, leen el periódico por encima del hombro de un señor.

Palomas, halcones, cuervos, búhos y ciertas aves migratorias hicieron que oficiales y ornitólogos fermentaran ingeniosas ideas. La CIA apostó por las aves rapaces y los cuervos, con la esperanza de que pudieran ser entrenados para participar en misiones como la colocación de micrograbadores en los vanos de ventanas.

Recientemente se reveló que, a comienzos de 1974, Do Da era el primero de su clase y estaba a punto de convertirse en agente de alto vuelo. Incluso, tenía un mejor desempeño cuando estaba bajo presión, podía cargar más peso que los demás condiscípulos y escapar de quienes lo atacaran. Pero cuando fue sometido al examen más difícil de su entrenamiento, desapareció tras ser vencido por dos ejemplares de su misma especie: cuervos.

paloma

La paloma espió para Alemania (1917-1918). (Foto: Spymuseum.org)

En verdad, ninguno de esos programas llegó demasiado lejos. Las palomas, digamos, que habían sido utilizadas durante dos milenios como mensajeras y para tomar fotografías en la Primera Guerra Mundial, no les funcionó a la CIA cuando las reclutó para espiar los astilleros de Leningrado, donde los soviéticos construían sus submarinos nucleares. Muchas huyeron con sus carísimas cámaras a cuestas y nunca más se las volvió a encontrar.

Noé, quien según La Biblia fue el primer animalista de la historia, sintió también la tentación de utilizar algunas especies para espiar. El primer animal que salió del Arca tras el diluvio fue precisamente el cuervo. Y lo hizo por una ventana tan pequeña que no cabía una cabeza humana, pero sí la del pajarraco, “para explorar y saber por él si acaso estaba ya la tierra seca de las aguas”.

Luego envió una paloma, que regresó porque no tuvo donde posarse. Y después otra más, que retornó con una hoja de olivo en su pico y de tal suerte se supo que las aguas se habían retirado.

Hoy, nuevas acusaciones de espionaje contra algunos animales (lagartos, buitres, ardillas…) resultan tan extravagantes como improbadas. Aun así, una vez más la imaginación vuelve a apoderarse de ese seductor, aunque peligroso, mundo de la intriga.

Entonces nos cautivan Perry el Ornitorrinco, un personaje de la serie animada Phineas y Ferb, de Disney, que lleva una doble vida como agente secreto; así como Danger Mouse, el ratón dibujado que protagoniza una muy popular serie inglesa.

Pero el mejor espía de todos no es otro que el Inspector Ardilla, Agente 000 de la Agencia de Servicios Supersecretos, capaz de otear a través de huecos hechos para los ojos en su sombrero calado, y con el cuello alzado, a lo Bogart, de su larga gabardina.

 


Toni Pradas

 
Toni Pradas