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Publicado el 23 Agosto, 2018 por Tania Chappi en Cultura
 
 

LITERATURA

Tribuna y escuela

Interioridades de la emigración cubana en el Peñón son develadas a los interesados en la historia patria
Tribuna y escuela.

Durante el Coloquio sobre el Apóstol, por el aniversario 165 de su natalicio, el libro fue presentado en el Centro de Estudios Martianos. (Foto: cubarte.cult.cu).

TANIA CHAPPI

“Narrada con pulcritud y elegancia, la autora hilvana, a partir de la confrontación y análisis de múltiples fuentes documentales y testimoniales, la historia de una de las instituciones identitarias de mayor impacto para los patriotas […] durante las gestas independentistas”, asegura René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba (IHC) en el prólogo a El Club San Carlos: la casa del pueblo cubano en Cayo Hueso.

Y no exagera, ni en lo histórico ni en lo referido al estilo de un texto cuyas casi 400 páginas se leen con fluidez y gusto. El volumen, que recorre los tres períodos del igualmente denominado Instituto o Sociedad –desde su inauguración hasta la actualidad-, fue presentado a inicios de este año, en la Feria Internacional del Libro y puede hallarse en las librerías del país. Su artífice es la Máster Yenifer Castro Viguera, graduada de Ciencias de la Información.

Tribuna y escuela.

Junto a datos específicos sobre la institución, el lector hallará reflexiones sobre los nexos de esta con su entorno y el contexto histórico. (Foto: Cortesía del ICL)

Con ella conversamos en el Centro de Estudios Martianos, responsable de la publicación. “Tras fundarse, en 1871, el Club acogió los encuentros de los emigrados para recabar apoyo y organizar expediciones. Tenía un teatro y, además, era sede de una escuela, en la cual, a diferencia de otras existentes en el estado de la Florida, niños blancos y negros se educaban juntos”, comenta.

Dos décadas más tarde, el 25 de diciembre de 1891, José Martí llegaba al Peñón (así era también llamado Cayo Hueso) para reavivar los ímpetus libertarios de los tabaqueros. Retornaría en disímiles momentos. Los historiadores han documentado varias alocuciones suyas en el San Carlos. Incluso, allí se aprobaron y proclamaron, el 10 de abril de 1892, las bases del Partido Revolucionario Cubano, y él fue nombrado su Delegado.

La instauración de la república burguesa en 1902 no significó el cierre del Instituto. “Aunque ya no jugaba el mismo papel, sí mantuvo vínculos con Cuba. Se construyó un nuevo edificio, donde se conservaban las tradiciones y se impartían clases de español”, puntualiza la experta. El gobierno cubano adquirió la propiedad del inmueble. Derecho que le fue negado a partir de 1961, cuando los Estados Unidos rompieron relaciones con la Isla y el centro abrigó a emigrantes contrarios al nuevo rumbo de su país.

-¿Complejidades de la investigación?

-En el archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores tuve acceso a materiales de primera mano correspondientes a las etapas republicana y de la Revolución. En cuanto a la de las luchas independentistas, el proceso de reconstrucción fue bastante arduo, porque si bien se hacía referencia al Club San Carlos en varias fuentes, no era ni el tema primario ni se adoptaba una perspectiva histórica, con métodos científicos; se trataba más bien de memorias, recuentos, muy válidos, pero insuficientes. Debí consultar un amplio número de publicaciones y documentos de la época, algunos digitalizados y disponibles como facsímiles.

-¿Descubrimientos, informaciones que la hayan impresionado?

Tribuna y escuela.

La investigadora agradece el apoyo del Minrex, el IHC, el Museo Nacional Masónico y varias bibliotecas nacionales y foráneas, así como la edición realizada por Niurka Alfonso Baños. (Foto: TCH).

-Leí en el diario de Panchito Gómez Toro esta frase: “Dónde he de volver a ver al Maestro vomitar el corazón, como en estos talleres atestados de trabajo y de trabajadores, como en el meeting de San Carlos”. Pude ver la manera en que lo acompañó, sus vivencias.

“El sacerdote Manuel Deulofeu afirmó que Martí era un hombre ‘exhausto de materia, pero exuberante de espíritu’. La expresión me impactó, porque sintetiza muy bien su personalidad y está dicha por alguien que lo conoció.

“Hallé testimonios de cómo se reunían entonces los exiliados, sus opiniones; aristas muy humanas, las cuales permiten al investigador acercarse a la realidad, saber lo que pensaron y sintieron protagonistas de nuestra historia”.

-¿Cree que ese período y la figura de Martí son bien conocidos por los jóvenes cubanos?

-Se estudian en todos los niveles de enseñanza. Sin embargo, a veces es un Martí un poco encartonado, solo la imagen del héroe, mientras las complejidades de su pensamiento, las interioridades de su labor, no se aprecian en profundidad. Es necesario atraer a los jóvenes hacia ese conocimiento, de un modo sugestivo.    

 

Puertas adentro

Un gran atractivo del volumen son los testimonios, como este de Bernardo Figueredo: “La voz de Martí era suave, no era estridente ni airada, sino al contrario, era una voz dulce, aun hablando de los enemigos, que era el gobierno de España […] Su voz no era penetrante y sin embargo, se oía perfectamente en todos los ámbitos del San Carlos, que era un teatro bastante grande”.

La primera vez que el prócer subió a ese estrado, el 3 de enero de 1892, “había no menos de 5 000 personas”, entre ellas veteranos de la Guerra de los Diez Años.

Más adelante, José Martí escribiría: “A San Carlos van a criarse juntas, en el cariño de la escuela, las razas que juntas han de vivir; a San Carlos acuden, cuando hay marea de opinión, las ideas e intereses diversos, y se acomodan en la franca lucha, y en la libertad se calman; a San Carlos han ido con las manos llenas de joyas nuestras mujeres, a vaciarlas en la caja de la guerra, y los hombres con las manos llenas de sus ahorros; a San Carlos se va a oír la poesía nuestra, el teatro nuestro, y nuestra música […] Es sagrada la casa”.

 


Tania Chappi

 
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