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Publicado el 27 Agosto, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Juan Clemente Zenea, el insigne bardo bayamés

En el aniversario 149 de su deceso, recordar su azarosa vida y sus distinguidas elegías, intimistas y a la vez patrióticas, deviene gesto de imprescindible justeza a la literatura e historia cubanas
Juan Clemente Zenea y Fornaris, insigne bardo bayamés.

Modeló armónicamente las aspiraciones políticas y artísticas de su generación. (Foto: lademajagua.cu)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Afirman que en el paredón de fusilamiento el poeta y patriota cubano Juan Clemente Zenea y Fornaris se negó a ser ejecutado de rodillas, tras oponerse al auxilio de un sacerdote. Era agosto de 1871 y en el Foso de los Laureles de la fortaleza de San Carlos de la Cabaña perdía la vida uno de los más notables representantes del romanticismo decimonónico en la mayor de las Antillas.

Era descendiente de un teniente español y una hermana del poeta cubano José Fornaris. A lo largo de su agitada existencia, colaboró con diversas publicaciones antillanas, de los Estados Unidos y España. Tuvo influencias de José María Heredia y José Jacinto Milanés, de quienes, como maestros, tomó la savia necesaria.

En sus creaciones literarias, Juan Clemente Zenea modeló armónicamente las aspiraciones políticas y artísticas de su generación. El infortunio, la adversidad, el deleite por la naturaleza, la muerte, el amor, emergieron de su lírica con fuerza y vehemencia.

“¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años,/ y era una tarde serena!/ ¡Yo era joven y entusiasta;/ pura, hermosa y virgen ella!”, escribió en el poema Fidelia, uno de los más hermosos que se conocen de su obra, dedicado a la actriz y poetisa norteamericana Adah Menken, con quien sostuvo una apasionada relación amorosa.

Entonces, casi a mediados del siglo XIX, comenzaban a ver la luz sus primeros poemas en el periódico habanero La Prensa, del que, apenas tres años después, llegaría a ser uno de los redactores.

Desde muy joven evidenció lucidez en torno a ideales independentistas y se afilió a distintas conspiraciones de la época. Solo tenía 21 años cuando, acusado de subversivo y enemigo de España, lo condenaron a muerte en La Habana, pero poco después fue amnistiado.

Dedicó su vida a la enseñanza y al periodismo político y literario. Viajó a Estados Unidos y México, donde trabajó y escribió intensamente. Al estallar la guerra de independencia cubana en octubre de 1868, residía en Nueva York, donde publicó La Revolución, texto en el cual manifestó coherencia de pensamiento en cuanto a su adhesión a la causa libertaria de la patria.

Juan Clemente Zenea y Fornaris, insigne bardo bayamés.

En el Prado habanero un monumento le rinde tributo. (Foto: LUCÍA SANZ ARAUJO/RADIO REBELDE).

Durante aquel año participó en dos expediciones a la Isla, organizadas desde Estados Unidos; por desgracia, fracasaron. No obstante, persistió en su empeño y en 1870 consiguió desembarcar de modo clandestino en Cuba y entrevistarse con el presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, en nombre de la Junta Cubana de Nueva York.

Cuando intentaba embarcar de vuelta lo sorprendieron las autoridades españolas, que ignoraron su salvoconducto. Apresado y conducido a La Habana, lo inculparon por traición y permaneció ocho meses en la cárcel antes de fusilarlo el 25 de agosto de 1871.

En el aniversario 149 de aquel fatídico suceso, recordar al insigne bardo bayamés por medio de sus distinguidas elegías, intimistas y a la vez patrióticas; su azarosa vida y presencia, deviene gesto de imprescindible justeza a la literatura e historia cubanas.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez