Tremenda Fela
Tremenda Fela

Tremenda Fela

No hay labor en la que esta “muchacha” de 72 años no ponga toda su pasión, hasta el más mínimo detalle.


Si no estuviera en el vestíbulo de la Unidad Empresarial de Base Gráfica Integral Número 2, de Ciego de Ávila, perteneciente a la Empresa Ediciones Caribe, podría jurar que me encuentro en la casa de Felicita Lobato Rivero: esa mujer a quien todos en familia, aquí o en cualquier otro lugar llaman escueta y entrañablemente Fela.

Lo digo porque, sin temor a equivocarme, a pesar de la infinidad de escenarios donde he estado, nunca vi a alguien limpiar con tanta dedicación, meticulosidad y hasta placer, a punto de detalle, cada centímetro de cristalería, peldaño de escalera o pulgada de pasillo y de oficina.

“Es que me gusta hacer bien las cosas; de lo contrario me quedo quieta y no hago nada”, afirma sin dejar de pasar un paño a la pequeña mancha que le ofrece resistencia.

De ese modo decidió seguir siendo desde hace seis años cuando, jubilada ya, volvió a la carga laboral, por dos razones: necesidad de mejorar ingresos para poder atender en correspondencia a sus también ancianos padres (ahora fallecidos) y, de paso, responder a la solicitud, casi ruego, que le hizo Rosario Zabala Henríquez, directora del poligráfico avileño, necesitada de tener allí a alguien “realmente incondicional, abnegada y de puntería; capaz de mantener la instalación como una verdadera tacita de oro”.

Tremenda Fela
Con más de 70 años de edad, Fela deviene incuestionable referencia, hasta para los jóvenes.

No es extraño, por tanto, que más de un visitante haya quedado atrapado por el modo en que Fela se concentra y realiza su labor, como si a su alrededor nada más existiera.

“Sin embargo, prefiero hacer determinadas cosas por la tardecita o bien temprano –explica– cuando no interfiero a los trabajadores ni a quienes visitan el poligráfico o no me interfieran ellos a mí. Como te habrás fijado, pongo mi musiquita y es mucho lo que adelanto”.

¿De dónde te viene esa irrenunciable manía de ir hasta el más mínimo detalle en lo que haces?

 “Me llega directamente de mi madre. Desde niña ella me enseñó a hacer las cosas correctamente, a aprovechar el tiempo, a trabajar duro, a no dejar para mañana lo que pueda hacer hoy. Fui pantrista en Cimex, pizarrista en el Partido del municipio de Venezuela… y  ese ha sido mi estilo siempre, en todas partes”.

–¿No crees que resulta un poco riesgoso eso de subirte en una escalera para limpiar los cristales, en lo alto?

La achinada sonrisa de Fela hubiera sido suficiente como respuesta, pero “pinchada” por la interrogante, responde:

“No veo ningún peligro, me siento muy bien de salud, no padezco de nada, no me duelen ni los callos… mis compañeros dicen que con más de 70 años sigo siendo una muchacha saludable”.

–Pero va siendo hora ya de jubilarte…

“De re-jubilarme. Lo hice por primera vez hace ocho años atrás. Pero tienes razón, debo descansar ya, irme a mi casita. Otra compañera podrá hacer esto igual o mejor que yo. Me siento fuerte, me siento bien, pero es el momento, porque no hago bien con retirarme cuando ya no pueda hacer nada y tenga que ir a acostarme en una cama para que mis dos hijas me lo hagan todo. ¡Qué va!”. Diciembre tendrá el privilegio que, con toda seguridad, ha de llenar de nostalgia cada rincón del poligráfico cuando los trabajadores dejen de ver la silueta de Fela, escoba, haragán, cubo, cepillo o trapo en mano, con una sonrisa a flor de instante, esa mirada curiosa, penetrante y el divino don de no estar quieta ni un segundo para realizar su trabajo como, al menos yo, jamás vi a nadie hacer.


CRÉDITO

Fotos: Pastor Batista

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