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Publicado el 29 Octubre, 2015 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

16º FESTIVAL DE TEATRO

A proscenio… memorias de una fiesta

Mecánica: una “casa de muñecas” con sabor a Cuba

Mecánica: una “casa de muñecas” con sabor a Cuba

Por: ROXANA RODRÍGUEZ
Fotos: LEYVA BENÍTEZ

La sala oscura volvió a ser principio y fin de una travesía de energías, sensaciones, encuentros y rupturas. El escenario a media luz, la actriz/el actor, la acción, el público mismo, se fundieron en la amalgama de lenguajes, relatos, significados que es en sí el arte escénico. El 16º Festival de Teatro de La Habana (FTH) dejó su impronta entre los cubanos con un proyecto curatorial que privilegió el buen hacer teatral y la diversidad conceptual. Como cada edición, se creció entre la pluralidad de derroteros, estéticas y estilos que hoy coexisten en el panorama teatral a escala mundial.

Artistas de más de 20 naciones congeniaron con creadores del patio en una selección que se extendió a los principales espacios de la capital y varias subsedes en provincias. Teatristas y espectadores, protagonistas activos y pasivos del suceso escénico, hallaron instantes de confraternización más allá de las propuestas artísticas concebidas para las salas teatrales, plazas y parques.

A partir de un conjunto de conferencias magistrales, el encuentro teórico profundizó sobre el arte de la dirección escénica, ese rol esencial tan polemizado en la actualidad e indispensable en los complejos y renovados modos de creación contemporáneos. No fue azar que esta fiesta dedicara varias de sus jornadas al director británico de teatro y cine Peter Brook –todavía en activo a la luz de sus cercanos 90 años- y al Teatro Buendía, liderado por la maestra Flora Lauten, en sus tres décadas de existencia.

La chilena Malucha Pinto, de Teatro Aracataca Creaciones; los alemanes Lisa Lucassen y Mieke Matzke, del grupo She She Pop; el mexicano Gabriel Yépez, entre otras figuras del universo de las tablas a nivel internacional, sublimaron el espacio destinado a la reflexión que, para mayor regocijo, contó con presencias de lujo: la actriz londinense Julia Varley, miembro del grupo Odin Teatret, de Dinamarca y su director y fundador, el italiano Eugenio Barba, quien es considerado uno de los exponentes más notables de la teoría y práctica teatrales del siglo XX y el presente.

Barba, reconocido precursor de los conceptos de la antropología teatral, sostuvo un encuentro con los seguidores del arte escénico de la mayor de las Antillas y ante un auditorio especialmente joven declaró: “El teatro es la máscara a través de la cual puedo ser libre, romper normas, subvertir mensajes que no están generalizados. Me revela la grandeza de las personas anónimas”.

Un acercamiento a la creación audiovisual de Peter Brook ocurrió en el Multicine Infanta con la muestra El teatrista detrás de la cámara, conformada por algunas de sus películas. Asimismo, se proyectó el documental Tell me Lies, realizado en 1968, y laureado en el certamen de Venecia. La cinta (restaurada en 2012) aborda la violencia de la guerra en Vietnam desde una particular visión y fue presentada en La Habana por el director y productor de audiovisuales Simón Brook, primogénito del realizador de El señor de las moscas, El Mahabharata, Marat/Sade, entre otras obras fílmicas.

Glosas sobre la selección antillana

Broadway Rox, de la estadounidense compañía de teatro y música Nederlander Worldwide Entertainment, revivió nostalgias y alegrías con temas antológicos del repertorio universal

Broadway Rox, de la estadounidense compañía de teatro y música Nederlander Worldwide Entertainment, revivió nostalgias y alegrías con temas antológicos del repertorio universal

Recordar es volver a vivir sugiere un viejo aforismo; y esa fue la carga de emociones que suscitó apreciar, en la jornada inaugural, la obra Charenton, a cargo del grupo Teatro Buendía, justo cuando hace una década, en el 12º FTH, el montaje marcara la memoria colectiva de toda una generación por sus imágenes, conceptos y presupuestos excepcionales. Ese, sin duda, devino el tributo a las artistas y pedagogas, Flora Lauten y Raquel Carrió, y a tantos que se formaron y crecieron como teatristas y seres humanos en aquella iglesia ortodoxa deslucida, de Loma y 39, que desde hace 30 años sirve de sede al colectivo.

Música, danza, teatro, artes gráficas y visuales concordaron en Cuento de amor en un barrio barroco, de Teatro de las Estaciones, incluido en la muestra infantil, un regalo legítimo para los sentidos que impresionó por la espectacularidad, el manejo de títeres de distintas variantes y la presencia del cantautor santiaguero William Vivanco, como eje central de la fábula. Temas populares del bardo se conectan a la historia y enriquecen la partitura dramática, concebida por el propio Rubén Darío Salazar; en tanto, reivindican códigos e íconos de nuestra ascendencia cultural.

No es secreto que la tendencia a lo performativo distingue la estética de El Ciervo Encantado, liderado por Nelda Castillo; la reposición de Triunfadela no fue la excepción. Este performance en escena, estrenado durante la 12ª Bienal de La Habana, en mayo último, logró armonizar de manera coherente y sugestiva lo sensorial y lo simbólico para movilizar la memoria, desde el diálogo y la confrontación entre el pasado y el presente, entre la “representación” y la realidad, a partir de la mediación del público como sujeto activo involucrado en el suceso artístico.

Al margen de estos apuntes, otros montajes sugestivos conformaron la selección criolla y se alzaron como lo más notable visto desde la anterior edición hasta hoy. Mecánica, escrita por Abel González Melo, y defendida lustrosamente por Argos Teatro bajo la batuta de Carlos Celdrán, se alzó como el paradigma del creador comprometido con el arte y su tiempo. Los jóvenes, avezados protagonistas de la escena nacional de ahora mismo, canalizaron inquietudes, preocupaciones y dudas generacionales con Harry Potter: se acabó la magia, un work in progress de la compañía El Público, dirigida por Carlos Díaz y que sirve de ejercicio académico de estudiantes de arte. Figuras, personajes, hitos de la cultura local y universal encontraron una plaza de expresión y autenticidad en la gama elegida para este Festival.

Marcando puntos cardinales

Los ladrones, del grupo peruano Teatro Cuer2, mostró una exploración hacia otras formas de diálogo teatral

Los ladrones, del grupo peruano Teatro Cuer2, mostró una exploración hacia otras formas de diálogo teatral

Apenas se descorrían los telones del encuentro bienal y el colectivo peruano Teatro Cuer2 presentaba Los ladrones, una indagación experimental en torno al concepto que predomina sobre Chullachaki (ser mítico sin alma, propio de la Amazonía sudamericana). Con el empleo de diferentes objetos y recursos escénicos, cargada de matices fantasmales, esta obra de creación colectiva intentó generar formas diferentes de relación con el espectador, en medio de una atmósfera lúgubre.

Desde un tono también sombrío se presentó Los nadies, escrito y dirigido por Carolina Calema. Esta propuesta de España cuestiona asuntos como la incomunicación, la soledad, el egoísmo, la invisibilidad del prójimo, el miedo a la pérdida, matizado con una poética singular y absurda de entender la realidad.

El conflicto de identidad que desuela a la mujer artista y emigrante, sus crisis existenciales y la asimilación de una cultura que no es la autóctona fue la propuesta de Writing in sand (Escribiendo en la arena), una coproducción de Estados Unidos y Cuba, con el patrocinio de FUNDarte, la organización que promueve y estimula las formas de creación movilizadoras de la conciencia social. Igualmente estadounidense, Elizabeth Isaacs Doud convidó a reflexionar sobre la contaminación de las aguas del planeta, con el performance La fábrica de lágrimas de sirena, un proyecto resultante de la investigación para su tesis doctoral.

La creación contemporánea alemana aportó varios montajes que atrajeron a los adeptos foráneos y cubanos. Ayer dejé de matarme gracias a ti, Heiner Müller, de Teatro Konstanz; La consagración de la primavera, interpretada por She She Pop; Esta noche todo será diferente, la residencia artística liderada por el dramaturgo Roland Schimmelpfenning junto a los antillanos del colectivo El Cuartel, fueron algunas de las invitaciones que dieron constancia de la probada preferencia del público hacia las estéticas teutonas.

Nederlander Worldwide Entertainment, una de las más prestigiosas compañías de teatro y música en vivo de los Estados Unidos y del mundo, regresó a la escena de la Isla con el espectáculo Broadway Rox. Tras la huella de excelencia que cautivara al público en la edición 14º del Festival, ahora los géneros rock y pop hicieron vibrar al auditorio del coliseo capitalino Mella, interpretados por seis jóvenes estrellas de la agrupación.

El Festival de Teatro de La Habana, una vez más, devino casa y plataforma para contar la escena contemporánea universal y loca; y recomenzar la vuelta cíclica de cara a la próxima cita.

Reflexivo, irreverente y responsable

Asociada al FTH, desde mediados de octubre y durante un mes se exhibe, en la Galería municipal de Centro Habana La Moderna, Mi teatro cubano, exposición de grabados de Luis Lamothe Duribe. Con curaduría de Yana Elsa Brugal y Magnolia Moré, la muestra constituye “una apropiación de las puestas en escena de obras de la dramaturgia cubana, con una visión muy particular”. En ella se alude a María Antonia, Santa Camila de La Habana Vieja, Aire Frío, Réquiem por Yarini, Si vas a comer espera por Virgilio, Contigo pan y cebolla, Delirio habanero, La casa vieja, Andoba, Time Ball o Deporte nacional, Huelga, La cuarta pared, La repetición, Aquí en el barrio y Rampa arriba, Rampa abajo.

En declaraciones a BOHEMIA, el artista confesó sentirse atraído por el tema desde hace años, pues “vemos teatro a diario, en la vida cotidiana; y las problemáticas de muchas obras clásicas de las tablas cubanas todavía tienen vigencia”.

Por su parte, la Dra. Yana Elsa Brugal expresa en el catálogo de esta singular propuesta: “[…] no estamos ante un decorado, no retrata escenas de una pieza teatral, porque el artista graba sus propios testimonios, construye su individual teatralidad al desplegar la subjetividad creadora. En cada estampa calificada con su sello personal, localizamos un universo que encierra unidad de acción dramática, debido a que contempla principio y fin e interrelación entre las partes, haciendo vigentes las normas dramatúrgicas del teatro en su pintura”. El uso exclusivo de dos colores: blanco y negro, intenta otorgarles a las piezas mayor dramatismo. Asimismo, la estética de estos grabados “es comparable con el costumbrismo y sus mejores tradiciones del teatro cubano desde el siglo XIX”. (TANIA CHAPPI)


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez