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Publicado el 20 Abril, 2018 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

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¿Historia rediviva?

El melodrama, de gran influencia en destinatarios de varias generaciones, comenzó a consolidarse en el siglo XVIII en Francia donde eran contadas historias en las que el héroe o la heroína, el villano y la víctima, complican la acción con una serie de peripecias; finalmente triunfa el protagonista
¿Historia rediviva?

Tarde lo conocí se inspira en la vida de la compositora y cantante colombiana Patricia Teherán, quien falleció a los 25 años víctima de un accidente del tránsito. (Foto: Colombia.com).

Por SAHILY TABARES        

Toda situación humana o actitud tiene una expresión convencional en los géneros dramáticos. De ellos se nutre el audiovisual que recurre a narrativas recreadas en la literatura y el teatro desde tiempos inmemoriales.

El melodrama, de gran influencia en destinatarios de varias generaciones, comenzó a consolidarse en el siglo XVIII en Francia donde eran contadas historias en las que el héroe o la heroína, el villano y la víctima, complican la acción con una serie de peripecias; finalmente triunfa el protagonista.

Este género se masificó en América Latina debido a la capacidad del cine de reconocer su matriz popular en películas que se ajustan a las necesidades y expectativas de las mayorías. Como espectáculo está cerca de las emociones, en él es imposible, ver sin sentir, oír sin padecer o recordar, lo aparentemente trivial, las rutinas cotidianas de las personas contribuyen a la creación de relatos anclados en conflictos, personajes-tipos, filosofías ante la vida.

No por azar, el melodrama lidera en la telenovela Tarde lo conocí, que transmite Canal Habana y retransmite Cubavisión. La historia se inspira en la vida de la compositora y cantante colombiana Patricia Teherán, quien falleció a los 25 años tras sufrir un accidente de tránsito en enero de 1995, cuando estaba en la cúspide de la carrera como intérprete de vallenato, género musical exclusivo de los hombres en las primeras etapas.

El machismo imperante en el escenario sonoro de su país, la voluntad de la Teherán para sobreponerse a las adversidades, sobre todo en el amor, y la entrega del alma en cada interpretación, son conflictos, situaciones, circunstancias, que afloran en la puesta. Esta revela esencias raigales del pueblo, denuncia el tráfico de drogas, el servilismo, la burocracia, la violencia, y otros males de esa sociedad.

La mayoría de los cantos describen situaciones personales de una compositora que se identificó con las mujeres y sus problemáticas sentimentales. La actriz ecuatoriana María Elisa Camargo asumió el rol de valor identitario para los coterráneos y oriundos de países latinoamericanos y caribeños, pues en 2013 el vallenato tradicional fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación, dos años más tarde integró la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de salvaguarda de la Unesco.

El tono exagerado, pasional, patético, del melodrama, utiliza la casualidad –forma de manifestarse la necesidad en el relato- tanto para generar la sorpresa como lo inesperado. Estos elementos integran la estrategia discursiva de la telenovela tradicional que concluye de manera trágica con la muerte de la protagonista, información conocida desde el inicio del relato.

La solución no tiene un enfoque transgresor, pues el equipo de realización dirigido por Klych López es consciente que no puede apartarse de la verdad acontecida y de un requerimiento esencial: era la única forma de terminar con uno de los bandos en pugna por la presa codiciada: el personaje-tipo de Ricardo Cabello (Roberto Urbina)

Independientemente de los manifiestos desniveles actorales y las reiteraciones excesivas, entre ellas la posición del periodista corrupto, Benjamín Plata (Luis Tamayo), Tarde lo conocí más que una historia rediviva, invita a la descolonización de la mirada desde la antropología visual. El eje temático desarrollado dramatúrgicamente pretende acercarse a los fenómenos políticos y sociales mediante una mirada reveladora de lo oculto tras las apariencias de lo real.

El argumento, la intriga dramática, los personajes-tipos, propician una indagación crítica en términos estéticos. Esta telenovela motiva interrogantes: ¿Por qué no contamos en nuestras telenovelas sobre el liderazgo de figuras reconocidas de la música, el teatro, y otras manifestaciones artísticas? ¿Cuándo llevaremos a la pantalla los conflictos vividos por nombres imprescindibles de la rumba, el bolero y otros géneros musicales cubanos?

Quizá faltan ideas creativas, guiones, recursos tecnológicos y materiales, pero lo importante es dar el primer paso: pensar cómo nutrir las telenovelas cubanas de buenas historias que seduzcan a las mayorías, ¿es mucho pedir?


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares