Una ciudad más cuidada y amada por sus habitantes
Una ciudad más cuidada y amada por sus habitantes

Una ciudad más cuidada y amada por sus habitantes

Ese sería el mejor homenaje a La Habana en su 503 aniversario de fundada


Retornan por estos días los anuncios de celebraciones cuando se acerca el 16 de noviembre, fecha fundacional de La Habana. 503 años cumple la otrora villa de San Cristóbal, amada por los nacidos en ella, por quienes llegaron un día aquí desde otras provincias y decidieron echar raíces, por los coterráneos que andan de paso y no regresan al terruño sin antes recorrer las calles de esta urbe, y también por viajeros de cualquier parte del mundo que vuelven una y otra vez, cautivados por la ciudad y su gente.

En este cumpleaños, como es habitual, la capital mostrará edificios remodelados en el Centro Histórico y nuevas viviendas entregadas a vecinos que llevaban muchos años en comunidades de tránsito, en correspondencia con la esencia de la labor restauradora liderada por Eusebio Leal Spengler (1942-2020), quien fuera durante décadas el Historiador de la Ciudad.

“La obra social nunca debe ser menor que la obra artística o la de restauración”, afirmaba Eusebio. El hombre incansable que para encauzar la obra colectiva que se palpa hoy en la zona más antigua de la capital enfrentó  no pocas incomprensiones, el desaliento de algunos, la burocracia  —“mal que pervierte a la administración”, decía—,  entre otras adversidades, pero nada lo detuvo en su proyecto de reconstruir, entendido no como el simple hecho de restaurar para exhibir la belleza del patrimonio, sino como un proceso cultural, participativo, cuyo centro es la gente que habita esos espacios.

Quizás por eso la mejor ofrenda que podría hacerse a La Habana, a la que Eusebio quería más cuidada y amada por sus habitantes, es implicarnos más para preservar su innegable belleza. No esquivar la mirada, por ejemplo, ante la insensibilidad y la indisciplina que alimentan las montañas de basura y escombros que nos rodean, y la chapucería con que algunos trabajadores que rehabilitan las redes del servicio de agua y de gas, cierran las zanjas abiertas por ellos previamente en calles y aceras.

La desidia, ese letargo que conduce a muchos a encerrarse en su caparazón, sin importarle lo que ocurre en su comunidad, en su ciudad, es el mayor peligro. Acostumbrarse a convivir con hechos como esos, verlos como algo “irremediable”, es contribuir a matar poco a poco el encanto de algunos espacios citadinos. Y no me refiero solo al espacio físico. Daña profundamente también la imagen de la urbe y de quienes la habitan, la falta de educación, de civismo, que denota el comportamiento de no pocos ciudadanos en la vía pública, donde gritarse unos a otros, pelearse y decirse obscenidades se torna cada vez más común.

Una ciudad más cuidada y amada por sus habitantes

Contra actitudes como esas nos sigue convocando Eusebio Leal. “Hay que salvar y preservar La Habana, por su papel simbólico, a la capital y su gente”, expresó en una entrevista publicada en BOHEMIA el 2 de febrero de 2018, a propósito del 500 aniversario de la ciudad, conmemorado en 2019. “Tiene que ser —agregó— un movimiento público, una labor del Estado y de los habaneros y los cubanos, porque esta ciudad es de todos.

“Debemos impedir su arrabalización, y sobre todo cuidar de los que viven en ella. Tiene que terminar la desfachatez, la grosería, el espíritu decadente”, subrayó el historiador, y alentó a trabajar por La Habana, y “transmitirle a la gente el decoro que pide la ciudad”. Es esta, sin duda, una deuda que tenemos con La Habana y con el hombre que más hizo para salvaguardarla.


CRÉDITO

Fotos: Yasset Llerena Alfonso

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