2
Publicado el 14 Enero, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

MÚSICA DE CONCIERTO

¡Cómo ha sonado esa orquesta!

La cultura cubana es pródiga en excelencia. Muchos artistas extranjeros vienen a compartir con los nacionales

Por María Victoria Valdés Rodda

Las cuerdas tuvieron un efecto muy especial en la La Sinfonía No. 4, en Fa menor, Op. 36, de Piotr Ilich Chaikovsky, este 13 de enero. (Foto de la Autora)

Las cuerdas tuvieron un efecto muy especial en la La Sinfonía No. 4, en Fa menor, Op. 36, de Piotr Ilich Chaikovsky, este 13 de enero. (Foto de la Autora)

La música me lía con una sacudida de sensaciones, y paulatinamente me convierto en otra cosa; no ya en un ser corpóreo. El clarinete tiene en mí la misma sugestión que la flauta para el encantamiento de la serpiente, y con el allegro del concierto en La mayor de Wolfang Amadeus Mozart se me abren todas las chakras, que con energía inmensurable me hacen sentir que después de la música no hay casi nada mejor.

Percibo además que este estremecimiento es colectivo cuando con un aplauso febril, los que me rodean rompen la resonancia etérea de los últimos acordes. ¡Qué no puede el niño genio austriaco, romántico convencido del Siglo XVII!

Pienso que he escuchado lo máximo de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba bajo la conducción del surcoreano Jin Hyoun Baek, junto al compás del clarinetista, cubano, Antonio Dorta. Sin embargo, lo fastuoso está por llegar.

Dos rusos en el camino para la jornada más esperada de la semana. Sí, porque los viernes suelen traer las emociones más impresionantes. No solo por sucesos generales también por las gentes que las hacen efectivas. La tarde noche todavía promete con dos seres; no dos cualquiera: Alexander Borodín y Piotr Ilich Chaikovsky.

Vista la pieza del primero en el plegable del Programa ando medio perdida, si bien La ópera de “El príncipe Ígor” es conocida, no atino a retenerla en mi cabeza, pero enseguida la duda se vuelve acorde conocido de la banda sonora de Fantasía, película de Walt Disney. Mickey Mouse, aprendiz de mago, hace de las suyas siempre inspirado en la música de Borodín. ¡Asombroso! Este ruso, tan autóctono sirviendo de soporte a un emblema propagandístico de una supuesta vida moderna superior.

La genialidad de la pieza me saca del error. Es más bien el ratón humanizado quien, sin darme yo cuenta de niña, inmortaliza a las danzas polovtsianas, una de las obras más acabadas de todos los tiempos. Siento empatía con los artistas como si yo tocara cada chelo, cada violín, cada flauta…

Empero la sala Covarrubias del Teatro Nacional, de La Habana, está destinada a emociones más potentes. ¿Será?, vuelvo a dudar. Si ahora el que falta es un autor de vodevil, comedia de tema intrascendente, divertido y algo picante, solo que del Siglo XIX. ¿Chaikovsky ligero? Me llamo a capítulo. Bueno, al menos eso es lo que algunos críticos de arte han dicho de él; que escribía sus piezas con la soltura del mercanchifle.

Las pompas de los metales me impactan. Estoy ante un tema inmenso: La Sinfonía No. 4, en Fa menor, Op. 36, es de un grosor tal, en combinaciones sonoras y rítmicas, que me quedo anonadada, repleta de música, desbordando gratitud hacia alguien incomprendido por una época convencional.

En los tiempos de composición de la obra en cuestión, Chaikovsky, ese otro ruso fuera de serie, atravesaba un momento doloroso, con los nervios desechos, a las mismas puertas del suicidio. “No hay una sola línea en esta sinfonía que no haya sentido yo con todo mi ser y que no haya sido un verdadero eco de mi alma..”, le confiesa, en 1874, a Nadezhda, su amante por correspondencia.

Esas mismas vibraciones son ahora compartidas por instrumentos, ejecutantes y público. La fanfarria enciende estados de ánimos, el vals apacigua aunque desgarra corazones, la canción folclórica divierte. El conjunto de la obra electriza: La gente se alza. Yo no sé si estoy viva o desfalleciente, y con igual resorte de amor me levantó y lanzo, junto al ¡Bravo! de rigor,  una certeza inobjetable: ¡Cómo ha sonado esa orquesta!.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda