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Publicado el 4 Mayo, 2020 por ACN en Cultura
 
 

ARTESANÍA

Madelín y el arte de vivir

Las obras de esta creadora empírica expresan la voluntad y amor a la vida de quien tiene la salud frágil
Madelín y el arte de vivir.

La artesana incorpora a su línea de producción piezas en mediano formato. (Foto ROBERTO DÍAZ MARTORELL / ACN).

Por ANA ESTHER ZULUETA

(Especial de ACN para BOHEMIA)

La curiosidad por saber cómo salían de las manos de Madelín Cereijo García las más diversas piezas ornamentales de pequeño formato, me llevó a su apartamento en Nueva Gerona, ciudad cabecera de Isla de la Juventud.

“Fue la prima de una amistad mía quien me enseñó a hacer cerámica fría, arte muy antiguo”, dice mientras muestra algunas de sus obras, esta mujer de 54 años de edad, trabajadora de la División Territorial de la Empresa de Aplicaciones Informáticas Desoft

Madelín y el arte de vivir.

Duendecita en pequeño formato, entre sus primeras producciones. (Foto ROBERTO DÍAZ MARTORELL / ACN).

Cuenta la ingeniera industrial que tuvo que dedicar jornadas a estudiar, revisar cómo se elabora y colorea la pasta, así como el modo en que se moldea, para lo cual fueron de mucha utilidad –en sus primeros pasos– la ayuda, perseverancia y el gusto por lo novedoso.

Según la literatura, la cerámica fría conocida también en el mundo como porcelana fría, es un material económico, no tóxico y fácil de trabajar, porque sus componentes principales son la maicena y el pegamento blanco, aunque también pueden incluir pequeñas cantidades de aceites y glicerol, lo cual otorga una textura suave similar a la porcelana.

“Gracias a las redes sociales de Internet he podido intercambiar know how con artesanas de Argentina y Chile, quienes elaboran piezas del tamaño de una persona, por sus niveles avanzados de creatividad”, se entusiasma y lo pone de relieve.

Explica que la masa no requiere horneado, se seca a temperatura ambiente y puede colorearse con acrílicos, temperas y óleos a fin de lograr los efectos deseados, en cuyo propósito la ha ayudado su formación profesional, e incluso, a la hora de concebir la proporción en las figuras y sus dimensiones sean realmente armónicas.

“No sabía que tenía esa habilidad y resulta que me descubrí”, sonríe mientras se acomoda en la butaca.

–¿Qué te inspira… , cómo logras…?

–Honestamente, no tengo una idea muy formada cuando me siento a trabajar –dice mientras se incorpora– a veces me propongo hacer un duende, porque me gusta lo místico, y dejo que fluya de mis manos, entonces si necesita algún detalle se lo agrego”.

Madelín y el arte de vivir.

Aplicación de polvo facial para avivar el rostro de las piezas es el toque final que les da Madelín. (Foto ROBERTO DÍAZ MARTORELL / ACN).

Flores, muñecas y duendes componen la línea de producción de Madelín, para ella es importante que los rostros moldeados con sus manos reflejen nobleza, amor, bondad y, en el caso de los ancianitos duendes, dulzura, verlos bonachones la relaja muchísimo. “Tal vez es la respuesta inconsciente a mi estado de salud”, busca explicación a su manera de expresarse en el arte.

“Comencé haciendo figuras pequeñitas y ahora la confianza me permite elaborarlas de mayor formato, tengo un poco más de tiempo para recrearme y trabajar mejor las caritas, ya me siento en capacidad de hacer piezas más grandes, asegura.

Explica que cuando las obras tienen mayor tamaño llevan menos cantidad de pasta cerámica, porque emplea una maqueta de poliespuma, por tanto, el paso siguiente es vestirlo con la masa, así se ahorra material, pesa menos y es más cómoda la elaboración, aunque trabaje doble.

Madelín y el arte de vivir.

“Goticas de sangre”, trabajo por encargo hecho a la artesana para estimular a donantes voluntarios de sangre en la Isla de la Juventud. (Foto: Cortesía de la entrevistada).

Al no tener estudios alusivos a las artes plásticas, no se auxilia de dibujos preparatorios para moldear sus piezas, aunque sí establece prioridades en el proceso. “Lo primero que hago es la cabeza, después el tronco y al final las extremidades y de ellas los brazos y las manos”, precisa.

“Según la cabeza es la dimensión que le daré al resto del cuerpo para que tenga armonía y en dependencia de la expresión lograda en el rostro es la pose y actitud corporal”, explica.

Pero qué se esconde realmente detrás del hobby. “Cuando tenía 47 años tuve la fatalidad de ser diagnosticada con cáncer de mama”, dice con voz apagada.

“Eso provocó que pasara por una serie de tratamientos y operaciones hasta la mastectomía (operación quirúrgica consistente en la extirpación de la glándula mamaria o de una parte de ella), con los respectivos tratamientos de quimioterapia y radioterapia”, respira hondo en tanto lleva el índice izquierdo a la sien.

“Me empeñé en distraer mi pensamiento y enfocarlo en otra cuestión que no fuese la enfermedad, porque tuve compañeras que quedaron en el camino de ese proceso…”, el recuerdo parece estremecerla y no es para menos.

“No sabía hacer nada…, nunca fui muy dada a las labores domésticas, no era muy buena en la cocina, en mi centro de trabajo cuando hacían los foros de mujeres creadoras, yo era jurado”, ríe a carcajadas.

“Y en busca de este crecimiento espiritual a favor de mi salud y sanidad interna me pregunté: ¿Qué hago? ¿Estudio? ¿Tejo?… No tenía habilidad para hacer siquiera un buen plato”, comenta, y dice resuelta “quería ver crecer a mis hijos”.

La realidad frente al espejo

Madelín Cereijo García después de largos años dedicados a la actividad de recursos humanos está en proceso de peritaje médico, sus compañeros y esposo hablan con orgullo de ella y, sobre todo, destacan la voluntad de encarar con buena vibra la enfermedad triple negativa (tipo de cáncer que padece), y el hobby parece dar nuevo sentido a su existencia.

Madelín y el arte de vivir.

Producción que la pinera Madelín Cereijo dedicó al Día de las Madres. (Foto: Cortesía de la entrevistada).

“Desde entonces a la fecha mi hijo varón es ingeniero en Informática, tiene 32 años de edad; la hembra cumplió 21 y está estudiando Inglés en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, no tengo preocupación con ellos, habla orgullosa.

Para Madelín la cerámica fría es una nueva perspectiva de vida, no la obsesiona la perfección; pero sí disfruta el placer de crear y no desdeña la posibilidad de enseñar a otros, sobre todo, a niños, lo cual le resultaría realmente gratificante.

“Me sorprende muchísimo que mis piezas les gusten tanto a las personas…, lo que en un principio fue motivación se convirtió poco a poco en pasión, placer, gusto de hacer y actualmente en terapia con la cual me siento realizada…, ya pasé a mi crecimiento interno, eso me ha dado tranquilidad, deseos de hacer y ansias inmensas de vivir”, habla convencida.

Con la promesa de regresar en otro momento dejo a Madelín en compañía de su esposo sedimentando el arte de vivir.

Madelín y el arte de vivir.

Muestra mínima de sus creaciones, con excelente factura. (Foto ROBERTO DÍAZ MARTORELL / ACN).


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