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Publicado el 19 Abril, 2021 por Toni Pradas en Tecnología
 
 

La nueva anatomía

exoesqueletos

Modernos exoesqueletos podrían devolver la estabilidad perdida de millones de personas. Foto: digital-trends.com

Por TONI PRADAS

Apasionantes resultan esas competencias en las que numerosos paradeportistas, asistidos por un artilugio, superan sus impedimentos físicos y conquistan lauros con plena hidalguía de ases. Como que se nos va haciendo rutinario verlos, podríamos decir. Y admirables, pues cada vez acortan más la brecha entre sus resultados y los de sus colegas del alto rendimiento tradicional.

Décadas atrás, sin embargo, solo una pequeña cohorte de personas limitadas físicamente podía aspirar a tener un artefacto que le compensara su capacidad perdida. La oferta prácticamente no iba más allá de sillas de ruedas, muletas y bastones; prótesis biomecánicas; amplificadores para sordos y máquinas braille para ciegos; ciertas adaptaciones para autos.

Hoy, la ciencia y la tecnología se han encargado de brindar nuevos dispositivos, y no solo para talentos deportivos de gran competitividad o para luminarias con enfermedades degenerativas como Stephen Hawking, sentados en sofisticadas sillas, dispuestas a pensar con su dueño si Dios tiene algo que ver con el universo.

Esa postal elitista está cambiando. Se dice que, en la actualidad, 1 000 millones de personas en el mundo se benefician de tecnología de asistencia, lo que hace de este sector de innovación uno de los de más rápido crecimiento; ante todo con el fin de ayudar con sus diseños a que los necesitados superen sus discapacidades. Se cree incluso que en un futuro cercano podría ofrecer soluciones para todo tipo de dificultades, ya sean de movilidad, como de cuestiones relacionadas con la vista u otros impedimentos.

Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), con sede en Ginebra, estas creaciones cada vez más se abren paso en aplicaciones de consumo masivo. En los últimos años, en contraste, el crecimiento medio estaba cercano a 20 por ciento en el sector de la llamada tecnología de asistencia.

Una vez más las cifras pueden ilustrar mejor que las palabras: Además de las mejoras en los productos ya existentes –dígase asientos para sillas de ruedas o ruedas que se pueden ajustar para terrenos difíciles, las alarmas ambientales y los aparatos habilitados para braille–, la citada agencia de la ONU afirma que los dispositivos “emergentes” crecieron tres veces más rápido entre 2013 y 2017, con un incremento medio de 17 por ciento anual.

Precisemos que las tecnologías de apoyo o de asistencia (conocidas como AT, del inglés assistive technologies) son cualquier producto (mecanismos, equipos, instrumentos, tecnología y software) que es usado para incrementar, mantener o mejorar las capacidades funcionales de personas con discapacidad.

Se incluyen entre estas, por supuesto, las tiflotecnologías, pensadas para ciegos y débiles visuales, que están presentes en muchos sistemas informáticos como aplicaciones que identifican e interpretan lo mostrado en la pantalla de la computadora, y lo representan al usuario mediante sintetizadores de texto a voz, íconos sonoros, o una salida braille.

Conceptualmente, podría resumirse que una tecnología de asistencia promueve la independencia y la habilitación de alguien limitado, para que pueda acceder o realizar una tarea que era incapaz de cumplir, o que tenía gran dificultad en realizar. O, dicho en otras palabras, aquella que ofrece a los usuarios la posibilidad de una mayor autonomía en su entorno, trabajo y hogar.

De manera que, llegará el momento en que difícilmente pueda considerarse a alguien “impedido”, porque tenga una incapacidad física. Y si decíamos que 1 000 millones de personas disfrutan de alguna tecnología de asistencia, los agoreros del sector –entre estos Marco Alemán, subdirector general de Propiedad Intelectual e Innovaciones del Sector de Ecosistemas– esperan que esa cifra se duplique para 2030, a medida que la población envejezca.

Y no dude que, en ciertos casos, nos asombren los beneficiarios con sus nuevas capacidades adquiridas, quizás superiores a las de aquellos que erróneamente se consideran “normales”.

bastones

Novedosos bastones, como el ibérico Pauto, ayudan a personas con párkinson, alzhéimer o ceguera. Foto: 14life

De la ciencia ficción al humano biónico

De acuerdo con un informe de tendencias realizado por la OMPI, el año 2021 será el punto de ebullición para el desarrollo de diversas tecnologías basadas en ayudantes autómatas. Este segmento incluye robots de asistencia en el hogar, productos portátiles para personas con discapacidad visual y gafas inteligentes.

A la vez, se pondrán de moda artículos que auxilien el equilibrio y bastones “inteligentes”, prótesis mejoradas y neuroprótesis, prótesis inteligentes e impresas en 3D, y “trajes de exoesqueleto” portátiles para la parte inferior y superior del torso, para ayudar con tareas de elevación del cuerpo y mejorar la movilidad.

Como otras tecnologías, algunas de las de asistencia provienen de la investigación de aplicaciones militares, que luego peregrinan hacia la industria civil y, con imaginación, a la terapéutica.

Es el caso –señaló Irene Kitsara, oficial de información de la OMPI– de aquellas que ayudan a las personas a mejorar su fuerza y llevar gran peso sin perjuicios, gracias a “exoesqueletos” o “exotrajes” con aparatos externos. Estos refuerzan la espalda y los hombros de quienes los utilizan, trasladando el peso hacia las caderas, reduciendo la tensión y el esfuerzo de movimientos repetitivos que pueden pasar factura al cuerpo con el tiempo.

Si bien en la década de 1960 eran investigados para fines militares, los exoesqueletos son hoy empleados experimentalmente en plantas como las navales y de ensamblaje de automóviles, lo que permite al trabajador levantar una herramienta pesada gracias a un mecanismo articulado que sostiene el brazo con apoyo en la espalda y los hombros, reduciéndole así la fatiga y el malhumor.

Compañías de robótica estadounidenses como Ekso Bionics y SuitX están impulsando sus respectivos proyectos de trajes de exoesqueleto motorizado, no solo destinados al trabajo industrial, sino también con fines terapéuticos para ayudar a paralíticos a caminar. Pero el principal inconveniente de esta tecnología –siempre hay un pero– es su elevadísimo precio por unidad.

Transformación inteligente

Expertos, como Kitsara, piensan que en 2030 “será real ver avances en la interfaz cerebro-máquina, que nos permita controlar diferentes dispositivos, como computadoras y teléfonos móviles”.

Esa suerte de “telequinesis” mediante ondas cerebrales dejará de ser un capítulo de la ciencia ficción. Semejante “telepatía”, como si fuera salida de un fotograma de la película de 1981, Scanners, de David Cronenberg, llegará a niveles de escándalo cuando las personas con dificultades auditivas usen corrientemente prometedores audífonos que controlan el entorno mediante la mente y los implantes cocleares.

Estos, representan hoy casi la mitad de las solicitudes de patente, aunque las áreas de mayor crecimiento en la audición son los dispositivos de conducción ósea no invasivos que, según la OMPI, alcanzan 31 por ciento de crecimiento anual.

Un implante de conducción ósea es un adminículo que transmite el sonido a través del hueso craneal directamente al oído interno. Se trata de un implante fabricado con titanio, que cuenta con dos partes: una que se ubica quirúrgicamente debajo de la piel y el procesador de audio externo. Este se coloca detrás de la oreja y se mantiene sujeto al implante por atracción magnética.

Mediante el procesador de audio, el dispositivo capta y transmite ondas de vibración hacia el implante y este las transfiere al hueso del cráneo. Así, la señal se dirige hacia la cóclea, haciendo un puente entre las estructuras del oído externo y medio (no se utilizan estas estructuras para estimular el proceso auditivo).

En la actualidad, estos audífonos están en venta libre en Estados Unidos, aprobados por las autoridades sanitarias. En ese país se consideran productos electrónicos de consumo para personas que, si bien no tienen una limitación funcional como tal, no pueden disfrutar de un audífono portátil tradicional.

La transformación de los productos convencionales en dispositivos “inteligentes” también llegará al sector del cuidado de la salud individual, con innovaciones que incluyen “pañales inteligentes y robots auxiliares de alimentación”, sostuvo la OMPI.

Ya existen prendas absorbentes para bebés que ayudan a monitorear cuántas veces ha hecho la gracia el niño, si está hidratado, si necesita cambio e, incluso, con cámara, con sensor inteligente para el pañal y hasta con monitor wifi.

Los pañales “inteligentes” parecen brindar mayor asistencia a los padres que a los cándidos bebés. Foto: LUMI/ PAMPERS

Es el caso de los novedosos pañales de la estadounidense Pampers, que cuentan con un sistema de cuidado conectado llamado Lumi. A través de la aplicación, los papás pueden llevar registro de cuántos culeros usa su hijo, si necesita ser cambiado, si está durmiendo, desde cuándo está despierto, cuánto tiempo ha pasado desde el último cambio de pañal, entre otras notificaciones.

El sistema se completa con una cámara gran angular con alta definición, que también se conecta a la app para que los papás puedan ver el entorno de su bebé en cualquier momento sin abandonar la telenovela. También dispone de visión nocturna y mide la temperatura y humedad de la habitación del infante.

Destaca Irene Kitsara que, gracias al boom de las tecnologías de apoyo, hoy se puede ver más productos y mayor competencia. Su mercado, que se consideraba un área de nicho y un producto especializado con precios muy altos, comienza a bajar.

No parece casual que sean potencias científicas y tecnológicas las principales fuentes de inventivas destinadas a personas con limitaciones físicas. China, Estados Unidos, Alemania, Japón y la República de Corea son los cinco principales países en la innovación en tecnología de asistencia, según muestran las solicitudes de datos de patentes.

“Cuando se trata de universidades y centros públicos de investigación, las universidades chinas dominan la cima”, argumentó Marco Alemán, autoridad en el tema de propiedad intelectual. “Si tomamos los 100 mejores solicitantes entre las 25 universidades y centros de investigación, 20 son chinos, dos estadounidenses, uno coreano, uno de la Federación de Rusia y uno de Japón”, ilustró.

Tal como van las cosas, quizás no sea descabellado decir que en el futuro podremos contar con una nueva anatomía.


Toni Pradas

 
Toni Pradas