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Publicado el 25 Febrero, 2021 por Toni Pradas en Ciencia
 
 

Cuatro jinetes contra el apocalipsis

No muy lejos de los más adelantados y sin dejarse arrastrar por la primera gran contienda del siglo XXI, Cuba ensaya cuatro vacunas con signo soberano y solidario
Los científicos cubanos se traen entre manos cuatro vacunas que prometen ser exitosas, soberanas y solidarias. (Foto: ISMAEL FRANCISCO / CUBADEBATE)

Los científicos cubanos se traen entre manos cuatro vacunas que prometen ser exitosas, soberanas y solidarias. (Foto: ISMAEL FRANCISCO / CUBADEBATE)

Por TONI PRADAS

No es como para presumir mucho, pero a un año de declararse oficialmente la actual pandemia provocada por un poco agraciado coronavirus, el SARS-CoV-2, la humanidad parece estar en condiciones de resolver la crisis higiénica provocada. ¿O no?

En tan breve lapso (que parece una eternidad, es cierto), médicos y científicos han conseguido hacerse de conocimientos para entender mejor las maniobras de su microscópico rival, y hasta se han apertrechado con una artillería de reorientados medicamentos y otros nuevos, capaces de paliar la enfermedad en los pacientes.

Gracias a un equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde Wuhan, China, lugar donde se detectó el nuevo coronavirus por primera vez, hemos confirmado recientemente, por ejemplo, que el SARS-CoV-2 tiene un origen zoonótico. Los expertos, eso sí, aún no han logrado identificar la especie que lo originó o que actuó como huésped y facilitó su paso a los humanos.

Sin embargo, han podido descartar otras hipótesis manejadas: la transmisión a partir de alimentos congelados, o como resultado de la fuga “extremadamente improbable” de un laboratorio. También han definido como “poco probable” el traspaso directo del microorganismo de murciélagos a humanos.

Sabemos más, está claro. Pero, aun así, la covid-19 sigue expandiéndose como tinta derramada sobre formica y a veces hasta logra derrumbar nuestro optimismo al ver crecer los guarismos de víctimas, la mayoría por indolencias personales o institucionales.

Alguien incluso ha afirmado que buena culpa de esa indiferencia la tiene el saber que de un momento a otro vendrán a salvarnos a todos con la lotería de una vacuna. Así, hemos confiado toda nuestra suerte a ese milagro y por ello hemos descuidado las más elementales recomendaciones para protegernos de un contagio.

Afortunadamente, de entre cientos de propuestas en análisis, ya contamos con un puñado de vacunas, avaladas tras una inusualmente veloz fase III (etapa de prueba masiva) que ha solapado algunos procesos investigativos. Como sabemos, descubrir exitosamente un fármaco de este tipo suele tardar varios años de estudio.

Empero, la urgencia ha obligado a excepcionalmente cambiar los ritmos y quizás eso pueda determinar que algunos productos hayan resultado más efectivos que otros. De hecho, es todavía una incógnita cuánto durará la respuesta inmune. O si los vacunados, a pesar de estar protegidos, pudieran infectar a otros (se cree ahora, sin confirmación científica, que al tener una carga viral menor las probabilidades disminuyen). Tampoco existen pruebas para usar la vacuna en ciertos grupos de edad, por ejemplo, los niños, por lo tanto seguirán estando en riesgo de enfermar y, en consecuencia, de transmitir el virus a otras personas.

Tres de las vacunas actualmente más avanzadas son de origen chino: del Instituto de Productos Biológicos de Wuhan y Sinopharm, del Instituto de Productos Biológicos de Pekín y Sinopharm, y del Instituto de Biotecnología y CanSino Biological Inc.

Otra es del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca. La quinta, estadounidense, está siendo desarrollada por la firma Moderna y el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos; y la sexta, germano-estadounidense, de Pfizer con FosunPharma y BioNTech.

En el ínterin, la mayor controversia la ha provocado Rusia, que tiene al menos dos candidatos viables. Uno fue desarrollado por el Centro Estatal de Investigación en Virología y Biotecnología Véktor. El otro es la vacuna del Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, un gol que los rusos nombraron simbólicamente Sputnik V, mientras Occidente insiste en llamarle “la vacuna de Putin”.

Sputnik V es una vacuna de vector y se sustentó en trabajos previos conectados con el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente. Eso explica el porqué de su descubrimiento precoz, que dejó tan perplejos a sus competidores tecnológicos como si no fuera posible sacar de la nevera comida precocida.

Es que la rivalidad no ha sido solo científica; también se ha extendido al espectro geopolítico. Durante los últimos meses hemos sido testigos de una campaña que ha intentado desacreditar la valía de Sputnik V. Hasta que, más recientemente, algunos países que la negaron han reconsiderado comprarla, no solo por su calidad demostrada por peritos, sino por su competitividad económica.

Pero se ha demandado, sobre todo, porque los países más ricos ya habían reservado y pagado millones de dosis a los grandes laboratorios, incluso antes de validarse. Querían garantizar vacunas cuanto antes en una suerte de “nacionalismo preventivo”. Muchos juzgaron esa bondad como un vulgar egoísmo propio del Titanic.

Es decir, solo alrededor de una docena de naciones tiene acaparada la disponibilidad inmediata de antígenos. Y lo peor es que la gran demanda no podrá ser satisfecha debido a los ritmos actuales de fabricación industrial. También se necesitarán patentes libres. Pero aún en ese caso, si no se comparte el conocimiento al minuto para evitar desigualdades, no se podrá curar a todos a tiempo, y este es ya un factor más importante que el precio del bulbo.

Alegra saber que el número de vacunados contra la enfermedad ya supera en estos momentos la cantidad de casos nuevos. Sin embargo, la proporción de personas protegidas es de, por ejemplo, apenas 1.5 por ciento de la población de los países de Europa, donde ya se ha comenzado un programa de inmunización.

También existen otros desafíos. El más importante: la aparición de nuevas cepas del virus, más peligrosas por su poder de propagación. Desde luego, las formulaciones iniciales de los candidatos vacunales existentes no previenen contra esas mutaciones y en algunos casos no será tecnológicamente posible reforzar su poder protector al aplicarse una tercera dosis de antígeno.

Es el caso de la vacuna desarrollada por la farmacéutica Novavax Inc., que demostró no funcionar tan bien contra las mutaciones que circulan en Gran Bretaña y Sudáfrica. Cuanto más se propaga el virus, dicen los versados, más probable es que una nueva variante sea capaz de eludir las pruebas, tratamientos y vacunas actuales.

Dicho con otras palabras, el planeta no contará por ahora con un medicamento mágico que le permita dormir a pierna suelta.

No dejan de tener razón, pues, quienes afirman que el forcejeo por hacerse de la vacuna constituye la primera gran contienda del siglo XXI. Solo que, a diferencia de la Primera Guerra Mundial, recordada por sus máscaras antigás, el desasosiego provocado por la actual crisis sanitaria, socioeconómica y medioambiental no podemos ocultarlo sino con livianas mascarillas a prueba de saliva.

En busca de la respuesta inmune adecuada

Soberana02 Estrategia

Los científicos cubanos, quienes suelen ser muy discretos respecto a publicitar sus desvelos e investigaciones, hicieron girar las cámaras hacia La Habana en agosto pasado al anunciar su entrada en el exclusivo club de países desarrolladores de vacunas anticovid. Mas su impronta tuvo un sello peculiar: no se enfrascaban en uno, sino en varios proyectos que utilizaban esencialmente tecnologías propias, exitosas en otros antígenos modelados en la Isla.

Apostaban, además, a una filosofía de soberanía científica y farmacéutica y así, no menos importante, de solidaridad con otras naciones interesadas en la medicina. Todo lo anterior se corrobora con el reciente anuncio de la creación de capacidades para producir 100 millones de dosis, cifra que desborda la demanda interna, de apenas una docena de millones de habitantes.

Para enfrentar la pandemia, la nación cuenta hoy con cuatro aspirantes vacunales en diferentes niveles de ensayo clínico. Decisivos serán entonces marzo y abril de 2021 para que los investigadores ratifiquen masivamente la efectividad de sus productos más avanzados. También podrían determinar cuán útiles serían poniendo freno a las nuevas mutaciones del coronavirus.

De no haber contratiempos, el candidato Soberana 02 estará en su fase III de ensayos clínicos desde el 1o de marzo, luego de haber mostrado en sus etapas de estudio II A y II B gran seguridad y una respuesta inmune potente, con memoria de larga duración. Ya la industria biofarmacéutica local liberó el primer lote de 150 00 bulbos para igual cantidad de voluntarios de La Habana, la provincia con mayores índices de transmisión en las últimas semanas.

Soberana 02 es una vacuna conjugada, en la cual el antígeno está enlazado químicamente al toxoide tetánico. También emplea hidróxido de aluminio para estimular la respuesta del sistema inmune. Su segundo período de ensayos comenzó el 22 de diciembre.

El Instituto Finlay de Vacunas, líder de ese proyecto, desarrolló también el candidato Soberana 01 (mostró elevada seguridad en su fase I, sin efectos adversos importantes) y otras variantes de esa primera propuesta, entre estas Soberana 01 A y Soberana 01 B.

Por su parte, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) ideó otras dos candidaturas: Mambisa, que se aplica por vía nasal; y Abdala, administrada de forma intramuscular. Estas, y otras en procesos más tempranos, buscan introducir un tipo de respuesta inmunológica desde la primera barrera que el cuerpo interpone al virus (en el caso de Mambisa, el sistema nasofaríngeo).

Ambas instituciones científicas cuentan con la colaboración de varios laboratorios del país para llevar a buen puerto esos cuatro avanzados jinetes cruzados contra el apocalipsis.

Para algunos, trabajar a la vez en varios candidatos aumenta el riesgo de dispersar talento y recursos. Sin embargo, para los científicos del país es imprescindible para aspirar a alcanzar cuanto antes la respuesta inmune adecuada, su principal objetivo.

“Decidimos que el camino era diversificar las alternativas para poder vencer ese reto de manera eficiente y clara. Este es uno de los pilares fundamentales de nuestra estrategia”, puntualizó el doctor Vicente Vérez Bencomo, director general de Instituto Finlay.

Otro pilar es –dijo– la estrategia front-runner (“corredor avanzado”): aquella fórmula que se destaca entre varias no espera por ninguna de las otras en desarrollo, sino que se lleva hacia adelante.

Según valoró hace unas semanas la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), la pequeña nación caribeña está por delante de muchos países más desarrollados en la carrera por encontrar de forma rápida y eficaz una vacuna de emergencia contra la covid-19.

Sería entonces alguna de esas potenciales vacunas la primera producida contra el virus SARS-CoV-2 en América Latina, región extremadamente afectada por la enfermedad y en la que existen otros proyectos iniciados por Chile, Brasil, Argentina y, más recientemente, México, con su antígeno tentativamente llamado Patria.

No es secreto que Cuba posee una gran experiencia en el desarrollo de antígenos y que tener la soberanía en la producción de estos, le ha permitido alcanzar ciento por ciento de cobertura en el programa de inmunización (ocho vacunas de las que se utilizan en ese programa son fabricadas en el país).

Según ilustró el doctor Eduardo Martínez Díaz, presidente de BioCubaFarma (el grupo empresarial cubano de industrias biotecnológicas y farmacéuticas), la cobertura vacunal del país está entre los niveles más altos en el mundo, lo cual ha permitido disminuir significativamente la incidencia de muchas enfermedades.

Por ello, la Onudi no se limitó a resaltar la fortaleza de la biotecnología nacional, sustentada en décadas de experiencia e inversión en los sectores biotecnológico y farmacéutico, a contrapelo del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto; también precisó que, en un contexto internacional marcado por disputas sobre la distribución equitativa de las vacunas y la inmunización de unos pocos frente al resto, los fármacos cubanos podrían proporcionar un potencial salvavidas a los países en desarrollo.

“La estrategia de Cuba de comercializar la vacuna tiene una combinación de humanidad y de impacto en salud, y la necesidad que tiene nuestro sistema de sostener (financieramente) la producción de vacuna y medicamentos para el país”, expresó Vérez Bencomo. “No somos una multinacional donde el retorno (financiero) es la razón número uno. Funcionamos al revés: creamos más salud y el retorno es una consecuencia, no la prioridad”.

Por su parte, el doctor Martínez Díaz no descarta la posibilidad de que Cuba pueda lograr exitosamente más de una vacuna para diferentes poblaciones: “Una para niños y otra, a lo mejor, para un grupo de personas entre 19 y 60 años”.

Aseguró, igualmente, que a partir de los resultados de los estudios clínicos de Soberana 02 en la fase III, y conociendo los resultados de otras vacunas internacionales, “podríamos aspirar a un uso de emergencia para empezar a hacer vacunaciones masivas a las personas de mayor riesgo”.

La meta entonces –así se adelantó– es que en el primer semestre de este año una parte de la población cubana esté vacunada.

Cuando la ciencia ficción se hace ciencia
El Centro de Estudios Avanzados de Cuba (CEA) inventó, mediante nanotecnología, un reactivo para, con el PCR en tiempo real, diagnosticar el coronavirus. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)

El Centro de Estudios Avanzados de Cuba (CEA) inventó, mediante nanotecnología, un reactivo para, con el PCR en tiempo real, diagnosticar el coronavirus. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)

El pasado mes de enero, la directora del Centro de Estudios Avanzados (CEA), doctora Angelina Díaz García, hizo público el desarrollo de un reactivo de laboratorio que permite extraer el material genético para las pruebas PCR en tiempo real, encargadas de la detección del virus SARS-CoV-2.

La particularidad, sin embargo, reside en que se obtuvo con nanotecnología, algo que todavía nos suena a ciencia ficción, como mismo parece de ciencia ficción la edificación donde lo lograron.

El producto, según comentó la científica, funciona a través de una extracción magnética del ARN, que es el paso previo para hacer el PCR. “Hay que abrir el virus, sacar el ARN y concentrarlo”, explicó lo fácil que puede parecer esa tecnología de punta.

Este año, añadió, esperan hacer los propios kits cubanos a fin de alcanzar las 20 000 extracciones diarias, a partir de un encadenamiento productivo que implica a varias instituciones, incluyendo un trabajador por cuenta propia. El objetivo es llegar a hacer en 2022 el equipo que hace el PCR en tiempo real, no solo el extractor.

Y otra muy buena notica de última hora:

 


Toni Pradas

 
Toni Pradas