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Publicado el 23 Abril, 2015 por Bárbara Avendaño en Ciencia
 
 

EDAFOLOGÍA

Clamor por un recurso silencioso

EDAFOLOGÍA

Una rica información sobre la región que abarca, atesora el primer Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe

(Fotocopia: GILBERTO RABASSA)

 

Los pueblos indígenas de la región andina dedican agosto a la Madre Tierra. Creen que después de la cosecha la Pachamama descansa y despierta con hambre en el octavo mes del calendario. Por eso, para impedir que se coma las semillas de la siembra, la cual se inicia el día 21, la alimentan con ofrendas y, de forma simbólica, le devuelven todo cuanto les ofreció durante el año. Ocasión además aprovechada para pedir prosperidad y salud.

Dicho ritual, practicado desde tiempos ancestrales por varias etnias de esa geografía, forma parte de la rica información que atesora el primer Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe, cuya presentación oficial tuvo lugar en la 24a Feria Internacional del Libro de La Habana, realizada en febrero último.

El volumen, de 176 páginas, se publicó con el propósito de construir una conciencia colectiva acerca de la importancia del suelo, y facilitar la comprensión de los impactos del cambio climático. Su elaboración corrió a cargo del Centro Conjunto de Investigación de la Comunidad Europea (JRC, por sus siglas en inglés), con el cual colaboraron unos 80 edafólogos de América Latina y el Caribe, Europa y Estados Unidos, por lo que se considera un modelo de cooperación científica.

Olegario Muñiz, uno de los siete cubanos integrantes del primer Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe

-“El 75 por ciento de los suelos cubanos, al menos, está afectado por un factor limitante de su productividad”, afirma el especialista Olegario Muñiz.
(Foto: GILBERTO RABASSA)

Entre los aportes de ese equipo de trabajo están los de siete cubanos. Uno de ellos es el doctor en Ciencias Agrícolas Olegario Muñiz Ugarte, integrante del comité editorial e Investigador Titular del Instituto de Suelos, quien intervino en la revisión general del atlas. Esta iniciativa fue financiada por la Dirección General de Desarrollo y Cooperación–EuropeAid, y contó con el patrocinio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En diálogo con BOHEMIA, el también presidente de la Sociedad Cubana de las Ciencias del Suelo ofrece un criterio que incita la codicia por la obra: “Con lenguaje ameno, tiene el valor de hacer un enfoque del suelo muy integral y actualizado acerca de qué es este recurso natural, cómo se forma y cuáles factores intervienen en ese proceso.

“Incluye, asimismo, las clasificaciones de suelos existentes en el mundo, entre estas la World Reference Base (Grupo Referencial de Suelos del Mundo), que se intenta generalizar para hacer comparaciones entre unos y otros países, y fue aplicada en los 22 mapas del atlas. La mayoría de las naciones usan la estadounidense, Soil Taxonomy, pero Cuba tiene la suya particular fundamentada en la Génesis del suelo”, afirma.

La obra aborda igualmente la cartografía digital de suelos (para ubicarlos en un área) que utiliza los sistemas de información geográfica. Basada en esta, los especialistas elaboraron los mapas de cada uno de sus países.

Detalles de la confección del mapa de Cuba

El mapa de Cuba se elaboró a escala 1:2 500 000, con más detalle. (Fotocopia: GILBERTO RABASSA)

“En el caso de Cuba, se concibió uno a escala 1:2 500 000 (con más detalle), pues la mayoría están en 1:3 000 000”, precisa Olegario Muñiz. Según se reconoce en el atlas, únicamente este archipiélago del Caribe -territorio relativamente pequeño con amplia variedad de tipos de suelos- posee mapas de todo el país y hasta parcelarios, incluso a nivel de finca, amparados en estudios a escala 1:250 000, 1:50 000 y 1:25 000.

Algunos de los propósitos del mapeo son proporcionar información que facilite la gestión del territorio, por ejemplo con fines agrícolas, mediante la identificación de los recursos naturales y la capacidad del suelo; o estratégica, referida a su estado para desarrollar políticas nacionales.

Otros de los contenidos del libro tratan sobre la relación del suelo con el medioambiente, y con el uso de la tierra (productividad). Pero el entrevistado, especialista en fertilidad y nutrición, destaca el espacio dedicado al efecto negativo del cambio climático en el suelo y las acciones que se pueden ejecutar para mitigarlo.

“No se exagera al hablar de esto. El incremento de la temperatura en un grado Celsius, o en fracciones de este, afecta de forma notable la producción agrícola, porque los cultivos son más fácilmente atacados por plagas. Además, con la elevación del nivel del mar, el agua entra, contamina los suelos y crea procesos de salinización que les impide producir”, explica Muñiz.

Una piel que se desgasta

Los expertos que contribuyeron con la concepción del atlas comentan en el texto que el término suelo puede tener acepciones distintas según a quién se le pregunte. Aseguran que, si bien para muchos habitantes de la ciudad significa suciedad, polvo o barro, para un agricultor o ingeniero agrónomo es sinónimo de “terreno”. El ingeniero civil o el arquitecto lo ve como área de trabajo o base para infraestructuras, en tanto el biólogo encuentra allí un ambiente de interés, a menudo poco conocido y explorado. El ecólogo reconoce en este el escenario cardinal para multitud de ciclos biogeoquímicos y la clave para la restauración de ecosistemas.

“Ninguna de estas visiones es incorrecta; sin embargo, el suelo es mucho más: se le puede considerar la piel de nuestro planeta. Una definición universalmente aceptada lo muestra como ‘cualquier material suelto en la superficie de la Tierra capaz de sustentar la vida’”, aclara el texto.

Olegario Muñiz, desde sus 44 años de experiencia manoseando motas de suelo, lo percibe como un ser vivo. “La materia orgánica, que contiene bacterias, macrofauna y microfauna, le brinda propiedades biológicas y favorece las químicas (nutrientes), y sobre todo las físicas, que permiten hacer un mejor aprovechamiento de esos nutrientes”.

Con meridiana claridad se refleja en el atlas la importancia de los suelos. Aunque muchas veces no se aprecie como tal, es el centro de casi todos los procesos de los que dependen los ecosistemas: proporciona, regula y hace de soporte de numerosos servicios de estos, de los cuales dependen la seguridad alimentaria, el control de inundaciones y enfermedades, y, por tanto, el bienestar de la humanidad, así como el patrimonio cultural.

Además de ser la base de las actividades humanas, es fuente de materias primas, y gran potencial como sumidero de carbono, lo cual reduce el efecto invernadero. Otros datos de la publicación indican que los suelos de Latinoamérica y el Caribe (LAC) poseen la mayor biodiversidad del planeta, con seis de los 17 países megadiversos del mundo.

Por ser muy lenta su regeneración, debe considerársele un recurso no renovable y cada vez más escaso, debido a que está sometido a constantes procesos de degradación y destrucción de origen natural o antropogénico. Lo que es lo mismo, el deterioro o la pérdida total de la capacidad productiva a corto y largo plazos. En la región, las áreas más afectadas por estas causas son México y Centroamérica. “La FAO estima que el 14 por ciento de las tierras degradadas del mundo está en LAC, afectando a 150 millones de personas”.

Los suelos de casa

Suelo Ferralítico Rojo de la llanura Habana-Matanzas. (Foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

Suelo Ferralítico Rojo de la llanura Habana-Matanzas.
(Foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

Al licenciarse en Química, en 1970, aquel hombre nacido y criado en el centro de La Habana fue a dar a la Estación Experimental La Renee, en el municipio de Quivicán, hoy provincia de Mayabeque. “No sabía nada de campo. Lo primero que hice fue montar el laboratorio. Mis planes eran hacer el servicio social e irme, sin embargo trabajé allí durante 37 años -cuando la cerraron- y pasé a la sede del Instituto de Suelos, donde aún laboro”, cuenta Muñiz.

La declaración de 2015 como Año Internacional de los Suelos, a propuesta de la FAO, coincidente con el 50 aniversario del Instituto de Suelos y el 30 de la Sociedad Cubana de la Ciencia del Suelo, colma de razones para celebrar a los investigadores del tema. Pero también del ánimo necesario para concienciar a los productores y población en general -sobre todo a quienes deciden sobre este recurso silencioso- acerca de la urgencia de ir al manejo sostenible para detener y revertir su degradación, considerada un gravísimo problema en el mundo.

“En el caso de los suelos cubanos, al menos el 75 por ciento está afectado por un factor limitante de su productividad. Ello quiere decir que tienen algún grado de degradación -apunta Olegario Muñiz-. Fíjese que, a partir de estudios nacionales, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente declara al suelo como el principal problema ambiental que tiene Cuba”.

El especialista menciona que en el atlas hay una sección dedicada a los suelos del área geográfica desde una perspectiva nacional, con lo más característico de cada país. “Cuba propuso sus problemas de salinización y la experiencia de la agricultura urbana, logro bien conocido. En otro aparte se habla de nuestro Programa de Conservación de Suelos”.

Uno de los organopónicos de La Habana

Organopónico en La Habana.
(Foto: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO)

El país lo financia mediante el presupuesto del Estado, con vistas a que los productores apliquen las medidas establecidas en ese esquema. Una de estas es el uso del abono verde. Se trata de cultivar generalmente una leguminosa, la cual crece rápido (40 a 45 días) y produce mucha biomasa. Después de ese lapso se corta e incorpora al suelo para que se descomponga y le aporte materia orgánica. “Pero decirle a un campesino que produzca durante tantos días algo para enterrarlo es un problema, aunque el gasto en esa actividad se reponga”, certifica Muñiz.

Él insiste en la necesidad de impedir que disminuya el contenido de materia orgánica del suelo, entre los efectos mayores de degradación en condiciones tropicales que ocurren, por ejemplo, con el uso del laboreo intensivo, un error muy arraigado en Cuba, contra el que se batalla.

Hay una alarma generalizada ante la escasez y los precios de los alimentos del agro (situación multifactorial), pero también un gran desconocimiento acerca de esa cubierta que garantiza el sustento. El Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe pretende llegar al público en general, al sector educativo y a los responsables de las políticas ambientales, agrícolas y sociales. Sus creadores aspiran que se convierta en una referencia ampliamente utilizada. Por ahora, los interesados lo pueden consultar en el sitio de Internet: http://eusoils.jrc.ec.europa.eu/library/maps/LatinAmerica_Atlas/Documents/LAC.pdf

Se estima que el crecimiento poblacional demandará una mayor producción de alimentos y servicios ambientales, por lo que aumentará la presión sobre los suelos, de ahí la importancia de garantizar su fertilidad. Ojalá finalmente aprendamos la lección de nuestros ancestros, aquellos para quienes cultivar la tierra era el eje alrededor del cual giraba la vida.

 

Aunando voluntades

La ciencia que estudia la composición y naturaleza del suelo en su relación con las plantas y el entorno se denomina Edafología, mientras que la Pedología se ocupa de su formación, clasificación, morfología y taxonomía, además de la interacción con el resto de los factores geográficos.

La FAO estableció hace dos años la Alianza Mundial por el Suelo, para promover el manejo sostenible de este recurso e incluirlo en las diversas agendas de desarrollo. Una de las acciones dirigidas a lograrlo es la publicación del Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe, en cuya autoría se incluyen otros cubanos: Dalmacio Bosch, Emma Fuentes, Alberto Hernández, Raúl Marsán, Juan Miguel Pérez y Luis Rivero.

 


Bárbara Avendaño

 
Bárbara Avendaño