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Publicado el 5 Marzo, 2021 por Redacción Digital en Bohemia Vieja
 
 

La señorita irlandesa que se disfrazó admirablemente de rica heredera cubana

Hasta el último momento, aunque ya descubierta, simulaba su artificioso y simpático acento español.

Texto publicado en la revista Bohemia del 21 de septiembre de 1930. No 38. 

Cuando el profesor Edward Mac Shane, instructor de matemáticas de la Universidad de Chicago, dio cuenta a las autoridades hace varios meses, de que su novia había desaparecido la víspera del día en que se iban a casar, comenzó la búsqueda de la señorita Kira Carrillo, por todos los Estados Unidos. El profesor Mac Shane informó a la policía que su prometida era la hija de un riquísimo hacendado cubano, y que abrigaba serios temores de que su adorado tormento hubiera caído en las garras de los secuestradores.

Foto de la irlandesa Velma Oder, más conocida como la rica heredera cubana Kira Carrillo. Tomada de la edición No.38 de la Revista Bohemia, publicada el 21 de septiembre de 1930.

Foto de la irlandesa Velma Oder, más conocida como la rica heredera cubana Kira Carrillo. Tomada de la edición No.38 de la Revista Bohemia, publicada el 21 de septiembre de 1930.

La policía mantuvo una incesante campaña durante semanas enteras para encontrar a la bella señorita cubana, que desconocía los peligros de una ciudad como Chicago, donde hay tanta gente maleante y ya se suponía que había caído en poder de los famosos bandos chicagoenses. El profesor agregaba que quizás la bella muchacha hubiese volado a New Orleans a casa de unas amigas.

Pero hasta la semana pasada ni una sola huella de la señorita Carillo pudo hallarse. Un sagaz repórter que había estudiado la fotografía de Kira, la encontró en un “cabaret” de Denver, Colorado. Pero ella negó que fuese en realidad “la señorita Kira Carrillo”, la supuesta rica heredera cubana. Agregó que aunque estaba actuando como bailarina española, no era cubana ni española, sino una vulgar irlandesa.

Explicó que había realizado su mascarada en busca de aventuras y romance y al mismo tiempo para probar su habilidad como actriz. Hasta el último momento, aunque ya descubierta, simulaba su artificioso y simpático acento español.

El repórter, que se encontraba en Minneapolis cuando la “señorita Carrillo” desapareció de Chicago, estaba empleado en un periódico de Denver siete semanas después. Estando allí fue una noche a pasar el rato a un club nocturno y observó que la principal atracción de la juventud social de Denver era una bonita y exótica bailarina española, que hacía su papel admirablemente bien. Tan pronto como el audaz periodista la vio, reconoció en ella a la perdida “señorita Kira Carrillo”.

En la primera oportunidad que tuvo se dirigió a la muchacha; pero cuando le indicó que veía en ella a la desaparecida heredera cubana, los labios rojos de la irlandesa se entreabrieron para mostrar sus dientes de perlas y dejó oír una sonora carcajada.

  • “Qué idea más loca tiene usted”, protestó.

La muchacha no se confiaba del repórter en funciones de detective. Así que este fue a ver a los dueños del “cabaret”, quienes le informaron que no sabían nada respecto a la bella bailarina, excepto que se había presentado solicitando empleo. Ni siquiera sabían dónde vivía. Pero el astuto repórter la siguió a su casa cuando terminó sus bailes. Descubrió que vivía en una alegre casita cubierta de enredaderas en los suburbios de Denver, y al día siguiente la visitó. La agradable joven estaba entretenida en su jardín cuando se presentó, y al verlo, se puso pálida y nerviosa. Pero rápidamente se repuso y tuvo serenidad y aplomo para darle la bienvenida.

Empezaron a conversar de cosas superficiales, y después de un buen debate, ya acosada, dijo:

  • “Bueno, admito que soy… Kira Carrillo, pero no volveré a Chicago”, remarcó en tono convincente.

El repórter rogó a la heredera que le contara la historia de su original aventura.

  • “¡Oh! Con mucho gusto- asintió la bailarina con agradable voz.
    muchacha vestida de bailarina española

    Fotografía de la “supuesta” señorita cubana Kira Carrillo. Tomada de la Revista Bohemia No.38, publicada el 21 de septiembre de 1930.

Sentada en el quicio de la escalera de su bella casita, según la anticuada y democrática costumbre norteamericana, con los brazos marfileños rodeando las rodillas narró graciosamente una historieta que acreditaría al más hábil escritor de novelas: el mismo cuento que le había hecho creer al ingenuo profesor Mac Shane, de Chicago.

En el prefacio de su historia narró su niñez en el ingenio de su padre en Cuba; su intento de fuga después de grandecita, debido a la supervisión demasiado rigurosa de su tutor, y después de la decisión del autor de sus días, el pasado octubre, de permitirle que fuera sola a New Orleans a visitar a unas amigas de la familia.

Su acento, sus gestos y maneras, todo daba autenticidad a la trama de su historieta: parecía en realidad una muchacha española del tipo más romántico.

  • “En el vapor”, siguió contando, “conocí al profesor Mac, un hombre fino y bien parecido, aunque algo frío e indiferente”.

Entonces narró con lujo de detalles su noviazgo por correo, de New Orleans a Chicago, y su compromiso de casarse con él, y la necesidad que tenía de engañar a su padre para llegar a aquella ruidosa “Ciudad del Crimen”. “Cuando llegué a Chicago empecé a observar ciertos defectos en Mac. Yo hubiera querido ser amable y zalamera con él. Pero lo veía siempre demasiado serio y frío. Después de todo preparado para la boda, que sería al día siguiente, decidí desaparecer de aquella ciudad, regresando a Denver y dejando plantado al pobre Mac”.

El repórter llamó a un fotógrafo. La “señorita” estaba vacilante.

  • “No quisiera retratarme”, protestó.

El periodista insistió y la muchacha al fin accedió, pero con la condición de que le permitiese posar ante la cámara con un trae de bailarina española.

Breves horas después de haber salido publicado el retrato de la “señorita Carrillo”, en la edición de la tarde, otra muchacha que no dijo su nombre telefoneó a la redacción del periódico, e informó:

  • “Esa señorita o como usted la llama en su diario ni es tal cosa, ni mucho menos Kira Carrillo. Su verdadero nombre es Velma Oder. Trabajó conmigo en el centro telefónico de Denver del Sur, por dos años conectando comunicaciones en el mismo conmutador. La conozco como a mis manos”.

La anónima informante hizo una pausa para respirar y agregó al colgar el receptor:

  • “Esa muchacha ni es española, ni mucho menos cubana: es una vulgar irlandesa”.

La “señorita” no trató de negar más la verdad cuando el repórter volvió a verla a su coqueta casita.

Ella había estudiado el idioma español en la escuela superior y era muy aficionada a actuar en las ´piececitas teatrales representadas por los alumnos de la clase de castellano.

  • “Ahora de diré sencillamente la verdad”, empezó explicando con su simpático acento español.

“Hace dos años, cuando tenía 18, tomé posesión de una pequeña herencia que me dejó mi madre. Yo tenía además algún dinero que había ahorrado de mi sueldo como telefonista en Denver, y decidí ver algo del mundo, por mi cuenta, en el campo de la aventura y el romance. Primero fui a Tejas, de allí a New York y posteriormente a La Habana, a la que tenía vivos deseos de conocer. Encontré muy atractiva la capital de Cuba. Trabajé algún tiempo allí. Yo había estado planeando esta mascarada por largo tiempo. Entendía suficientemente el idioma español para desenvolverme, y mis facciones, mi cutis, cabellos y ojos me ayudaron mucho en mi raro empeño de hacerme pasar por una señorita cubana, rica heredera. En La Habana no podía hacer este papel, desde luego, pero en los Estados Unidos se lo creían íntegramente, y yo me divertía mucho con todo esto. Esa palabra de señorita me daba la sensación de que era un personaje. Esto es todo lo sucedido a esta humilde irlandesa, señor repórter.

(Traducción de Emilio Sotolongo)

 

 


Redacción Digital

 
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