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Publicado el 22 Mayo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

Moisés Finalé: pintor con lenguaje propio

Autor imprescindible del boom de los 80 del Siglo XX dentro de la plástica en la Isla, expone para alegría nuestra, durante parte de mayo y junio en La Habana, en el Centro Hispanoamericano de Cultura
Moisés Finalé: pintor con lenguaje propio.

El Centro Hispanoamericano de Cultura (CHC), sita Malecón No. 7 entre Prado y Capdevila, en La Habana Vieja, ofrece una interesante y desafiante propuesta.

Texto y Fotos de MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hay quien lo ha llamado “animal de ciudad”. Yo prefiero no clasificarlo y dejarlo libre como su propia creación. Claro, como no soy crítica de arte lo más probable es que pierda el rigor de apreciación ante la obra de uno de los elegidos por el talento de la plástica de esta Isla. Pero al final este texto obtendrá la absolución gracias a la sinceridad que me otorga ser una consumada concurrente de todo cuanto se exhibe en nuestra ciudad. Sin embargo, no suelo ser presa fácil del asombro. Y eso se debe en primer lugar por la calidad de la función artística de este país, a la vanguardia en muchas disciplinas del intelecto americano de todos los tiempos.

Entonces prefiero incorporar a Moisés Finalé en esa amplia diversidad de modos a los que nos han acostumbrado los artistas cubanos. Tuve mi primer acercamiento con este autor en la década del ochenta del pasado siglo, en medio de un ambiente bucólico en la Galería Amelia Peláez, en el habanero Parque Lenin, a las afueras de la ciudad. Ya no me es posible recordar el título de esa exhibición, solo sé que en aquella oportunidad me dije: “grábate en tu cabeza este nombre mítico pues dará mucho de qué hablar”. Y así fue. Finalé ha sido una constante gratificación a los sentidos.

Moisés Finalé: pintor con lenguaje propio.

Moisés Finalé es uno de nuestros artistas contemporáneos más conocidos internacionalmente.

Sus inquietudes intelectuales se canalizaron a través de los estudios que realizó en la Escuela Provincial de Arte de Matanzas en el año 1972, y luego los efectuados en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1975 y después, en 1979, en el Instituto Superior de Arte (ISA). No me consta ninguna anécdota de aquella época, pero viendo sus emprendimientos infiero que bebió de lo mejor de la práctica nacional y universal. Así por ejemplo ante una de sus piezas se me antoja semejanza con las recreaciones de muchos dioses egipcios: mitad humano, mitad animal. Y por eso percibo a las deidades femeninas que podían mostrarse tiernas o feroces en cualquier momento. Las veo no solo en la forma, también en el espíritu de una obra que me llega arrolladora.

Pero en este punto me contradigo. Y es que sin querer lo estoy encasillando, y eso a nadie le gusta, y supongo mucho menos al artista ahora centro de mis palabras. Por tanto rectifico. Finalé puede recordarnos algo visto, no obstante, esto será únicamente una sensación pasajera, ya se sabe que el arte tiene ante sí una estela de la que se nutre. Mas si se es genuino, lo creado se torna incomparable. Les propongo de esta manera que lo comprueben por si mismos en el Centro Hispanoamericano de Cultura (CHC), sita Malecón No. 7 entre Prado y Capdevila, en La Habana Vieja. Del 19 de mayo al 23 de junio. En la exposición “El peso de su cuerpo”.

Moisés Finalé: pintor con lenguaje propio.

Yo, como simple espectadora, pienso al ver este relieve en metal en las deidades del Antiguo Egipto.

Lo anuncié al principio de este comentario: no soy crítica de arte, solo audaz, pero no tanto como Finalé que se atreve a experimentar con la impredecible humanidad femenina, con sus goces, sus transgresiones, siendo el propio virtuoso un desobediente de las poses establecidas en una pintura “aburrida” o digamos gentilmente, menos dialéctica. Estando en la galería iba de un lado al otro, desorientada en estilos pues en estas piezas del internacionalmente reconocido artista cubano, hay una amalgama de motivos, de propuestas, de colores, de luces y sombras. Como dije antes, mi intención no es enmarcarlo con definiciones. Eso que lo hagan otros. Mi deseo es impulsarlos a ver, a conjeturar y a quedarse pendientes de otras propuestas de este Moisés criollo.

En una entrevista que le realizara en 2011 el colega de Juventud Rebelde, José Luis Estrada Betancourt, nuestro aludido admitió su vocación hacia la figuración, presente en la actual muestra. Veamos que dijo en esa oportunidad: “De una forma u otra, desde los inicios, siempre ha sido así. Es algo muy “extraño”, pues a la hora de elaborar un cuadro lo concibo de un modo totalmente abstracto. Sin embargo, después la obra se vuelve por entero figurativa. Utilizo la figuración a mi manera, que no creo que sea siquiera como lo aprendí en la escuela —mientras pinto trato de obviar siempre lo que me enseñaron. Pero sí, soy un pintor figurativo que responde a tendencias, a movimientos pictóricos contemporáneos”.

Moisés Finalé: pintor con lenguaje propio.

Como bien dicen los curadores; Yamilé Tabió y Rafael Acosta de Arriba, “lo erótico es otra de las instalaciones por los que atraviesa esta muestra”.

Pero amigo lector no se equivoque, Finalé le sabe mucho a la pintura, a cualquier tipo de ella. Como se dice en buen cubano “hace lo que le viene en ganas”. De ahí que los exhorte a disfrutar de sus entregas tanto como yo. Para quien ha colgado créditos, triunfando, en Francia (en donde también ha vivido por más de 25 años), Miami, Valencia, España, Nueva York o Ginebra, debe ser muy grato ver cómo se puede ser “profeta en su propia Tierra”, y no solo por su nombre de pila, también por el encantamiento en que nos sumerge viendo ahora a “sus mujeres” .

Bueno, no los canso más a fuerza de insistir que vayan a ver. Termino con quienes sí saben aquilatar profesionalmente la maestría; Yamilé Tabío y Rafael Acosta de Arriba, curadores de esta exhibición y escritores del catálogo de esta nueva evidencia del artista en La Habana: “Dejemos pues que estas damas mantengan su dominio sobre el arte de Moisés Finalé, es bueno para todos, incluso para su arte. Dejemos que la insinuación casi perfecta y generosa de cada una de ellas, juntas o separadas, inevitables y necesarias, se abran paso en el diálogo continuo de carboncillos y acuarelas y acrílicos. Dejemos que el peso de la imagen de estos cuerpos caiga como una bendición sobre sus telas y cartulinas, sigamos admirando las mujeres que brotan de sus cuadros. Que la espuela del deseo, de la imaginación, haga el resto”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda