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Publicado el 27 Septiembre, 2016 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Churrisco: “El humorista tiene que ser culto”

Goces y disquisiciones del destacado actor
Churrisco y su hijo Alejandro.

Le enorgullece el trabajo junto a su hijo Alejandro.

Por SAHILY TABARES

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Quizás usted desconoce o tal vez no recuerda su nombre real, con el que fue inscrito en La Habana el 19 de enero de 1947; seguro ríe con él, lo motiva a reflexionar. En escenarios de Cuba y otros países asume el humor como un ejercicio intelectual, el cual demanda retroalimentación, por ello se autoprepara, lee, escucha. Observador ingenioso, de verbo agudo, cultiva preceptos inviolables de su familia entregada por siempre al arte: “el saber no se improvisa, hay que estudiar”.

Octavio Armando Rodríguez Fernández dice ser un hombre afortunado. “Mi madre, Aleida Fernández, no fue actriz, mi abuela se lo prohibió. Contaba historias, películas, igual que el tío Joseíto. Ella vivió 99 años llena de alegrías y personajes. Leopoldo Fernández, mi abuelo, era escritor, coreógrafo, bailarín, actor cómico, montaba comparsas. Su labor trascendió a poco más de una decena de naciones en América Latina”.

A modo de confesión, habla más bajo.

“Siendo un niño iba a verlo al teatro García Lorca, y me interrogaba: ¿Cómo este señor hace reír a tantas personas? Poco a poco descubrí las claves del ingenio, pues solo prodigaba palabras, inteligencia, respeto a la tradición del humor cubano. Pensé: quisiera hacer lo mismo. Mis hermanos, Enrique y Miguel, eligieron diferentes manifestaciones artísticas”.

De los hijos, siente propios la cercanía de sus pasos, “Odette, es locutora en un canal de lengua inglesa. Alejandro, tras graduarse en la Escuela Nacional de Arte, se desempeña en géneros dramáticos diferentes. Como excelente comediante musical, canta, baila, actúa. Me siento muy orgulloso de él. Algunos preguntan: ¿no temes que te supere? Les respondo: perfecto, está cumpliendo la ley de la dialéctica, el desarrollo en espiral”.

Decálogo de Churrisco

La vida le hizo tomar rumbos impensados, estudió Traducción e Interpretación de Lengua Rusa en una universidad moscovita.

“Más tarde, durante 11 años, fui profesor de esa especialidad en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, les decía a mis alumnos: “el traductor e intérprete debe tener buenas cualidades oratorias, dominio del pleno disfrute de la conversación. Ambas condiciones son esenciales en el trabajo del actor humorístico, de lo contrario no cautiva a los públicos.

Octavio Armando Rodríguez Fernández, Churrisco.

Sus unipersonales hacen reflexionar.

“Cada personaje tiene sus peculiaridades. Churrisco, por el cual me conocen, se dio a conocer en la literatura a solicitud del Grupo Nos y Otros en los años 80. Presentamos varios espectáculos en la Casa del Creador donde apareció Armando Churrisco, pues siempre hacía “churros”, maldades, donde llegaba. Para él, creé vestuario, físico, gestualidad, fue popular. Inteligentemente –y perdonen la autosuficiencia-, no quise que me atrapara, solo incorporé el nombre, para hacer humorismo más libre”.

Fortunas del saber

Todo lo aprehendido influye en su desempeño profesional. Debutó en el escenario hace 40 años, “mantengo fidelidad hacia lo que considero esencial: la superación.

“En el Conjunto Nacional de Espectáculos, Alejandro García Virulo, me abrió las puertas con la colaboración de Jorge Guerra, el actor chileno, y Carlos Ruiz de la Tejera, maestro inolvidable. Él siempre será uno de los referentes más preciados, decía: mientras más cubano seas, más universal serás.

“Estudiamos voz y dicción, expresión corporal, danza, acrobacia, canto. Hay que forjarse para ofrecer espectáculos superiores. El éxito fácil es transitorio. Algunas personas se presentan a una audición, hacen el humor más fino del mundo; después tuercen el camino, incorporan el humor más grosero de la tierra.

“En la época de Twitter, Facebook e Internet, la comunicación transcurre a gran velocidad; hay que hablar rápido, pero manteniendo la cadencia, el tempo, sin afectar la dicción. Ninguno de estos requerimientos impide ser comedido.

“El artista necesita su brújula para orientarse. Adecuo el repertorio a las características del auditorio. Por ejemplo, México es un país que he recorrido casi completo. Allí no cambio nada. Hablo más despacio, siempre a lo cubano”.

Más allá del chiste

Es autor de la mayoría de sus monólogos y escribe para otros humoristas. No es un hombre de vano orgullo. Su modo de comprender la vida lo lleva por nuevos derroteros. Indaga, profundiza, investiga.

“No para ser sabelotodo, sino con el interés de reconocernos”.

Ningún medio cultural le resulta ajeno.

Luis Carbonell

En el programa radial El gusto es mío, Octavio rindió homenaje a Luis Carbonell.

“La radio es difícil. Algunos subestiman su importancia. Para mí, constituye una escuela. En la emisora Radio Progreso recibí el apoyo de la nunca olvidada actriz Marta Jiménez Oropeza y de Aurora Basnuevo, quien me enseñó peculiaridades del lenguaje radial. Fue grato, influyó en trabajos posteriores. Hice la conducción del programa humorístico El gusto es mío (Radio Taíno) con dirección de Bruno Suárez. Este espacio recibió premio en el Festival Nacional de Radio en 2005. El jurado destacó la entrevista que hice al maestro Luis Carbonell. No puedo referirme en pasado a su extraordinaria personalidad, lo distingue la cultura sólida, sigue vivo como memoria de la declamación y la poesía antillana.

“Los espacios de este tipo deberían incrementarse. El ICRT está abierto a proposiciones, es injusto decir que faltan porque la Radio no quiere. Este medio es esencialmente formativo, puede lograrse mucho con voz e inflexiones adecuadas”.

Otros puntos de mira

Churrisco conserva múltiples experiencias en la memoria que robustecen su quehacer actoral.

“En el año 93, en pleno período especial, hicimos Sabadazo de fin de año en la televisión. El programa duró cuatro horas, participaron las mejores orquestas del país. Junto a Ulises Toirac escribimos el guion. Ese divertimento alegró a las personas, sin dudas el arte sirvió para que olvidaran algunas carencias y limitaciones.

“Cuando presento monólogos para la pequeña pantalla hago versiones. Aunque en ningún medio interpreto textos impropios me gusta estar pendiente de posibles cortes que afecten la coherencia del relato contado.

“¿El cine es otra historia?, me preguntan. Tiene su lenguaje, exigencias y particularidades. Mi primera aparición en un largometraje fue con el personaje de Churrisco en el filme Nada… Resultó interesante, sobre todo compartir junto a Edith Masola, actriz maravillosa. El destacado director Santiago Álvarez me dirigió en ocho noticieros humorísticos del Icaic…

“En los centros nocturnos mantengo mi línea de trabajo, más picaresca, sin ninguna otra variación. Hay que respetar la tradición del humorismo cubano; a los públicos en cualquier circunstancia y lugar.

“La sala teatral es mi vida. Ahí tengo al espectador enfrente, no hay cortes, ni distancias. Los desafíos son mayores”.

Pareciera que toma un descanso tras el breve periplo y agrega:

“El humorista tiene que ser culto. En los inicios comenzamos inspirados en alguien. Ese es, apenas, el inicio del camino, hay que seguir, crear un estilo. Hay quien dice: los chistes no tienen dueño, pero, si forman parte del repertorio de un artista, les pertenecen”.

Látigo con cascabel

A cada texto, personaje o presentación, le antecede un arduo proceso de creación consciente de información cultural con respecto a la puesta.

“Hubo nombres significativos, Candita Quintana, Alicia Rico, Carlos Pous, Enrique Arredondo, entre otros, quienes aportaron maneras de hacer, tuvieron una trayectoria limpia, digna. Ellos forman parte de la historia del humorismo cubano. Hay que profundizar en las fuentes del acervo popular.

Carlos Ruíz de la Tejera.

Carlos Ruiz de la Tejera fue uno de sus maestros imprescindibles.

“Estoy de acuerdo con la crítica siempre que tenga cascabeles en la punta. La verdad hay que decirla, a veces provoca risa, pero es preciso justificarla cumpliendo con las reglas de oro del teatro. Los recientes festivales Aquelarre lo demuestran.

“Es una tarea del humorista revisar su repertorio. Si tenemos gracia por qué acudir a la grosería; si hacemos reír con lo que hablamos por qué emplear palabras obscenas. El facilismo de buscar apoyo en la raza, el sexo, la vestimenta, entre otros recursos manidos, empobrecen espectáculos que pudieron ser un divertimento de calidad”.

Hace 12 años, Octavio Rodríguez preside la sección de humoristas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

“Fui elegido por los colegas, no designado para esa responsabilidad. Me acompañan otros compañeros: como vicepresidenta Cirita Santana, quien realiza un trabajo excelente; Miguel Coyula, arquitecto y escritor.

“La exigencia ha sido determinante en cada proceso de crecimiento. Algunos aspirantes no fueron aceptados, carecen de trayectoria o notoriedad en la labor creativa.

“Una persona incursiona en el arte, pero ser artista requiere mucho más: talento, conocimientos, aprendizaje, consagración, disciplina, amor. Son atributos indispensables, lo merecen la nación y el humorismo cubano”.


Reconocimientos:

Recibió la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Especial Mariposa, Diploma de visitante distinguido y la llave de la Ciudad de Veracruz en México. Ha sido nominado al Premio Nacional de Humorismo y presidió el Festival Nacional Aquelarre en varias ocasiones. Protagonista de numerosos espectáculos, entre ellos, Risas bajo la lluvia; Juntos, pero revueltos; Noche bohemia con Churrisco; Asamblea del Humor, formó parte de delegaciones artísticas en varias naciones. En 1995 y 1997 mereció el trofeo Al mérito artístico en las Ferias Nacionales del Libro en México.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares