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Publicado el 6 Marzo, 2018 por Raul Medina Orama en Cultura
 
 

ANIMADOS

Detalles de la vida y la muerte

Obra de José Martí inspira a realizadores de audiovisuales
Detalles de la vida y la muerte.

El stop motion es una de las técnicas de animación más difíciles y antiguas. (Foto: Icaic).

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Existir parece una pausa en la nada. Sin importar credo, riqueza o cuotas de poder adquiridas en el mundo cada vez menos vasto, todos derivamos hacia esa oscura habitación al final del camino. No hay excepciones. La conciencia del dolor y la pérdida iguala a los humanos.

José Martí, quien no rehuía temas en su afán de comunicar lo bello y triste de la vida, introdujo –algo insólito, aun en la época actual– un poema sobre la muerte en su revista para los niños y niñas de América. Los dos príncipes es una estación triste entre las páginas del segundo número de La edad de oro (agosto de 1889). A partir de una idea de la escritora norteamericana Helen Hunt Jackson, narra la tragedia inefable de sobrevivir a los hijos, sin importar en cuál extremo de la fortuna se encuentren sus familias.

Este argumento todavía fascina, y recientemente motivó a Yemelí Cruz y Adanoe Lima, jóvenes directores de audiovisuales, a realizar un cortometraje inspirado en el poema. Eligieron no copiar visualmente la obra literaria, sino tomarla como referente e impulso para otro hecho artístico.

La película fue ganadora del Premio Especial del Jurado en el 39º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y es la principal carta de los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) para competir durante 2018 en los certámenes internacionales. Los públicos cubanos también pudieron apreciarla en salas de estreno durante febrero.

La obra, de 12 minutos, se añadió a otras que el Icaic ha producido en años recientes, bebiendo de la fuente martiana, entre ellas Abdala: El retorno de los caballeros de Xibalbá, el videoclip Mi caballero y el largometraje Meñique, primero de la Isla en los terrenos de la animación digital 3D.

No hay edulcoración al estilo Disney en Los dos príncipes; el corto parece influido por cierta animación experimental que ha proliferado en Europa, y de cuyos aires los cubanos recibimos algunos soplos filtrados entre los “muñequitos rusos”, como se conoció a todo lo llegado de los países socialistas del este europeo.

Adanoe Lima y Yemelí Cruz, dúo creativo de La luna en el jardín (2012), utilizaron la técnica de stop motion, que simula el movimiento de objetos estáticos, por medio de fotografiar una serie de imágenes fijas, las cuales se animan al ser colocadas sucesivamente. Además, en menor medida, recurrieron a la animación digital.

No hay diálogos. Todo lo conocemos a través del montaje, la música, lo que le otorga una dimensión más universal al cortometraje, capaz de conmover más allá de los públicos de casa, conocedores de la historia por las palabras de Martí.

Detalles de la vida y la muerte.

La concepción de la obra se vio influenciada por la formación en artes plásticas de ambos directores. (Foto: Icaic).

La formación en artes plásticas de ambos directores es evidente en el concepto con el cual se trabajó la visualidad de la película, concebida con una atmósfera sombría y un uso del color muy poco saturado, excepto en aquellos elementos –un juguete, un vestido– que sugieren la alegría ausente tras la muerte de los hijos.

Contribuyeron a la dramaturgia un equipo integrado por Lidia Morales (dirección de arte), Alejandro Rodríguez (dirección de fotografía), Mayrelis Aldama (fotografía stop motion), Johnahn Ramírez (composición), Yurky González (maquetas), Leyanes Medina, Luis E. González, Alejandro de la Iglesia (animación digital), Liliana Hernández (edición), Camilo Ferrera (banda sonora) y Ariadna Amador (música original), entre otros.

En el diseño de los personajes se remarcó el carácter artificial de los muñecos, las imperfecciones del trabajo de manufactura, para reflejar el abatimiento y la destrucción interior. Pequeños detalles diferencian a reyes y pastores, los humanizan. Uno llega a convencerse: ellos viven, sufren. Y ciertamente, ante la muerte cualquiera de nosotros también podría sentirse una marioneta.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama