Un quehacer incansable desde Camagüey

Para él son esenciales “la transparencia, el trato respetuoso y cortés, el sentido de la equidad y de la justicia”.
Para él son esenciales “la transparencia, el trato respetuoso y cortés, el sentido de la equidad y de la justicia”. / Adelante

Que imprevistos o razones totalmente ajenas a él hayan impedido preparar el contacto deseado, no significa que los lectores de BOHEMIA, y nuestra revista misma, queden al margen de la respetuosa reverencia que merece –Cuba se la hace ya– al pedagogo, escritor e intelectual camagüeyano Luis Álvarez Álvarez, Premio Nacional de Literatura 2017  y una de las personalidades a quienes están dedicadas la trigésima edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana y las correspondientes ferias provinciales.

Empeñado en seguir viendo ese acontecimiento como un hecho cultural –así lo ha expresado en diálogo con la prensa– muy por encima de la arista o del interés comercial que alguien pueda atribuirle, Álvarez no deja de ser el hombre modesto que, aun habiendo escrito más de 50 valiosos libros, se considera un ser humano igual a cualquier otro, sin ninguna condición especial, en cuyas prioridades no constan premios, distinciones y reconocimientos porque les concede mucha más importancia a “elementos éticos, como la transparencia, el trato respetuoso y cortés, el sentido de la equidad y de la justicia”.

Ello no significa que ignore o se muestre indiferente frente al valor que encierran momentos de su propio derrotero, dígase las distinciones por la Educación Cubana (1989), por la Cultura Nacional (1996), Al Mérito Pedagógico (2000) y la Alejo Carpentier (2002); y disímiles premios: el de la Crítica Literaria (1999), el Martiano de la Crítica “Medardo Vitier”, el de la Crítica en Ciencia y Técnica, el Nacional de Investigaciones Culturales, por la obra investigativa de toda una vida, estos tres en 2008, por solo citar algunos.

Es obvio que cuando aquel muchachón llamado Luis Eduardo Rafael Álvarez Álvarez se graduó en Lenguas y Literaturas Clásicas, en la Universidad de La Habana (1975), estaba muy lejos de imaginar que su desempeño, constancia, talento y sagacidad le harían merecedor de tales reconocimientos (porque nunca los ha buscado); de títulos como los de doctor en Ciencias Filológicas (1989) y en Ciencias (2001); o que integraría la Academia Cubana de la Lengua.

Pero… ¿cómo negarse a aceptar el honor que –como aprendió de José Martí– se le debe hacer a quien honor merece?

Fe de ello da su incansable y profunda labor investigativa en torno al propio Héroe Nacional cubano José Martí y al Poeta Nacional Nicolás Guillén, a la par de una envidiable cantidad de ensayos (alrededor de 200) en el terreno de la cultura cubana y universal. Asimismo, ha concebido libros de extraordinario alcance, entre los que se encuentran Circunvalar el arte, Métodos cualitativos de investigación de la cultura y el arte; Nicolás Guillén: identidad, diálogo, verso; El rojo y el oro sobre el pecho; Martí, biógrafo. Facetas del discurso histórico martiano.

Así y todo, Luis no es, ni será jamás, ese hombre inalcanzable, lejano, inaccesible. Todo lo contrario. Cada vez más de pueblo lo siente Camagüey, a medida que deshoja calendarios, entre archivos, documentos, conferencias, clases magistrales, publicaciones dentro y fuera de Cuba.

Los camagüeyanos esperan la Feria con el mismo interés que muestra esta imagen, tomada antes de la covid-19.
Los camagüeyanos esperan la Feria con el mismo interés que muestra esta imagen, tomada antes de la covid-19. / Pastor Batista Valdés

Por eso, si usted se encuentra con él en medio de las actividades y momentos que para todos reserva esta Feria Internacional del Libro, no tenga pena: vaya, salúdelo, felicítelo, pídale que le autografíe un ejemplar o pregúntele cuándo sintió por vez primera la necesidad de leer, qué opina acerca del hábito de lectura entre los jóvenes o qué les espera a quienes jamás leen un buen libro…

Si no lo recibe con una cándida sonrisa, si se niega a responder su pregunta o si se molesta… entonces puede estar seguro de que no es Luis Álvarez Álvarez el hombre que usted tiene delante. Y, en tal caso, búsquelo. Él siempre va a estar ahí, y así: ético, transparente, respetuoso, cortés, con ese sentido de la equidad y de la justicia que vierte en sus textos… porque lo lleva muy, pero muy, dentro de sí.

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