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Publicado el 12 Diciembre, 2017 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

Clásicos restaurados: Hoy como ayer

En la fiesta audiovisual, se proyectan ocho películas latinoamericanas de siempre
Clásicos restaurados: Hoy como ayer.

Juan Carlos Tabío (derecha) dirige a la vedette Rosa Fornés en Se permuta. (Foto: Icaic).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Revisitar una película es como volver a leer un libro viejo y entrañable: es el mismo, pero también otro. Si observamos una copia retocada, que gracias a la tecnología actual en ocasiones resulta de más calidad que la original, entonces somos testigos del segundo nacimiento de la obra.

Esta oportunidad la tienen los públicos del 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebra en La Habana hasta el 17 de diciembre. La sección Clásicos restaurados exhibe ocho largometrajes imprescindibles para conocer el devenir de la historia audiovisual del continente.

Dentro de ese apartado aparecen producciones de Argentina, Chile, México, Cuba, y Colombia, avaladas por la crítica y aplaudidas por el público, según declaró el presidente del festival e integrante del comité de selección, Iván Giroud.

De México se exhibe Tiempo de Morir (Arturo Ripstein, 1965), la primera traslación fílmica de un argumento escrito expresamente para el cine por Gabriel García Márquez. Narra la historia de un pistolero, quien después de haber purgado una condena de 18 años en la cárcel, regresa a su pueblo natal con la intención de pasar la vida en calma al lado de una antigua novia. Dos hermanos, hijos de un hombre al que mató en un enfrentamiento, lo acosan continuamente.

Canoa (1976) y Los motivos de Luz (1985) son otras cintas mexicanas, de Felipe Cazals, incluidas entre los clásicos. Él ha realizado más de 40 obras, y ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos un Premio Coral por su trayectoria, durante el festival de 1993. Este año funge como presidente del jurado en el concurso de largos de ficción.

Además, puede verse Sur (Argentina-Francia, 1988) de Fernando “Pino” Solanas, Rodrigo D. No futuro (Víctor Gaviria, Colombia, 1989) y Tres tristes tigres (1968), la película con la cual Raúl Ruiz se consolidó como exponente del “nuevo cine” chileno, una tendencia que colocaría ese país, por primera vez, en un lugar privilegiado dentro de las cinematografías del continente.

Clásicos restaurados: Hoy como ayer.

Eslinda Núñez, como Lucía, en la segunda historia de la película homónima, de Humberto Solás. (Foto: Icaic).

De Cuba, los organizadores del festival programaron Lucía (1968), uno de los hitos del audiovisual de la Isla. Estrenada en el “año de oro” del cine cubano –pues también se difundió Memorias del subdesarrollo (Tomás G. Alea), ambas consideradas entre las mejores obras en habla hispana- su estructura la forman tres cuentos de estilo distinto, unificados por contar historias de mujeres que constituyen símbolos de la irrealización nacional.

Según su director Humberto Solás (1941-2008), incluía féminas en papeles importantes en su cine, porque ellas padecen las mayores contradicciones dentro de la sociedad: “Es un personaje que vibra más y tiene una búsqueda de transformación mayor que el hombre, acomodado en su aparente predominio. Es un personaje más rico, más lleno de matices, más contradictorio”, dijo.

También reponen Se permuta (1983), comedia nacida en un periodo en el cual una nueva dirección del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos se propuso acercarse a grandes audiencias. El largometraje de Juan Carlos Tabío se inscribió en un grupo de cintas que hablaban sobre la llegada de una nueva generación y narraban su búsqueda del lugar que les correspondía en la sociedad.

Restaurar y preservar el patrimonio fílmico se ha convertido en una prioridad de autoridades culturales de muchos países. Haríamos bien en corresponder las invitaciones que el festival de La Habana ha lanzado para reencontrarnos con historias que conmovieron hace décadas, y todavía tienen mucho que decir, en su segundo nacimiento.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama