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Publicado el 1 Agosto, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUI LA TV

Desafíos de un verano atípico

Diversidad de mensajes, lecturas y códigos audiovisuales propone la TV Cubana para satisfacer el interés de los diferentes públicos en tiempos de la COVID-19 que conmociona al mundo
Desafíos de un verano atípico.

Impresionan agradablemente en las redes y los medios de comunicación habituales las historias de vida, como es el caso de ¡¡Yooooo…, Samantha!!, sobre una niña ingresada en el hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, de La Habana, cuya imagen, tomada por Anaray Lorenzo, de BOHEMIA, mereciera el premio del género informativo en el concurso 26 de Julio de la UPEC.

Por SAHILY TABARES

El consumo ha cambiado en la era tecnológica, cada día prevalecen los productos comunicativos digitalizados, en ellos convergen la imagen, el texto, el sonido, antes dispersos, estos integran estrategias creativas en la red, dan lugar a nuevas formas multimediales y perceptivas.

Dicho panorama suscita interrogantes, las cuales debe responder nuestra televisión pública para la satisfacción de los públicos, por ejemplo, ¿cómo contribuir al conocimiento de procesos culturales que activen la participación, el cultivo de la memoria histórica, los valores estéticos y formativos?

Los meses de julio y agosto siempre determinan cambios en los diseños de programación, además, hoy el verano plantea múltiples desafíos debido a su condición atípica por la incidencia de la COVID-19 que conmociona al mundo y repercute en actividades deportivas, artísticas, de todo tipo en la vida cotidiana.

Directivos y creadores son conscientes de que el flujo de emisiones exige ser pensado considerando los lenguajes de narrativas más actualizadas. Los actuales modos de construcción y ejercicio ciudadano condicionan el hecho de ver televisión, que forma parte del entretenimiento, la información y el proceso de enseñanza-aprendizaje, situación que demanda escuchar a las audiencias, influir en la ampliación de su universo cognoscitivo.

Ambos propósitos lideran en los espacios El potaje (Cubavisión, miércoles, 10:30 p.m.) y Teleteatros (Cubavisión, martes, 10:30 p.m.), ambos fueron “reacomodados” en días y horarios, porque quizá la densidad de cada puesta y el tempo de las exposiciones narrativas impidieron la conexión entre algunos destinatarios y las propuestas. Ciertamente, la amalgama de reflexiones que aporta el audiovisual a la psicología y al entendimiento de las mayorías es amplia, compleja, pero no debe olvidarse que la connotación de la artisticidad realza los presupuestos del contenido, no al revés.

El retorno de las telenovelas cubana y brasileña al horario de las nueve de la noche satisface un hábito que debió respetarse para responder a determinadas complacencias u otros requerimientos. Lo “novedoso” en la pantalla se desea, no se impone. Cuando una persona recibe un mensaje actúan en ella cuatro niveles de lectura relacionados con la identificación mimética, empática, reflexiva o evasiva, en dependencia de sus intereses, gustos, motivaciones, temperamento, carácter. Todos los cambios requieren meditar con antelación de manera reposada.

De igual modo, el distanciamiento físico por el bien social exige saber más del otro humano, conocer en profundidad sus angustias, alegrías, sinsabores, preocupaciones. En este sentido los informativos (revistas, noticieros, reportajes) han priorizado historias de vida de niños, niñas, adultos, profesionales, médicos, enfermos, sin distinción de sexos o edades.

Nunca perdamos de vista: la crisis del mundo nos llega por vías diversas. Interpretar lo que ocurre, cómo ocurre, requiere descifrar códigos y señales de la expansión de las industrias del entretenimiento, los modos de enunciación, las maneras de subjetividad instauradas en el ciberespacio, los videojuegos, entre otras expresiones de fácil calado en la fascinación de los de menos edad.

La adquisición de hábitos culturales influye en saber descubrir lo realmente valioso, la información ya no transita en un solo sentido, la lógica de las relaciones entre los medios y los televidentes es más circular, exige el adiestramiento en la lectura de los relatos televisuales.

No ha existido jamás un pueblo sin narraciones. Con independencia de las particularidades del soporte –escrito, articulado por la imagen, oral– cada propuesta requiere una sólida estructura, la cual permite dosificar la solución del enigma, clave esencial de las historias.

En un mundo interconectado desaparecieron las fronteras entre los géneros dramáticos. Lo predecible, la pseudocultura, lo de fácil deglución, se vende de manera cómoda; hay que preservar la capacidad de pensar para conocernos mejor en beneficio propio y de la sociedad.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares