Un acuerdo entre el ELN y el Gobierno de Colombia: Ni sencillo ni fácil, pero tampoco imposible

Gustavo Petro tiene sobre sus hombros la tarea de hacer realidad lo que siete de sus predecesores intentaron y no lograron: un convenio de paz con la última guerrilla activa de Latinoamérica.


Siete presidentes anteriores fracasaron en el intento. Desde 1991 el gobierno de Colombia intentó realizar diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), llegar a acuerdos, lograr la paz.

Desde Cesar Gaviria hasta el actual Gustavo Petro. Sobre este último recaen todas las esperanzas de que se logre la tan añorada y, hasta ahora, bien hilvanada paz definitiva.

Con este paso se comienza a materializar la estrategia de Paz Total a la que aspira el presidente Gustavo Petro.

Los intentos comenzaron en 1991, justamente como ahora, en Caracas, Venezuela. Desde entonces tuvieron sedes en varios puntos del orbe. Declaraciones secretas, documentos filtrados, muertes de dirigentes guerrilleros, incumplimientos de acuerdos, secuestros, atentados… una historia plagada de intransigencias de ambas partes.

No fue hasta junio de 2014 que, esperanzados por el proceso que desarrollaba en La Habana con las FARC-EP, el Gobierno Nacional, entonces encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, y el ELN, anunciaron que adelantarían una fase exploratoria de conversaciones de paz.

Se avanzó poco y tampoco nada se resolvió. Llegó Iván Duque, y con su gobierno otros conflictos. Levantó la mesa de diálogo completamente luego de un atentado en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en Bogotá, que dejó 22 muertos y 68 heridos.

Los altos jefes del ELN estaban en Cuba donde se intentaba negociar. Duque pidió su extradición y el gobierno cubano la negó. Estados Unidos escuchó los desacuerdos entre La Habana y Bogotá y lo usó como justificante para incluir a la isla en su espuria lista de países patrocinadores del terrorismo. Pero esa es otra historia…

En agosto pasado llegó Gustavo Petro a la Casa de Nariño. Pocas horas después anunció los pasos necesarios para retomar las conversaciones de paz con el ELN. El presidente suspendió las órdenes de captura y extradición contra los integrantes de la delegación de paz guerrillera y reactivó protocolos desconocidos por el Gobierno Duque.

Luego del anuncio, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aceptó ser garante en el proceso y ofreció su territorio para tal fin.  Hoy están sentadas en un hotel de Caracas la última guerrilla que queda en Latinoamérica y el gobierno de un hombre que pone todo en juego para lograr laPaz Total.

Delegaciones heterogéneas

En el Hotel Humboldt, a más de dos mil 100 metros sobre el nivel del mar, en la cima del Parque Nacional Waraira Repano, están los negociadores escogidos por el presidente Gustavo Petro.

El mandatario ha hecho de este un proceso incluyente que se basa en el respeto a la vida y a la libertad, y en el que tienen cabida  distintos sectores del país.

Hay gente de su confianza, políticos de izquierda, militares de posiciones conservadoras y hasta una figura que representa a una derecha históricamente opuesta a los procesos de paz.

Con esta heterogeneidad aspira a crear consenso en la sociedad y reintegrar en la vida civil a un grupo armado que está en guerra desde hace medio siglo.

El jefe de los negociadores es un viejo amigo del presidente: Otty Patiño, un exguerrillero del M-19, formación en la que militó el propio Petro. Le secundan dos importantes figuras de la izquierda, los senadores Iván Cepeda y María José Pizarro.

Una de las obsesiones del presidente es que este desarme no fracture Colombia de la forma en la que lo hizo el tratado de paz con las FARC-EP, al que se opuso la derecha colombiana.

Por ello incluyó también a José Félix Lafaurie, representante de los ganaderos y terratenientes, un segmento al que se asocia el surgimiento del paramilitarismo.

Los empresarios están representados por Rosmery Quintero, presidenta del gremio de pequeños industriales.

Los militares que están en la mesa son Orlando Romero Reyes y Álvaro Matallana. Este último hijo de un general que participó en la toma de Marquetalia, la operación militar contra campesinos que derivó en la creación de las FARC-EP.

Nada es imposible

En estos acercamientos se definirá el procedimiento y metodología de las conversaciones, así como la duración que tendrá en Venezuela y los temas que abordarán.

Otros de los asuntos a resolver será la ratificación a los países garantes —Venezuela, Cuba y Noruega— y el papel que desempañarán España y Chile como acompañantes del proceso.

Todas las decisiones se harán efectivas cuando ambas partes las aprueben, según explicó en la instalación de la mesa el alto comisionado para la Paz, Danilo Rueda.

Aunque el ELN no es tan poderoso como lo fueron un día las FARC-EP, que libró una guerra directa contra el Gobierno colombiano, su presencia militar es fuerte en algunos territorios de Colombia.

Tiene su génesis en la Revolución cubana y una concepción marxista. Datos de organizaciones humanitarias cifran en más de dos mil 300 sus combatientes.

Conseguir que el ELN se convierta en un partido político es solo el inicio de la Paz Total que añora Gustavo Petro. Supone acabar con todos los grupos armados del país —incluidos el narcotráfico y el paramilitarismo— algo difícil en Colombia, que ha vivido eternamente sumida en conflictos de toda índole.

Primero corresponde entenderse con el ELN, algo que no será ni sencillo ni rápido, pero tampoco imposible.

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Un comentario

  1. Pésima noticia. ¿Cómo puede ser que un país con un ejercito profesional con suficiente armamento de guerra se arrodille frente a guerrilleros y narcoterroristas? ¿En qué mundo estamos viviendo? ¿En el mundo al revés? Un presidente que se digne de serlo, JAMÁS debe aceptar un acuerdo con grupos de esa naturaleza. Muy por el contrario, DEBE solicitar al CONGRESO un presupuesto sde tal magnitud que aumente la dotación militar y armados hasta los dientes cerque de una vez por todas a estos guerrilleros y narcoterroristas. Insisto, pésima señal.

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