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Publicado el 17 Agosto, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

Ver con ojos propios

Aunque durante el período estival la Televisión Cubana todavía no satisface la diversidad de emisiones humorísticas que demandan las audiencias, en el Canal Habana, el programa Qué gente, inspirado en Alegrías de sobremesa de Radio Progreso, demuestra la valía de la obra del escritor Alberto Luberta Noy, quien apostó por el humor de situaciones, la sátira y la herencia del bufo
Ver con ojos propios.

El escritor Alberto Luberta Noy, reconocido con el Premio Nacional de Humorismo y el Premio Nacional de Radio, hizo reír al pueblo cubano durante más de cinco décadas. En la foto lo acompaña su esposa, la director de programas Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio. (Foto: Jorge Valiente).

Por SAHILY TABARES

Hace mucho tiempo el cuentero de la antigüedad fue sustituido por el medio televisual. La información y el entretenimiento son paquetes entregados a domicilio donde coinciden de manera frecuente audiovisuales transmediales y conectivos de distintas procedencias.

El desarrollo de la tecnología no se limita a transformar los equipamientos en algunos más sofisticados, sino que estos requieren ser concebidos en términos de gestores de escrituras y dispositivos productores de conocimientos.

El período estival siempre acrecienta las demandas de los públicos frente a la pantalla hogareña, en tiempos de distanciamiento físico por el bien social, el hábito no cambia, incluso establece nuevas exigencias de diversa índole.

De ellas forma parte la incorporación de programas humorísticos en los telecentros y canales nacionales. Satisfacer el reclamo con el audiovisual, la gráfica, el teatro, la literatura, implica utilizar vías y fuentes poco exploradas para garantizar la permanencia necesaria en los medios de comunicación.

Ciertamente, aunque se logró la sobrevivencia de Vivir del cuento (Cubavisión, lunes, 9:45 p.m.), todavía no se cumplen todas las expectativas de las audiencias. Incluso el espacio sufre repeticiones, recurrencias en el abordaje de temáticas, puntos de vista y proyecciones escénicas. Las limitaciones impuestas por la pandemia afectan el desarrollo de ideas acariciadas por ese equipo creativo interesado en ampliar la focalización en problemáticas sociales, las actitudes de los humanos en circunstancias disímiles y las complejidades de la vida en el barrio.

En este sentido descuella el aporte sustancial de Qué gente (Canal Habana, domingo, a las 6:00 p.m.), inspirado en Alegrías de sobremesa (Radio Progreso, de lunes a viernes, 12:00 m.). Llevar a la TV el espacio radiofónico mediante requerimientos pertinentes de lenguaje privilegia la obra del desaparecido escritor Alberto Luberta Noy, quien apostó por el humor de situaciones, la sátira, la herencia del bufo. Quiso hacernos reír, razonar, apreciar determinadas aristas del entorno, desplegar una visión crítica mediante el doble sentido. Durante más de cinco décadas Luberta mantuvo el espectáculo de la alegría en el aire. Qué gente demuestra la validez de la intencionalidad estética cuando se articulan de manera creativa las palabras y las imágenes al recrear narrativas ficcionales en el formato audiovisual.

En algún momento existieron controversias sobre la incompatibilidad de historias contadas en la radio que pasaron a la televisión, esta experiencia demuestra un detalle esencial: el saber hacer define la clave del éxito. No lo olvidemos, el relato de ficción, en la libertad de su no sometimiento a la condición de verdad, puede ser escenario de las más insólitas transfiguraciones y las más inesperadas causalidades, así lo ha puesto en evidencia el relato moderno, sin embargo, como un anclaje hacia las identidades, ha de responder a signos de verosimilitud.

En Qué gente prevalece la riqueza de personajes-tipos identificados con sus respectivos actores y actrices, de los que formaron parte Rita (Marta Jiménez Oropesa), Paco (Idalberto Delgado), Estelvina (Aurora Basnuevo), Leo (Diana Rosa Suárez). Artistas de diferentes generaciones defienden la intensidad dramatúrgica del espacio, este nutre el imaginario popular al caracterizar situaciones valorativas de actitudes positivas o negativas.

Ninguno de los relatos mencionados es una suma de proposiciones, más bien es una jerarquía de instancias; comprenderlos requiere no solo desentrañar la historia o pasar de una palabra a otra, sino profundizar en diferentes niveles, en lo que dicen y lo que hacen los personajes-tipos; ellos son los encargados de propiciar que veamos con ojos propios nuestro acontecer.

Todo programa televisual es un signo complejo, cada componente tiene prominencia en el sentido del texto audiovisual y motiva a reflexionar sobre los comportamientos sociales. De ningún modo cultura y entretenimiento pueden ser un par antagónico, pensemos que es posible influir en los gustos formados al establecer nuevos juicios de valor y asociaciones en beneficio de la participación ciudadana.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares