0
Publicado el 24 Julio, 2020 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

 EQUIPOS MÉDICOS

Mis buenos aires queridos

La pandemia de la COVID-19 obligó a los cubanos a fabricar los ventiladores artificiales que les negó el bloqueo
Ventilador artificil

(Foto: mesaredonda)

Por TONI PRADAS

Cuenta el doctor Rafael Venegas Rodríguez, especialista en Terapia Intensiva y Emergencias del Hospital Militar Central Dr. Luis Díaz Soto, de La Habana (el conocido como Hospital Naval), que para los intensivistas, desde el punto de vista médico, los momentos más felices en su lucha contra la COVID-19 han sido aquellos en que desacoplaron del ventilador artificial a cada paciente.

El primero que el equipo de cuidados intensivos que él dirige extubó fue Antonio, recuerda el también mayor de los servicios médicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Antonio se le escapó a la muerte, literalmente. Tuvo algunas complicaciones propias de la ventilación mecánica en su evolución (no por la enfermedad o debido a los medicamentos), y se mantuvo siete u ocho días ventilado artificialmente mediante un artefacto que sustituyó temporalmente la normal función fisiológica de respirar.

“Después de Antonio, fue el médico; luego Orlando, el chofer de Transtur que transportó a los franceses y llegó crítico a nosotros. Le siguió Nury y así, de forma progresiva, todos los días dábamos esa satisfacción. Ellos eran extubados y al otro día estaban en plena capacidad física y mental”, recordó para BOHEMIA Venegas Rodríguez. “Como podían verse entre ellos a través de los cristales, cuando hacíamos el paso final del proceso, los pacientes que estaban recuperados se paraban y empezaban a aplaudir, motivando mucho más a quien acababa de salir de esa fase”.

Pero las palmas no iban dirigidas al inconmovible respirador, ese aparato que tiene la responsabilidad del suministro externo de oxígeno y aire medicinal. A través del mezclador interno, este genera una concentración determinada del gas que inspira el paciente. Entonces debe evitar la retención de dióxido de carbono, corregir la hipoxemia o falta de oxígeno, y mejorar el transporte de este, además de reducir el trabajo respiratorio del enfermo.

Durante el tsunami sanitario de la COVID-19, estas máquinas adquirieron una importancia nunca antes vista. Un porcentaje de pacientes infectados, al ingresar en las unidades de cuidados intensivos, requiere de ventilación mecánica, ya que desarrolla una neumonía que puede acabar en un Síndrome del Distrés Respiratorio Agudo (SDRA), patología que puede ser deletérea.

El coronel Julio Andrés Pérez Salido, director del Naval, apuntó que su hospital se preparó desde bien temprano para ventilar a más de 40 personas a la vez. Afortunadamente -aseveró el también especialista en Medicina Interna y Medicina Intensiva-, nunca tuvieron que utilizar ni siquiera 10 en un mismo intervalo, gracias al sistema protocolar que se creó en el país y al enriquecimiento de ese protocolo con proyectos de medicamentos de la ciencia cubana, los cuales también contribuyeron a disminuir la carga viral y a buscar bondades dentro de la enfermedad.

¿Qué habría sido de la nación si su sistema de prevención y de detección de posibles enfermos no hubiera sido efectivo? ¿Qué hubiera pasado en el Naval si la salud de más de 40 pacientes hubiera demandado, a la vez, ventilación artificial?

Distrés político

No hay que ser muy imaginativo para visualizar el caos: Muchos países de grandes recursos económicos, con sistemas de salud robustos tecnológicamente, sufrieron la amargura de ver a sus ciudadanos morir ante la imposibilidad de brindarles respiración asistida a sus arruinados pulmones.

La enfermedad COVID-19 mató, más que por el genoma de ARN del coronavirus SARS-CoV-2, por el colapso que provocó en los hospitales, atestados de personas necesitadas de atención. Fue así como se convirtió en “ciencia” una “ruleta” empleada para decidir quién tendría prioridad para ser asistido, mientras algunos trabajadores de la salud, impotentes, elegían suicidarse antes que soportar el dolor de ver morir a tanta gente entre sus manos.

Cuba, por su parte, a pesar de contar con un prestigiado y solidario cuerpo de médicos y enfermeros, podía haberse visto en un drama semejante al de aquellos países, si no se pertrechaba a tiempo con algunas técnicas hospitalarias intensivistas. Las autoridades sanitarias de la Isla, aun con la estrechez del erario nacional, cruzando los dedos para que el bloqueo de Estados Unidos no se impusiera ahora, en medio de esa emergencia humanitaria mundial, salieron al mercado en busca de tales recursos.

Rauda, la empresa de importación y exportación Medicuba S.A., del Ministerio de Salud Pública, tocó en las puertas de las empresas suizas IMT Medical Ag y Acutronic Medical Systems AG, consideradas líderes mundiales en el desarrollo y fabricación de los esenciales, ya bíblicos, respiradores artificiales.

Pero estas firmas, aun cuando tuvieron tratos previos con Cuba, negaron esta vez sus ofertas “invocando las sanciones comerciales, financieras y económicas de Estados Unidos”, según denunciaron las organizaciones helvéticas MediCuba Suiza y Suiza-Cuba.

“Lamentablemente, la directriz corporativa que tenemos hoy día es suspender toda relación comercial con MediCuba”, argumentaron los ejecutivos, según comunicó mediante su cuenta en Twitter el director general de América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex), Eugenio Martínez Enríquez. Las dos empresas fueron adquiridas hace dos años por la estadounidense Vyaire Medical Inc, con sede en Illinois.

Horas antes, casualmente, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, había llamado a “poner la política en cuarentena”, porque “hay miles de vidas en juego” por el peligro que representa el nuevo coronavirus.

Unas semanas anteriormente fue también bloqueado un envío de ayuda humanitaria a Cuba procedente de la fundación china Alibaba, debido a que la empresa transportadora era estadounidense y debía sujetarse a las vetustas políticas de embargo.

El bloqueo, como el distrés, asfixia.

Sin poder esconder su indignación, el profesor ingeniero Emilio Fernández Arenas, de la Universidad de Matanzas, escribió en la web del periódico Granma, justo bajo la nota que informaba sobre la denegación de los ventiladores: “Busquen en las universidades, seleccionen ingenieros mecánicos, eléctricos e informáticos. Quizás químicos. Busquen el respirador más sencillo y seguro. Por ingeniería inversa ‘se fusila’ y después se adapta a nuestras condiciones reales. Y… a fabricarlos. Después se harán diseños propios, se sacarán patentes y se perfeccionarán, pero ahora lleva una medida revolucionaria”.

Gendry, en cambio, también lector del diario digital, fue menos sutil: “Ya usted respondió, iba a decir lo mismo: ingeniería inversa y después hacemos el papeleo”.

Cuando llueve y hace sol…

En aquella tormenta de ideas, generada en la plataforma 2.0 de la web, Adrian (así, a secas) chismeó: “Yo estoy en un grupo de Telegram, en el cual [participan] jóvenes universitarios que están haciendo prototipos de respiradores con impresoras 3D”.

Ventilador pulmonar de emergencia desarrollado por Cneuro. Foto Cneuro

Ventilador pulmonar de emergencia desarrollado por Cneuro.  (Foto Cneuro)

Adrian no sabía entonces que especialistas del Centro de Neurociencias (Cneuro, perteneciente al Grupo Empresarial BioCubaFarma), se habían ajustado los guantes para desarrollar ventiladores pulmonares, antes que sentarse a llorar sobre una piedra.

Tres meses después, a mitad de julio, dieron a conocer a los medios de comunicación que el país podía contar ya con 500 nuevos equipos, salidos de la innovación y el conocimiento científico de su centro en unión con otras instituciones. Como reza el dicho, la necesidad es la madre de las invenciones.

De ese total, 250 respiradores corresponden de la variante “invasiva”, es decir, los que se acoplan al paciente mediante intubación, utilizados en enfermos graves y críticos. Los otros 250 son “no invasivos”, los cuales se aplican en casos menos graves.

Como dice otro proverbio: cuando llueve y hace sol, sale de paseo el caracol. Así fue, como mismo ocurrió cuando otros apretones en la historia del bloqueo estadounidense resultaban opresivos, que el país enrumbó sus pasos sobre un nuevo sendero hacia el desarrollo, la soberanía tecnológica y la autosostenibilidad.

Entrevistado por la colega Krystel Aspillaga Rojo, del Canal Caribe, el doctor en Ciencias Mitchell Valdés Sosa, director del Cneuro, explicó el milagro: “Se tomaron códigos abiertos, que es una tendencia mundial de la ciencia: compartir la información, y ha habido más generosidad ahora, con la pandemia”.

Tal como expuso, existe un modo para el ventilador invasivo, para el cual se tomó un código del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de Estados Unidos. Para el otro, el no invasivo, se eligió una versión inglesa, de la University College London (UCL), un centro de estudios superiores público del Reino Unido. En ambos casos los prototipos fueron adaptados por los especialistas, según condiciones de producción cubanas existentes.

En su intervención para la tele, aseguró Valdés Sosa que 70 por ciento de los equipos que se utilizan en la terapia intensiva se pueden fabricar en el país. Por tanto, el objetivo que se han trazado es seguir avanzando para lograr una mayor autonomía en la fabricación de estos.

Sépase que un respirador no es un aparato sencillo. Existen diferentes formas de dar asistencia mediante modalidades ventilatorias, que permiten al clínico ofrecer distintas terapias y estrategias, ya sean por presión o por volumen de aire. Además, debe proteger en la medida de lo posible al pulmón, evitando generar lesiones inducidas por la ventilación.

Para ello, los respiradores cuentan con sistemas de seguridad, sensores, e información, que ayudarán al clínico a proporcionar una ventilación lo más efectiva y segura posible. Igualmente, el artilugio cuenta con mecanismos capaces de detectar la actividad respiratoria espontánea de los pacientes, adaptándose a sus necesidades y facilitando así la ventilación mecánica.

Esa es la razón por la que los respiradores actuales se componen de un bloque neumático, un bloque electrónico y un sistema de control; todo regulado por microprocesadores y gestionado por un software. A la par, cuentan con mecanismos capaces de detectar actividad respiratoria espontánea de los pacientes, adaptándose a sus necesidades y facilitando así la ventilación mecánica.

3-Viseras impresas en 3D con modificaciones para ahorrar material y garantizar mayor ventilación. Abel Bajuelos Rizo Cubahora

3-Viseras impresas en 3D con modificaciones para ahorrar material y garantizar mayor ventilación. Foto Abel Bajuelos Rizo Cubahora

También el Cneuro realizó el diseño digital de varias piezas y otros productos, como pantallas faciales y trajes de protección de diferentes tipos, delantales y cajas para las unidades de cuidados intensivos, de conjunto con la empresa gráfica suiza Agostini GmbH, radicada en La Habana.

Presente en la Isla desde hace más de 20 años, Agostini GmbH representa en Cuba a una decena de fabricantes de excelencia provenientes exclusivamente de varios países, entre estos Suiza, Alemania, Italia y el Reino Unido.

De sus productos destacan los equipos de cortes en los procesos de grabado con láser, para aplicarse en vidrio, plástico o madera, hasta caucho, cuero, metales, cartón y textiles, y otros. También equipos para copiar y elaborar objetos en tres dimensiones, así como insumos para la impresión 3D.

Un grupo de “hacedores” cuentapropistas, coordinado por Abel Bajuelos Rizo, fabrica junto a Cneuro hisopos para las pruebas de PCR. Estos, garantizan que se recoja el material genético viral con el menor contacto posible con la superficie. (Foto: ABEL BAJUELOS RIZO/cubahora.cu)

Un grupo de “hacedores” cuentapropistas, coordinado por Abel Bajuelos Rizo, fabrica junto a Cneuro hisopos para las pruebas de PCR. Estos, garantizan que se recoja el material genético viral con el menor contacto posible con la superficie. (Foto: ABEL BAJUELOS RIZO/cubahora.cu)

Cneuro, en unión con las industrias militares, el Centro Nacional de Electromedicina, empresas del Ministerio de Industrias y BioCubaFarma, y trabajadores por cuenta propia, emprendió además la producción de los hisopos que se utilizan para recoger muestras de secreciones de faringe para realizar pruebas de diagnóstico de PCR en tiempo real, y viseras impresas en 3D con modificaciones para ahorrar material y garantizar mayor ventilación.

Asimismo, todos los dispositivos y aditamentos para los sistemas de ventilación, incluido el circuito de pacientes, según contó el doctor en Ciencias Anselmo Breto Vázquez, subdirector general de Cneuro, a la periodista Angélica Arce Montero, para un especial del programa televisivo Mesa Redonda.

De manera que cada paciente que requiera ventilación artificial no solo tenga su máquina, sino que tras sobrevivir pueda engolar su voz y gritar entre los aplausos: “mis buenos aires queridos…”.


Toni Pradas

 
Toni Pradas