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Publicado el 30 Mayo, 2017 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO: ¿Eva-Moliner o la irreverencia misma?

Llegan a La Habana destellos de una sobresaliente mujer, una diccionarista ibérica que realizó aportes notables a la bibliotecología y la archivística. Ejerció la docencia y tuvo un rol primordial en la cultura de su país. Tras la derrota de la Segunda República Española padeció los excesos de la depuración franquista y fue sancionada
¿Eva-Moliner o la irreverencia misma?

El deterioro en la vejez, la voluntad para asumir una labor compleja, la marginación por género e ideología, son algunas de las claves a las que insta a reflexionar El diccionario.

ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: SONIA ALMAGUER

Otras Marías, anónimas y quizá también ausentes, volvieron a la memoria de esta reportera a la salida de la estancia doméstica devenida sala teatral donde, recientemente, se presentó El diccionario, del ibero Manuel Calzada (1972), a cargo del proyecto Irreverencia Producciones que lidera la actriz, dramaturga y pedagoga Eva González, y tiene por sede su propio hogar en el Vedado habanero.

Aunque tardía en el tiempo, la obra redime del olvido a la filóloga y bibliotecóloga María Moliner (1900-1981), quien concibiera el Diccionario de Uso del Español, una titánica labor lexicográfica que cuestionó y corrigió definiciones inexactas y errores metodológicos del diccionario de la Real Academia Española (RAE); pero esas contribuciones no fueron entonces valoradas con justeza.

Esta diccionarista ibérica realizó aportes notables a la bibliotecología y la archivística. Ejerció la docencia y tuvo un rol primordial en la cultura de su país. Tras la derrota de la Segunda República Española padeció los excesos de la depuración franquista y fue sancionada. Unos años después, en el sosiego de su casa y durante tres lustros, creó su obra colosal, que luego de ser publicada siempre la consideró inconclusa. No obstante, la miope tradición machista de la época la “premió” con la displicencia y el descrédito, los mismos que le vedaron el merecido sitial como primera mujer miembro de la RAE.

Creaciones dramatúrgicas del granadino Manuel Calzada, doctor en Arquitectura por la Universidad de Sevilla, han sido llevadas a escena por reconocidas agrupaciones de su país y algunas naciones de América Latina. Por El diccionario mereció el Premio Nacional de Literatura Dramática, en 2014. Dicha partitura dramática, predominantemente verbal, devela referencias simbólicas a la condición de la mujer profesional y culta, relegada al plano hogareño y capaz de concebir desde el retraimiento doméstico una creación de trascendencia colectiva. Varios ejemplos del montaje así lo señalan, uno de ellos es la expresión repetida: “Qué podía decir yo, si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines”. O la escena de los interrogatorios médicos, al nombrar un descendiente más de los que en realidad poseía, en alusión al diccionario.

En medio de la universalidad de los tópicos tratados en este relato, las paráfrasis a la cruenta dictadura de Francisco Franco apuntan a un localismo que, a la vez, funciona como analogía entre la realidad de Moliner entonces y un posible contexto similar en cualquier lugar del orbe ahora mismo. La trama se centra en los últimos años de vida de la insigne estudiosa del lenguaje, e insta a reflexionar desde múltiples lecturas que van desde el deterioro físico y mental en la ancianidad, la perseverancia y la voluntad para desplegar una labor por difícil que parezca, hasta la marginación social y académica por cuestiones de género e ideología.

La puesta en escena, protagonizada y dirigida por Eva González, sorprende por la coherencia y lealtad en refrendar la personalidad de una mujer aferrada en devolver al idioma el significado estricto de sus palabras, en un tiempo en que la estrechez de pensamiento vició su más genuino alcance. Con organicidad la actriz consigue un juego de sensaciones, a partir de los vínculos que entabla con su esposo Fernando, un notable catedrático de Física, y el neurólogo encargado de atender la enfermedad que la desuela.

¿Eva-Moliner o la irreverencia misma?

La actriz Eva González es líder de un proyecto sociocultural creativo y educativo sin ánimo de lucro, con un paradigma integrador, solidario, interactivo e intercultural.

Esposo y médico conforman el marco referencial para advertir la esencia de esta mujer, ejemplo de tenacidad, sacrificio, autodisciplina, rigor, abnegación por una causa en beneficio de la colectividad.

La nómina evidenció expresividad y contención precisas en el desempeño actoral. Roque Moreno (Fernando), intérprete también de la televisión, encarnó de modo excepcional a un esposo adorable, pleno de saberes; en tanto, viciado por la cultura patriarcal de aquel momento, y la turbación emocional por aquella “purificación” franquista que lo segregó como ser humano y científico.

Yasmany Guerrero (el galeno) defendió con coherencia los entresijos de un personaje que evoluciona en el decurso de la obra, de la postura de un médico biologicista, preocupado más por el paciente como generador de saber científico, a otra humanista, caritativa y comprometida con el impacto que representa para cualquier persona padecer arteriosclerosis cerebral y la progresiva degeneración de las facultades para entender y expresarse mediante el lenguaje.

La concepción escénica ganó matices sugestivos con el empleo del audiovisual, el cual enriqueció el entendimiento de la historia. Asimismo, el diseño de luces aludió de forma simbólica al conflicto existencial de la protagonista; llamó la atención, en especial, la escena del interrogatorio médico cuando el personaje de María Moliner confunde las respuestas al facultativo con aquellas que, en algún momento, debió dar al inquisidor franquista, una solución escénica que sugiere el deterioro neurológico desde una atmósfera visual, sonora y conceptual ingeniosa.

El manejo del apagón como recurso de la puesta no obedece al convencionalismo de los cambios de una escena a otra, tampoco para encubrir los desplazamientos de los actores; según esta reportera, también devino alegoría para remarcar el daño mental cercano. Solo valdría la pena valorar si esos instantes sombríos pudieran ser más breves, efímeros.

La actriz líder del colectivo es una ibera radicada en Cuba desde la década de los 90. En 2010 fundó Irreverencia Producciones, donde ha desplegado una amplia labor creativa, educativa y de transformación social. El diccionario, de “Eva-Moliner” cautiva desde un lirismo y una riqueza espiritual sin límites; conmueve a partir de la idea de reconocer el apremio de un mundo despojado de trivialidades para que, por siempre, la cultura siga iluminando el camino de la libertad.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez