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Publicado el 30 Octubre, 2017 por Tania Chappi en Cultura
 
 

Cada vez más inclusiva

Sobre las complejidades, propósitos y perspectivas de la XXIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana conversamos con el presidente de su comité organizador

“Lo más importante de la Fiesta es haberla mantenido, a pesar de complejidades meteorológicas y económicas; que persista la voluntad política, de gobierno, de sostener un evento que significa tanto para la ciudad”, manifiesta el entrevistado.

Por TANIA CHAPPI

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

La Casa de Iberoamérica se asemeja a una colmena: numerosos espectadores se disputan el espacio de un hermoso patio que ha quedado pequeño ante tamaña concurrencia; constantemente entran y salen artistas, unos actuarán en breve, otros vienen en busca de orientación. A ellos se suman escritores, académicos, invitados procedentes de una veintena de naciones. Afuera, la ciudad exhibe igualmente un movimiento inusual el resto del año. A toda hora del día y buena parte de la noche se asiste a espectáculos infantiles, conciertos, tertulias, inauguración de exposiciones, exhibición de audiovisuales, conversatorios…

Como es de suponer, el director de la Casa, Eduardo Ávila Rumayor –al igual que su equipo de trabajo- no descansa. Sin embargo, finalmente logró conceder a BOHEMIA una entrevista exclusiva.

-Un evento tan extenso, e intenso, acarrea ciertos contratiempos.

-Cuando se conforma una programación con más de 200 actividades se corre el riesgo de que coincidan opciones muy interesantes. Pero el público debe tener la oportunidad de escoger. No obstante, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana mantiene un esquema: la existencia del Congreso Iberoamericano de Pensamiento, la apertura de centros culturales, un grupo importante de acciones de mayor jerarquía, como la gala inaugural, el pasacalle, las visitas a Bariay [donde ocurrió el desembarco de Cristóbal Colón] y Gibara. A ellas se suman las disímiles propuestas de las instituciones culturales de la ciudad. Así, públicos diversos fluyen hacia el evento.

“La Casa ya tiene 24 años de fundada y surgió acompañando los diálogos y debates que se promovieron a inicios de los años 90 en relación con las conmemoraciones por el quinto centenario del encuentro de las dos culturas, o descubrimiento del Nuevo Mundo. Esta Fiesta, múltiple, con presencia de casi todas las manifestaciones artísticas y alto grado de participación nacional e internacional, es su principal proyecto. A tal efecto, además de articular las actividades concebidas por las instituciones de la provincia, mantenemos relaciones con el Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello, las fundaciones Fernando Ortiz y Antonio Núñez Jiménez, y entidades de la región oriental, como la Casa de la Nacionalidad, la Iberoamericana de la Décima, la del Caribe.

“A esa red acudimos para abordar los temas y ejes sobre los que debatimos cada año durante la Fiesta. Esta vez se ha analizado lo relativo a las industrias culturales y el desarrollo local, cómo la cultura puede ser una vía para avanzar hacia el progreso deseado, qué se puede hacer desde las localidades; entendiendo que las mencionadas industrias no se circunscriben solo a la producción de discos, videojuegos, libros, pues ellas también se mueven en torno a la valorización del patrimonio, no en su versión más estrecha (lo construido, o los elementos históricos), sino incluyendo el potencial cultural existente en nuestras comunidades, el cual no se aprovecha hoy totalmente”.

-Además de los cubanos, ¿representantes de cuáles naciones acudieron en la presente ocasión?

Cada vez más inclusiva.

Durante unos siete días, Holguín exhibe su cultura y al mismo tiempo recibe muestras de la cultura nacional, de Iberoamérica, e incluso de otras latitudes.

-Vinieron de 20 países, entre ellos Argentina, Estados Unidos, México, Panamá, Italia y Canadá. Este año la mayor representación está articulada alrededor de la Feria Internacional de Artesanía Iberoarte, un espacio propio del Fondo Cubano de Bienes Culturales, pero que se inserta en la dinámica de la Fiesta, aunque comienza días antes.

-¿Cuánto ha crecido o variado la festividad desde la década de los 90?

-Dentro de un esquema que articula todas las manifestaciones culturales posibles y busca la participación internacional, ha tenido incorporaciones, entre ellas el citado Congreso Iberoamericano de Pensamiento, donde cristalizó (hace 13 años) un conglomerado de encuentros teóricos preexistentes. Novedades de la XXIII cita han sido el espacio Humor en Iberoamérica, con agrupaciones holguineras y nacionales; de igual modo, la presentación del dossier de Guayza, la revista de la Casa, que saldrá en breve y cuyo propósito es plantear un debate crítico sobre diversas zonas de la realidad social cubana. Ahora nos queda el reto de sostenerla, con calidad y profundidad.

“Muchos nos han sugerido no solo mantener en las comunidades las presentaciones de las Brigadas Internacionales de Solidaridad, que surgieron tras el paso del huracán Ike, sino que otros participantes en la Fiesta puedan ir a ciertos lugares donde se han realizado transformaciones de tipo social importantes; de ese modo, quienes vienen de fuera podrían conocerlas. Es de las cosas que debemos incorporar, con ello acompañaríamos a una gestión gubernamental real, que todos los días permite ver nuevas obras”.

-¿Con qué debe concluir esta edición?

-Similar a cada 28 de octubre, ayer en Bariay lanzamos la convocatoria para el encuentro del próximo año; por lo tanto, no tenemos una clausura, pues ya estamos trabajando en la fiesta siguiente, sin haber culminado la actual. Sí haremos mañana, como última actividad, un gran concierto, celebrando la música y todas las demás manifestaciones artísticas.

Cda vez más inclusiva.

Al programa de la Fiesta se suman las disímiles propuestas de las instituciones culturales de la ciudad. Así, públicos diversos fluyen hacia el evento.

-¿Qué aporta la Fiesta de la Cultura Iberoamericana a Holguín, a Cuba y al mundo?

-Es una propuesta para todos los holguineros, pues no hacemos ni programación elitista ni actividades encerradas en instituciones. Nos vamos a las plazas, los barrios, los parques. Holguín es conocida como la ciudad de los parques, no porque tenga muchos, sino porque la vida cultural transcurre en torno a esos espacios.

“Estar situados en Holguín y cercanos a la intelectualidad que debatió en los años 90 el significado del encuentro entre dos mundos y su quinto centenario, nos hace responsables de sostener una política cultural en relación con el hecho. No adoptamos ni posiciones indigenistas ni hispanistas que no refuercen la visión planteada y ratificada en el momento de aquellos análisis, la cual reconoce el genocidio que significó la conquista, y al mismo tiempo los aportes de las culturas hispanas, africanas, asiáticas, en la formación del cubano; o sea, celebrar la cultura que nació a partir de ese encuentro avasallador que comenzó a escasos 40 kilómetros de aquí. Es una posición coherente con la política cultural de nuestro país y en ella nos mantendremos nosotros”.


Tania Chappi

 
Tania Chappi