Luz de un sentimiento LED
/ Osval
Luz de un sentimiento LED
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Valores humanos generan luz de un sentimiento LED

Cada vez que nos pasa por encima un huracán pensamos que dejará el mismo indeseado e indeseable efecto en términos de destrucción.

Ian nos ha dejado eso, sí, pero también acentuó algo que los cubanos llevamos en vena: la solidaridad, la proverbial capacidad de ayudarnos mutua y fraternalmente.

No hablo ahora (solo) del “trabuco” de camiones, equipos y hombres que desde todo el archipiélago avanzó sobre los territorios vapuleados por el meteoro.

Estoy pensando en lo que, a camisa quitada y brazos completamente abiertos, hizo el colectivo de Radio Morón, cuando la ciudad entera era boca de lobo en plena luz de nublado día.

Nadie me lo contó. Lo vi en la red: “… brindamos servicio en el lobby de la emisora a los amigos que llegan para cargar lámparas y celulares. Y ofrecemos, además, información actualizada a quienes hasta aquí vengan.”

¿Acaso le pagarían un “extra” al final de mes a quienes, además de su contenido de trabajo, ofrecieran esa sensible ayuda? Por supuesto que no. Eso no se paga. Tampoco tiene precio.

No fue -ni es- Radio Morón rayo exclusivo de ese tipo de luz, tan limpia y cristalina como la que aseguran los modernos diodos emisores bajo la sigla LED.

En medio de las tinieblas, el caricaturista Osvaldo Gutiérrez reiteró algo que ya antes él mismo había puesto en órbita: total disposición de ofrecerle agua fría o posibilidad de cargar el celular a quien así lo deseara, teniendo en cuenta que en su vivienda, afortunadamente, había fluido eléctrico.

Luz de un sentimiento LED
/ Ronald Suárez/ Facebook

Casi 500 kilómetros al oeste, en pleno Vedado, un joven llamado José Ramón Sera le dice a Félix (amigo de pupitre, hermano de vida) “arranca para acá ahora mismo, ya tenemos corriente, no puedes correr el riesgo de que se te echen a perder los alimentos de ustedes, en particular lo destinado a las niñas”.

Si alguien imagina que no hay más casos en los barrios, repartos, zonas y territorios afectados, le sugiero entrar a Facebook unos minutos.

Allí no solo hallará manos atizando “desde lo seco”, fuera, el fuego de la subversión para crear descontento, división, daño… También encontrará voces como la de Ronal Suárez, allá en Pinar, a cuyo hogar usted puede llegar ahora mismo, porque…

“Ya tenemos electricidad en casa. Los amigos que necesiten cargar el móvil o cualquier otra cosa, echen pa’ acá.”

Y así, sencillo, criollo, a lo cubano, cientos de ciudadanos tienden su mano, abren la puerta de su hogar, comparten un plato de comida, les ofrecen un vaso de agua o un improvisado refresco al liniero que no quiere bajar del poste telefónico a nada, están dispuestos a convertir la sala de su vivienda en aula hasta que reparen la escuelita o se desprenden ya de lo que nunca les sobró para enviárselo en valija, no saben a quién exactamente pero con toda seguridad a alguien más necesitado, en el occidente del país. Hemos vivido, sí jornadas muy duras, de completa oscuridad. Pero en medio de ella no ha faltado la luz inextinguible de valores que ninguna ráfaga destruye, luz de solidaridad humana, luz limpia, luz de un sentimiento LED.

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