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Publicado el 3 Octubre, 2019 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

ICAIC

Lucidez inmanente

Durante 60 años, generaciones de creadores han aportado ideas y estéticas a la primera institución cultural creada por el Gobierno revolucionario
Lucidez inmanente.

Sergio Corrieri y Daysi Granados en Memorias del subdesarrollo (1968), un clásico de la cinematografía, que debemos a Tomás Gutiérrez Alea. (Foto: Cortesía del Icaic).

Por SAHILY TABARES

¿Cómo relatar una historia en la que lidera el interés de representar la realidad para trascenderla? ¿Es posible “atrapar” imágenes, palabras, remembranzas, personajes, filmes, documentales, animados? ¿Intentaremos “resumir” la prominencia de puestas, vidas consagradas, acercamientos a indagaciones en nuestro ser y acontecer?

Ni en la vida ni en el arte estas “audacias” son posibles; no obstante, a riesgo de fragmentar el todo que merece un análisis minucioso por su complejidad y especificidades, vamos a desandar algunos caminos atesorados en la memoria –indispensable para reconocernos– y mantener los oídos atentos a testimonios de protagonistas en un acontecimiento de amplias connotaciones en el país: la publicación en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, el 24 de marzo de 1959, de la Ley de Creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) que antecedió a la puesta en práctica de la política cultural expresada en por cuantos y casi de inmediato en la práctica cotidiana.

Lucidez inmanente.

Luis Alberto García e Isabel Santos protagonizan el filme Clandestinos del director Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine. (Foto: Cortesía del Icaic).

De acuerdo con lo expresado en el texto, el “cine constituye por virtud de sus características un instrumento de opinión y formación de la conciencia individual y colectiva y puede contribuir a hacer más profundo y diáfano el espíritu revolucionario y a sostener su aliento creador”. Más adelante se establece que el cine debe conservar su condición de arte y, liberado de ataduras, mezclados sus recursos técnicos y prácticos destinados al desarrollo y enriquecimiento del nuevo humanismo que inspira nuestra revolución.

Estos, entre otros postulados, sustentan el proyecto que realiza la institución mediante una perspectiva amplia, creadora, responsable. Desde el inicio prestó atención a temas políticos e históricos. Uno de los notables talentos fundadores del Icaic, Tomás Gutiérrez Alea, Titón, narró episodios de la lucha insurreccional en Historias de la Revolución (1960), el primero de los filmes estrenados por el Icaic. Imposible olvidar El joven rebelde (1961), de Julio García Espinosa, sobre guion de Cesare Zavattini. Las experiencias de Titón y García Espinosa en el Centro Experimental Cinematográfico de Roma repercutieron en sus obras, en las que como deudores de las vanguardias europeas, privilegiaron la información intelectual y las actualizaciones de expresiones artísticas.

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El cartel de cine se destaca por su valor artístico y plasticidad. En la foto, una obra de Servando Cabrera Moreno. (Foto: Cortesía del Icaic).

Asimismo, los primeros documentales que produce el Icaic patentizan la nueva realidad social de la nación. Desde junio de 1960, Santiago Álvarez desplegó un estilo innovador en emisiones semanales del Noticiero ICAIC Latinoamericano, incorporados décadas más tarde, por la Unesco, en el Registro de la Memoria del Mundo. El cronista fílmico aportó títulos clásicos sobre la lucha revolucionaria del pueblo cubano y las problemáticas del Tercer Mundo: Ciclón (1963), Hasta la victoria siempre (1967), Now (1965), Cerro Pelado (1966) y 79 primaveras (1969).

Durante diferentes etapas se aprecia la riqueza temática y artística del género, en puestas de destacados realizadores, por mencionar ejemplos: Y me hice maestro (1961), de Jorge Fraga; Historia de una batalla y Cuentos del Alhambra, de Manuel Octavio Gómez, ambos de 1962; Nuestra Olimpiada en La Habana (1968), de José Massip.

Sin duda, la prominencia del Icaic, en tanto proyecto cultural, estimula la creación, los intensos espacios de diálogo, las polémicas, y un sistema de publicaciones –libros, boletines, la revista Cine Cubano– que promueve ideas, saberes, homenajes, pensamientos renovadores. En este sentido la mira siempre estuvo bien orientada, pues según reconoció el desaparecido intelectual Alfredo Guevara, fundador y presidente de la institución (1959-1982; 1991-2000): “No pretendemos que solo se ocupen de cine sesudos filósofos, rodeados de grandes tomos, pesantes elucubraciones y discutibles conclusiones. Fijamos tan solo la condición de arte inherente al cine y la responsabilidad moral, intelectual, estética, que conlleva expresar algo poética y dramáticamente con todos los recursos del mundo moderno, para el más amplio y desamparado de los públicos”.

Espiral ascendente

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“El Icaic forma parte de mi vida”, reconoce el guionista y director Manuel Pérez Paredes. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Innumerables figuras pueden traer de vuelta la génesis y el avance de lo acontecido en la primera institución cultural fundada por el Gobierno revolucionario. Anécdotas, sueños, problemáticas, desafíos, confluyen en filmografías y en historias de vidas consagradas al séptimo arte.

No oculta emociones el guionista y director Manuel Pérez Paredes, Premio Nacional de Cine 2013. Al recibir este reconocimiento llamó a “rescatar la sinceridad y la solidaridad, ambas bastante lastimadas en este último cuarto de siglo, es una necesidad de primer orden para la recuperación de nuestra vida espiritual”.

Reconocido por su prestigio, integridad, compromiso con la producción institucional, con el fomento del acontecer cinematográfico en Cuba y América Latina, fue uno de los más jóvenes fundadores del Icaic. En la década de los 60 realizó documentales, cortos de ficción y ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Descuellan entre sus largometrajes: El hombre de Maisinicú (1973) –dejó huellas perdurables en los espectadores cubanos–, Río Negro (1977), La segunda hora de Esteban Zayas (1984) y Páginas del diario de Mauricio (2006).

De ningún modo el tiempo lo distancia de vivencias memorables. Lo apasionan hechos álgidos de la historia cubana y la búsqueda de complejidades psicológicas al momento de crear personajes verosímiles. Nos comenta: “Para mí, el Icaic se convirtió en el modo de ver la vida, de interpretar la Revolución. Lo confieso abiertamente: esta es mi casa. Antes y ahora debemos defender el cine como manifestación artística de la cultura. Cada hecho debe ser contextualizado. Como siempre digo: un país sin cinematografía es como una familia sin álbum fotográfico. Me preocupa mucho la decadencia del gusto debido a determinadas imágenes que circulan por diferentes vías. Todos debemos reflexionar sobre esto”.

Vocaciones imperecederas

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Para Eslinda Núñez “todos los personajes tienen un gran valor”. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Quizá fuera del set imaginar personajes, conflictos, riesgos, exige cierto distanciamiento. Para la primera actriz Eslinda Núñez, Premio Nacional de Cine 2011, significa “el pleno disfrute de lo aprehendido”. La motivan los retos, la diversidad de rostros y emociones intensas que no detalla, pero conserva en su fuero interno.

Santa Camila, Amada, Isabel Ilincheta, Lucía… “En el cine cubano he interpretado seres humanos vivos que han exigido mucho de mí: concentración, rigor, estudio, entrega. Soy consciente de la responsabilidad que tengo: crear caracteres, en cada uno entrego el corazón sin hacer distinciones”.

Sonríe suavemente y agrega: “He visto el mejor cine del mundo. Con 17 años era asidua a la Cinemateca de Cuba, fue una escuela extraordinaria. Allí nos reunimos varios amigos, intercambiamos. Compartir la pasión por el buen cine nos unió, el Icaic ha enriquecido ese sentimiento que constituye un fuerte nexo para varias generaciones”.

Así lo atestiguan compositores e intérpretes que crean para la pantalla grande. Es difícil explorar el amplio, diverso caudal de nombres y estéticas comprometidos con el cine cubano en Revolución. Cada uno ha aportado su visión y cultura, en función de códigos y signos visuales, pues han sido conscientes de participar en una labor colectiva que requiere la integración de las diversas especialidades.

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“Siempre traté de eliminar la sonoridad banal de los acordes bonitos”, reconoce el maestro Leo Brouwer. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

El maestro Leo Brouwer considera que no perturbar el filme es esencial para la música en el cine. “La asumo como reflexión provocada por la imagen y no para acompañar esta última emocionalmente desde la sensibilidad. Con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que fundó Alfredo Guevara y dirigí en la primera etapa, propusimos el estudio, la investigación, el desarrollo y la creación musical como un proceso inserto en el arte-música per se”.

Otros impulsos creativos

Las perspectivas y realidades del cine cubano se forjan desde 1959 en el transcurrir de los procesos de creación protagonizados por hombres y mujeres que investigan disímiles problemáticas para devolvernos esencias, conflictos, en relatos estremecedores.

Como productora, asistente de dirección, directora de casting y documentalista, la vida de Lourdes de los Santos ha estado vinculada al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos: “Le debo mi formación profesional, en el plano personal aprendí lo que significa la amistad, el compañerismo, trabajar con espíritu de equipo, algo tan importante y tan difícil de encontrar. También lo que es sentido de pertenencia, cuando algo pasaba todos dejaban a un lado las diferencias y éramos uno para enfrentar lo que fuera.

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La documentalista Lourdes de los Santos destaca que el Icaic es un baluarte de la memoria histórica. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

“Entré al Icaic recién graduada de Historia del Arte, con algunas nociones de lo que podía ser el cine, muy teóricas, pero nada prácticas. Empecé a dar mis primeros pasos en un área donde al año se realizaban más de 40 documentales en 35 mm, y a la vez recibía clases de producción y asistencia de dirección, guiada por profesores tan probados como Humberto Hernández, Santiago Llapur, Miguel Mendoza y Manuel Octavio Gómez. De este último y de Humberto Solás también tuve preparación sobre casting en los filmes Cecilia, El siglo de las luces y Patakín.

“Del universo cinematográfico lo que más me atrae es el documental, la realidad es tan sorprendente que siempre le da nuevos matices a lo que una trata de hacer, enriquece el trabajo.

“Empecé a dirigir en el período especial, la economía sufrió un golpe duro y por consiguiente la producción cinematográfica se deprimió a niveles muy bajos. Había que dejar constancia de cómo estábamos haciendo la cultura en nuestro país y ese fue el objetivo de mis documentales: Identidad sobre Sergio Vitier, Estado de gracia, inspirado en Silvio Rodríguez; y De mi alma recuerdos, sobre la historia de la Nueva Trova.

Estas vivencias, búsquedas expresivas, nutren su responsabilidad como presidenta de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. A la vez, le permiten valorar el impacto que tendrá el Decreto-Ley 373 como parte de las nuevas normas jurídicas que reconocen la condición laboral del creador audiovisual y cinematográfico independiente.

Lucidez inmanente.

Julio García Espinosa, ensayista y cineasta raigal, reflexionó con acuciosidad sobre la cultura cubana. (Foto: Cortesía del Icaic).

Según precisa: “En estos momentos coexisten de manera armónica una producción cinematográfica estatal exigua, pero importante, y otra independiente que cada día crece más. Ya era hora de ubicarlas dentro de un mismo sistema, hacerlas coexistir teniendo como máximo órgano rector de la cinematografía cubana al Icaic, por trayectoria siempre en pos de lo mejor para la cultura. En su mayoría, los cineastas independientes proceden de las escuelas de cine que hemos contribuido a formar y al graduarse empiezan a trabajar fuera de las instituciones. Son fruto nuestro, es lógico que tratáramos de insertarlos de manera orgánica en el sistema de cine cubano, el cual forma parte de la memoria histórica de nuestro país, en sus archivos está recogido lo que hemos sido en 60 años, ojalá continué por el mismo camino en el futuro”.

La lucidez inmanente del Icaic se continuará alimentando de experiencias y saberes acumulados durante más de medio siglo de cinematografía que influyen decisivamente en el humanismo, la sabiduría, la espiritualidad por el bien de todos.

Lucidez inmanente.

Filme Meñique, del director Ernesto Padrón, primer animado producido en 3D en Cuba. (Foto: Cortesía del Icaic).

Lucidez inmanente.

Alfredo Guevara y Humberto Solás, dos intelectuales notables de la cultura nacional. (Foto: Cortesía del Icaic).

 

Lucidez inmanente.

Elpidio Valdés, de Juan Padrón, enriquece el patrimonio cultural de la nación. (Foto: Cortesía del Icaic).


Sahily Tabares

 
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