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Publicado el 5 Mayo, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

Tensar la cuerda floja

La práctica habitual de ver la televisión tradicional en familia propicia, además de estar juntos en el hogar, el intercambio posterior de ideas sobre series, programas informativos y otros audiovisuales que nutren los saberes y el disfrute de públicos diferentes
Tensar la cuerda floja.

Textos e imágenes demandan la inteligencia lectora de las audiencias. (Foto: YASSET LLERENA).

Por SAHILY TABARES

En la actualidad, las historias audiovisuales se adecuan al panorama instaurado por la comunicación en la era de Internet, esta genera transformaciones condicionadas por el uso y la disposición de los nuevos medios que pasan a ser colaborativos. El acceso a textos diversos sustituye las rutas clásicas de producción, programación, distribución, por una vía aglutinante de los procesos mencionados.

Cada jornada, la TV cubana afronta desafíos múltiples, debe enfrentarlos con recursos tecnológicos, puestos en manos expertas, ideas y pensamientos que contribuyan a la expansión de capacidades mentales. En la red, cada persona genera modalidades propias de acceso a las narraciones, manifiesta habilidades de lectura, participa en la contextualización de lo contado en la obra abierta que reelabora.

La realidad es una construcción discursiva que los medios producen basados en el imaginario social, entendiendo este como el conjunto de creencias, mitos, frustraciones y deseos que en cierto modo constituyen la idiosincrasia de cada sociedad.

En tal sentido, la series Rescate y Harrow (Multivisión, lunes, miércoles, viernes, 8:44 y 9: 25, respectivamente) no escapan a los ardides de lugares comunes implantados por “lo americano” que instaura la tradición de centros hegemónicos.

No son inocentes los recursos utilizados en ambos discursos massmediáticos. Al televidente corresponde detectar el punto de vista predominante en textos e imágenes y en procesos de enunciación que presentan la intencionalidad oculta del emisor; o lo que es lo mismo, su dimensión ideológica, la cual consideró potenciales efectos en el destinatario.

En ambas puestas, la violencia no se define solo por el espacio físico en que ocurre, sino por las relaciones de poder y la naturaleza de los vínculos entre las víctimas y sus atacantes. Es preciso ver más que mirar modelos y acciones de quienes ejecutan actos de agresiones físicas y psicológicas, simbólicas e institucionales.

Las trampas de lo que no se dice solapan dichos conflictos y situaciones, por esto hay que mantener el estado de alerta. El riesgo de la violencia aumenta, tiene efectos imprevisibles al difuminar las fronteras entre lo ficticio y lo real.

Todas las relaciones humanas están mediadas por procesos de interacción. De acuerdo con el académico Henry Jenkins, la convergencia no ocurre en los dispositivos electrónicos, sino “en la mente de los consumidores y en sus interacciones con otros”. Como argumenta el experto, los medios están atravesados progresivamente por un proceso de convergencia digital, es decir, por aspectos técnicos, materiales e intelectuales, los cuales modifican la lógica del modo en que venían operando. En el actual contexto existe un dispositivo de comunicación tipo red, en el que coexisten tanto la posibilidad de comunicación de uno a uno como de todos a todos.

Cada texto lleva implícita una teoría filosófica, que debe ser descubierta en él, refigurada dentro de un corpus general, incluso los discursos más banales tienen un mensaje implícito, exigen la inteligencia lectora, el análisis de los sentidos ocultos de los relatos.

En un mundo interconectado, si bien la TV no es la única responsable del enriquecimiento cultural de los humanos, mucho puede hacer por ellos. A los avances tecnológicos, a las buenas intenciones, hay que añadir ideas, planteamientos estéticos, actitudes positivas, que cautiven a los nativos digitales, en su mayoría ansiosos de obtener conocimientos mediante las experiencias audiovisuales que cada momento viven en la red.

En Cuba, ver el medio televisual en familia es una práctica habitual. ¿Por qué no aprovecharla para debatir sobre actitudes complacientes ante lo banal y lo violento?, entre todos urge fundar una cultura con acciones y palabras para no caer en las trampas del silencio.


Sahily Tabares

 
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