0
Publicado el 27 Febrero, 2020 por Pedro Antonio García en Cultura
 
 

Tradicional convocatoria a la lectura

Más de 400 000 personas acudieron a la sede de su capítulo habanero, donde adquirieron 604 000 ejemplares de unos 600 títulos
Tradicional convocatoria a la lectura.

El pabellón de Vietnam impresionó por su belleza y creatividad. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

El hechizo se repite cada año. Con infinito fervor y una misteriosa lealtad, ávidos lectores emprenden la subida de una empinada loma, a través de una angosta calzada, para llegar a su destino. Poco les importa los devaneos de seso y enconadas polémicas de académicos y comunicadores sobre la dicotomía del libro impreso y el digital: si aparece en un estante de ventas Rayuela, de Julio Cortázar, en el sobrio formato de Casa de las Américas, lo vacían rápidamente. Pero si solo es asequible la versión electrónica de Apócrifos, de Karel Čapek, sacan su memoria flat y se olvidan hasta de darle su nombre al equipo de reporteros de BOHEMIA, como aquella estudiante de quinto año de Filología.

Tradicional convocatoria a la lectura.

Libros de cocina, infantiles y escolares, como ya es usual, fue lo más solicitado. (Foto: MARTHA VECINO).

Hablamos, por supuesto, de la Feria Internacional del Libro Cuba 2020, que en su 29ª edición está dedicada a la escritora y docente Ana Cairo y al dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa, con Vietnam como país invitado de honor, y cuyo capítulo habanero transcurrió del 6 al 16 de febrero último en su ya habitual sede de la fortaleza de La Cabaña.

Para nadie es un secreto los difíciles momentos por los que atraviesa el país al arreciar el bloqueo económico de los Estados Unidos contra Cuba, el cual, con sus leyes extraterritoriales, ha provocado una escasez de papel y combustible; ambos factores han afectado a la industria editorial y a la transportación, respectivamente, dos factores que inciden en el éxito de un evento de este tipo.

Contra viento y marea se ha desarrollado esta cita y a pesar de los pesares, como declaró públicamente Juan Rodríguez, presidente del Instituto Cubano del Libro (ICL), se realizaron unas 1 500 acciones literarias. Más de 400 000 asistentes adquirieron alrededor de 604 000 ejemplares de 600 títulos. De Vietnam y sobre este hermano país se pusieron a disposición de los lectores 16 textos editados en Cuba. Unos 700 títulos y más de 2 000 ejemplares llegaron desde la nación asiática, “los que serán destinados a importantes instituciones”, acotó Rodríguez.

Tradicional convocatoria a la lectura.

Uno de los pabellones más concurridos, el que compartieron las editoriales San Luis, Historia y Verde Olivo con la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. (Foto: MARTHA VECINO)

Una gran carpa blanca, al estilo mongol de la época de Gengis Khan, funcionó como Librería Central. En las visitas hechas por BOHEMIA se constató que los libros de cocina, de colorear, La Edad de Oro y los comics Las aventuras de La Edad de Oro (versiones de relatos contenidos en los icónicos textos de Martí) y Mariana eterno resplandor (dedicado a la madre de los Maceo), de la autoría, respectivamente, de Alexis Gutiérrez y de Francisco Blanco y Víctor Joaquín Ortega, fueron los más buscados.

El primer domingo, 9 de febrero, una de los asistentes a la gran carpa blanca, Mónica Ojeda, estaba muy contenta con su adquisición: Hombres sin mujer, de Montenegro –“Se me escapó el año pasado, ahora no”–, y libros para los pequeños de la casa, incluidas las dos historietas antes mencionadas. “Hasta el momento, muy buena”, fue su valoración sobre la Feria. Gabriela Martínez (10 años) iba muy oronda con los comics: “Me gustan cosas sobre la historia de Cuba, la valentía de los mambises, su vida”.

Durante otras visitas, departimos con Damiana Campa, quien sostenía en sus brazos El ungüento de la Magdalena: “No es medicina verde, periodista, es sobre el humor en la Medicina, dicen que una se ríe mucho”. Alexis Morales y Carlos Ortiz son ávidos lectores de las ciencias sociales y la literatura de ficción. El primero compraba una compilación sobre Lázara Menéndez y, además, la Historia económica del Caribe durante las guerras napoleónicas; el otro, médico veterinario, quien llevaba un texto sobre José María Heredia y Los pasos perdidos, de Carpentier, nos confesó: “En el guardabolso tengo un maletín lleno”.

Tradicional convocatoria a la lectura.

La revista Cinco Palmas fue presentada durante el capítulo habanero de esta fiesta cultural. (Foto: JORGE LUIS SÁÑCHEZ RIVERA).

No todos se iban satisfechos. Reinier Gómez y Viviana Hernández caminaban con su hijo de siete años, quien nos enseñó los volúmenes para colorear que le habían comprado. “Debía haber ofertas más variadas para los niños”, dijo el padre. (En días posteriores los reporteros constataron que en la librería central se habían habilitado varias mesas con nuevos títulos destinados a los pequeños).

Yordalis González y sus pequeñas Brenda y Briana, cada una con historietas, revistas Zunzún y tablas matemáticas, preguntaron: antes de dejarnos hablar: “¿Periodista, sabe dónde venden Había una vez?”. Les informamos que en el K-13, pero que ya se había agotado. Las caras de la madre y de las niñas se ensombrecieron. “Yo quería uno para mí solita”, dijo la más chiquita.

Entre las actividades de las editoriales hubo momentos relevantes, como la presentación de Un solo camino, una sola línea revolucionaria 1868-2018 –una compilación de discursos de Fidel–, y la de un nuevo número de la revista Cinco Palmas (concebida por la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado), sobre destacados hechos acaecidos en 1959, año fundacional de la Revolución, y una importante aclaración histórica acerca del primer trabajo voluntario organizado en nuestro país.

Asimismo, tuvieron lugar los ya tradicionales encuentros ente historiadores, esta vez inspirados en ese año tan complejo y definitorio que fue 1960, tema abordado en el panel compuesto por los investigadores y docentes Francisca López Civeira y Fabio Fernández, y el politólogo Jorge Hernández.

La etapa habanera ha concluido, pero la Feria continúa. Se extiende por toda la geografía nacional, hasta su conclusión el venidero 12 de abril en Santiago de Cuba.

Tradicional convocatoria a la lectura.

Al estilo mongol de la época de Gengis Khan, una gran carpa blanca funcionó como Librería Central. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García